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¡Ay, el comercio de Jaén!

 

El paisaje que veo cada día, como comerciante que soy, cuando paseo por nuestra querida ciudad de Jaén, es el de un páramo comercial, lleno de locales vacíos y letreros de “Se Alquila” o “Se Vende”. Algunos de esos letreros, dicho sea en clave humorística, han visto ya varias Semanas Santas.

Pero, la pregunta es ¿sabemos realmente lo que eso significa y lo que acarrea para una ciudad como Jaén?, ¿Somos conscientes de lo que representa el pequeño comercio en la vida de la ciudad?, ¿Podemos, en un contexto de crisis climática, depender de los desplazamientos casi siempre en vehículos privados para cualquier compra que debamos hacer?, ¿Entendemos lo que en términos económicos y de empleo genera el pequeño comercio en Jaén? ¿Sabemos lo que supone el cierre continuo de los comercios habituales, más allá de la nostalgia que a todos nos invade cuando cierra uno de los de siempre, de “los de toda la vida”?

Resultaría difícil dar una explicación concreta a quien nos preguntara por la situación del
comercio de Jaén, quizá la única totalmente cierta sea la acumulación de razones de todo tipo, pero lo que está claro es que desde ningún ámbito se ha hecho el más mínimo caso a la situación que se ha ido viendo venir y que parecía que no iba con nadie. La adopción de medidas que favorecen a las grandes superficies y la mínima opción lúdica que presenta la ciudad tampoco ayuda a la situación del comercio. Calles sucias, abandono del casco histórico, barrios mal comunicados, tráfico insoportable, inexistencia de rutas peatonales que inviten a pasear.....son algunas de las causas que podemos apuntar.

La apuesta por una supuesta modernidad, representada en las grandes superficies comerciales, ha resultado sin duda una de las causas más definitivas. No es cierto, como alguna vez he oído, que a los pequeños comerciantes nos dé miedo la competencia, al contrario, estamos acostumbrados a competir entre nosotros y con otras ofertas como mercadillos y campañas de descuentos varios a destiempo, pero lo que sí nos da miedo es que nos dejen las calles vacías, que se anime a la gente a coger su coche y se vaya a los centros comerciales donde se convierten en rehenes de una falsa sobreoferta que les/nos hace comprar muchas veces sin ton ni son. Que no me digan, como he oído alguna vez, que los centros comerciales atraen a potenciales clientes que también beneficiarán al pequeño comercio. No hay nada más que darse una vuelta por La Loma o por el Jaén Plaza un sábado por la tarde, con sus aparcamientos repletos, y darse la misma vuelta por el centro de la ciudad. La gente que va a los centros comerciales no va, ni antes ni después, al centro de la ciudad. Llega, ve, compra y se va.

Es radicalmente mentira, por otro lado, la promesa de creación de empleo de las grandes superficies. En el mejor de los casos, lo que suele suceder es que el empleo se desplaza desde el pequeño comercio, que tiene que cerrar, o desde otras grandes superficies. Eso sí, en el transcurso ese empleo pierde calidad y prestaciones.

También sufrimos, como en todas las partes del mundo, la competencia de la venta online. Una realidad difícil de combatir puesto que la oferta es inmensa y sin horarios, además de tener una imagen de modernidad que en realidad acarrea el fin de muchos comercios tradicionales, viendo en muchos casos como presumimos de comprar algún artículo con el marchamo de “ecológico” y hacérnoslo traer de miles de kilómetros por medios altamente contaminantes o producidos en países donde no se respetan los más mínimos derechos laborales.

Además, y esto sí es propio nuestro, la inestabilidad política de la ciudad, así como los bandazos en las propuestas lúdicas y de movilidad, han hecho de Jaén un sitio inseguro para invertir, lo que ha llevado a muchos empresarios y autónomos a no decidirse por ampliar la oferta comercial de la ciudad. La peatonalización, por ejemplo, de buena parte del centro de las ciudades es una medida que se puede tomar para ayudar al comercio, además de lo que supone de avance para lograr mejor calidad de vida y ayuda a la salud de todos, pero si se hace como aquí, sin diálogo y con improvisación, resulta totalmente contraproducente y vuelve en su contra incluso a quienes más se beneficiarían de ella. Si queremos que la gente deje su vehículo en casa para ir al centro primero debemos facilitar otra manera de acceder a él. Dar opciones y alternativas antes de que nos veamos en atascos sin fin. Además no ayuda que las zonas peatonalizadas se conviertan en interminables losas de granito, ocupadas además por mesas y sillas de terraza de bar que apenas dejan espacio para pasar.

Hacen falta medidas reales, que se aprecien a pie de calle, en el fomento del alquiler de locales comerciales y la penalización de los locales vacíos por largos periodos de tiempo, ayudas en la contratación de personal, medidas de fomento y conocimiento de los productos de cercanía y de producción local, en definitiva que el comerciante se vea respaldado por las instituciones que tiene más cerca.

El pequeño comercio es mucho más que una opción donde comprar. Ofrece seguridad en las calles, unas calles con vida y gente son sin duda unas calles más seguras, empleo de calidad y con personal formado y que aconseja al cliente, reinversión, puesto que la mayoría de los beneficios obtenidos se reinvierten en el ámbito geográfico más cercano puesto que es allí donde el empresario y los trabajadores desarrollan su vida, estabilidad, etc.

La apuesta por la compra en el pequeño comercio es la apuesta por una ciudad compacta, basada en la vecindad y la cercanía, donde los barrios se autoabastecen de los productos necesarios para el día a día, no siendo incompatible con compras puntuales en otras opciones de compra, en definitiva es mucho más que dónde compramos el pan o dónde nos vestimos, o incluso dónde vamos al cine, es un modelo de ciudad, nuestro modelo mediterráneo, que nos lleva a tener ciudades más amables y donde merece la pena vivir.

 

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