domingo, 14 de diciembre de 2014

GANEMOS JAÉN. RECUPERAR LO QUE NUNCA TUVIMOS



Que el poder reside en el pueblo es algo que, más allá de bonitas frases en textos históricos de referencia, en la práctica deberíamos analizar si se ha conseguido o no llevar a cabo.
Si bien no voy a poner en duda la legitimidad de los gobiernos elegidos democráticamente en nuestro país, es obvio observar que la acción de gobierno que éstos han llevado a cabo se aleja y mucho de lo prometido a la ciudadanía y por lo tanto del mandato otorgado para gestionar y administrar lo público.
De esta situación evidente, convenientemente aderezada con la retahíla de casos de corrupción, que parece ser lo único que une a los políticos de distinto signo, y sumado todo a la evidente predilección de nuestros gobernantes por legislar en apoyo de los intereses de los grandes grupos y corporaciones, surgen tanto movimientos de protesta articulados de diversas maneras, como posiciones personales de desafección hacia algo que forma y formará parte de nuestras vidas, como es la política.
Ante esto estamos viviendo dos procesos paralelos que, en cambio, son incompatibles y por lo tanto están obligados a confrontarse.
Por un lado la llamada “política tradicional” que, en lo que parece un desesperado intento de mantenerse en su status, aprueba leyes e iniciativas encaminadas a calmar los ya estruendosos gritos que piden una regeneración democrática a fondo, que incluya un proceso constituyente.
Por otro están todos aquellos que, hartos de engaños y parches que nada arreglan, dudan de que la solución a los innumerables problemas que el sistema acarrea pueda provenir de los mismos que, con su actitud y forma de hacer política, han provocado la situación actual.
Dentro de estos últimos y después de acontecimientos conocidos por todos como son el 15M o la irrupción de PODEMOS como exponente del hastío colectivo, están los llamados GANEMOS surgidos en distintas poblaciones a lo largo y ancho de la geografía española.
Este proceso forma parte de esa gran marea de empoderamiento ciudadano que,  sin duda, acabará por revolucionar las esferas de poder desplazándose hacia donde, en realidad, nunca ha estado: la ciudadanía.
Como parte importante de estos movimientos, la formación ecologista EQUO viene participando de ellos y colaborando activamente en que se puedan convertir en lo que quieren ser, un movimiento ciudadano articulado en forma de plataforma, en la que “desde abajo” se trata de que sean los propios ciudadanos los que decidan cómo y quién va a gestionar los asuntos públicos. No renunciando en absoluto a la política, sino definiendo una nueva forma de hacerla como es haciéndose corresponsable de lo que los representantes del pueblo lleven a cabo. Es por ello que en los GANEMOS tenga un papel igual de importante el “qué se va a hacer” y el “cómo se va a supervisar qué se hace”
La posición de EQUO no podía ser otra que el apoyo y la participación, puesto que la cooperación política y la responsabilidad de acción son elementos imprescindibles y característicos de todas las iniciativas que hemos venido proponiendo desde el inicio de nuestra andadura política. Sería totalmente incongruente militar en EQUO y no participar en estas plataformas puesto que en sus principios representan lo que desde nuestro partido se viene defendiendo.
Nosotros, los miembros de EQUO, creemos ciegamente en la necesidad de que seamos ciudadanos libres apostando y aportando por el futuro de nuestras ciudades. No actuamos de forma corporativa en los GANEMOS, sino como personas preocupadas y responsables con nuestra ciudad, su porvenir y el de sus ciudadanos.
Tenemos, no obstante, líneas que no vamos a traspasar y que no deben verse como condiciones previas ni como “palos en las ruedas” que arrojemos al carro de GANEMOS, sino como principios que marcan un horizonte al que no podemos renunciar y que están en la misma definición de nuestro ideario. Del mismo modo que desde el principio hemos tenido claro que no íbamos a participar en una coalición que supusiera una simple suma de letras que dejara de lado a los ciudadanos y a los movimientos que vienen desarrollando una extraordinaria labor de construcción de la ciudad, también tenemos claro que no participaremos en un proyecto que no tenga la justicia social, la apuesta por la equidad y la paridad efectiva en nuestra sociedad y la sostenibilidad a largo plazo como referentes de su programa político.
Pero estas líneas son en todo caso algo que llegará, si llega y esperamos que así sea, cuando la asamblea ciudadana y soberana decida si quiere presentarse a las elecciones. Porque, como se dice en el manifiesto de GANEMOS JAÉN este movimiento va más allá de una cita electoral y significa otro modo de hacer nuestra ciudad desde la participación, la colaboración y la responsabilidad de todos.
Antes de que eso llegue, el trabajo de GANEMOS pasa por articular un programa de consenso ciudadano, en el que todas las personas que hemos participado o que puedan acercarse en el futuro, podamos sentirnos representados. Un programa elaborado desde algo que a menudo falta en los programas de los llamados “partidos tradicionales” como es el sentido común. Un elemento que ha venido siendo sustituido por los intereses de partido o por las ambiciones particulares de sus candidatos.
Los partidos políticos, como parte integrante y activa de la vida ciudadana tendrán que tomar las decisiones que consideren oportunas ante el empuje y la realidad que GANEMOS representa. Corresponde a ellos y a las personas que los forman adoptar la posición que estimen sobre todo el proceso. Pero no podemos olvidar que será responsabilidad de todos aprovechar la ocasión de que seamos los ciudadanos los que empecemos realmente a decidir lo que se hace en nuestra ciudad y que, como es lógico, tendremos que dar cuentas de la posición que cada uno haya adoptado.
Que coincidimos en muchas cosas y defendemos soluciones similares en muchos temas es algo obvio y que se pone de manifiesto en multitud de ocasiones. Que los ciudadanos, incluso sin filiación política o con marcado desapego hacia algunas opciones partidistas, comparten en muchos casos las soluciones propuestas se aprecia en las manifestaciones de voluntad popular que se producen en la ciudad y el movimiento de adhesiones que provocan.
Ataques no nos van a faltar y ya lo venimos experimentando. Desde diversos sectores y con distintos intereses se nos tacha de casi todo lo que se les puede ocurrir. Pero todos estos ataques tienen un denominador común, que en la mayoría de los casos los califica a ellos más allá de lo que pueda descalificarnos a nosotros, y es que provienen de personas que nunca se han acercado a alguna de las asambleas convocadas y que no han intentado no ya participar en GANEMOS sino ni siquiera entender que esto es lo que nos está demandando la sociedad.
La situación económica, social, política y medioambiental bien merecen el esfuerzo y la generosidad colectiva que este proyecto nos demanda. Ahora está en nuestras manos llevarlo a cabo.
La pregunta pues es lógica, ¿seremos todos capaces de abandonar rencillas e historias del pasado para poner por delante los intereses de la ciudad y de la ciudadanía o veremos de nuevo pasar otro tren y seremos incapaces de subirnos por culpa de egos e intereses particulares?

jueves, 24 de julio de 2014

#rEvolución se escribe con E de Ecología Política



Vivimos en la sociedad más rica que el hombre haya conocido jamás y a la vez en la que más desigualdad, pobreza y sufrimiento genera.
El sistema está basado en la centralidad de la economía y en la necesidad del crecimiento permanente. Se potencia el egoísmo, la individualidad, la competición por tener. Trabajamos para llegar a ser mejores consumidores. Nos convencen de que tenemos que luchar con los que tenemos al lado para conseguir falsas cotas de bienestar basadas en la posesión material con el argumento de dar el salto a otra clase social en lugar de cooperar para que toda la sociedad se desarrolle rompiendo así la conciencia de clase a la vez que destrozan el sistema de servicios públicos, verdaderos garantes de la igualdad y la cohesión social.
El poder se encuentra concentrado en pequeños grupos que no contentos con habernos convertido en simples consumidores, han hecho de la privatización y posterior comercialización de los bienes imprescindibles y naturales su mayor fuente de ingresos. Me refiero, como no, a la energía y al agua. Estos poderosos grupos sólo buscan afianzarse y agrandar sus inmensas fortunas poniendo en peligro no solo el bienestar sino el propio futuro de la humanidad.
Gracias a ello y a la enorme crisis ecológica que padecemos debido sobre todo a vivir en un sistema que se basa en el crecimiento continuo, usando para ello un planeta con unos límites definidos y con unos techos de producción de materias primas ya bastante cercanos si es que no se han alcanzado ya, en estos momentos podemos decir que nos acercamos a un punto de colapso.
Se impone dar un vuelco a esta situación. Que la gente pueda reconquistar el control sobre todo aquello que le permite vivir y tener unas condiciones de vida dignas. Los bienes comunes no pueden ser el negocio de unos pocos y el lujo inalcanzable de muchos. Es inaplazable demostrar que si no conseguimos que la razón impere en el modo en que gestionamos el planeta, éste dejará de ser suficiente y la pobreza, la desigualdad y la violencia por ellas provocada acabarán extendiéndose por doquier y cuyas consecuencias ya empiezan a apreciarse ostensiblemente.
Ante esto solo cabe una propuesta. Hace falta una revolución. Y ésta debe venir de quienes necesitan que se les devuelva la capacidad para decidir sobre sus vidas y su futuro. Estamos hartos de que el sistema nos obligue a ser meros esclavos. Esclavos de un amo denominado mercado, manejado con mayor o menor disimulo por las grandes corporaciones industriales mundiales.
La globalización ha resultado ser una herramienta para agrandar el mercado disponible para las empresas, en ningún caso hemos “empequeñecido” el mundo para igualar las condiciones de vida. Los países ricos siguen siendo ricos, y cada vez más desiguales, y los países pobres son aún más pobres, esquilmados por la explotación de sus recursos por parte de las empresas del mundo rico y ahogados en las inmensas deudas que han tenido que contraer, después de una colonización que los dejó en la más absoluta ruina.
Así, los ciudadanos solo tenemos un camino posible. Después de ver que las instituciones trabajan para los grupos de presión (los famosos lobbies), que lo que creíamos democracia se ha convertido en un espejismo del que no nos dejan salir intentando convencernos de que es por nuestro propio bien. Cuando vemos que el ciclo de crisis que el capitalismo impone como algo natural y rutinario nos lleva cada vez con mayor énfasis a una situación de deterioro social en el que solo parece que podamos tener derecho a aquello que podemos comprar. Después de asistir impotentes a ver cómo nuestros gobiernos salvan una y otra vez a las empresas que nos han hecho caer en una situación sólo soportable gracias a la solidaridad entre personas mientras no mueven un dedo por evitar los desahucios y la pobreza que los “salvados” han provocado.
Ante todo esto, repito, solo cabe una solución. Hace falta una Revolución.
Una revolución que traiga una verdadera democracia, construida desde abajo, que haga que la sociedad garantice unas mínimas condiciones de vida a todos sus miembros. Que acabe con la corrupción y el clientelismo en política. Que tenga en cuenta los límites del planeta y su necesaria conservación para las generaciones futuras. No se trata de tener soluciones mágicas o de apelar a simples cambios de las caras que gobiernan. Tampoco obtendremos la solución de promesas populistas y “facilonas” que solo buscan el éxito inmediato apelando al corazón y tapando los ojos ante la crisis sistémica que padecemos cargando contra las caras visibles del sistema en lugar de hacerlo contra el sistema en sí. Se trata de que realmente los ciudadanos seamos quienes decidamos lo que queremos hacer y cuando y cómo lo hacemos.
La justicia social, la equidad, la igualdad de derechos, la sostenibilidad representan la profundización de la democracia que tanto reclama la sociedad.
Y todo esto ya hay quien lo defiende y proclama desde hace tiempo. Las fuerzas políticas que antaño representaron la lucha por una sociedad mejor han quedado desfasadas ante la agudización de ciertos problemas. Ya no nos vale sólo con reclamar mejores condiciones laborales, ahora también hay que conseguir que el trabajo, siempre precario y opresor, no se convierta en el fin para el que vivimos. La energía no puede estar en manos de un oligopolio para el que solo importa aumentar su poder que además demuestran sumando a sus plantillas a políticos provenientes de todos los partidos. El paro, la vivienda, la educación, la sanidad, la dependencia, el transporte público…tienen que salir del catálogo de negocios privados y volver al de los servicios públicos intocables. Para usar términos que todos entendamos, la izquierda revolucionaria hoy se llama Ecología Política.
Y si queremos saber el verdadero poder que estas ideas tienen solo tenemos que ver las consecuencias que despiertan. El bloqueo sistemático de nuestras propuestas en los medios de comunicación controlados por las grandes corporaciones, demuestra que las sienten como una amenaza real. El menosprecio a las ideas ecologistas intentando reducir su ámbito a “cuatro pájaros y plantas” va encaminado a cerrar la llegada a otros campos tan importantes en nuestra visión de la sociedad como el paro, la energía o los servicios sociales y la participación ciudadana.
Para valorar el poder revolucionario de una idea sólo tenemos que analizar los esfuerzos que el poder establecido hace para que sea engullida por el sistema. Se trata de utilizar una estrategia de manipulación para conseguir su desactivación. La ecología o la sostenibilidad son términos que el liberalismo ha introducido en su ideario con el fin de desactivar la capacidad revolucionaria que tienen, tratando de reducirlas a meros conceptos faltos de profundidad, cuando significan todo un cambio en el modelo actual.
Lógicamente el camino no va a ser fácil. No olvidemos que se trata de derribar las estructuras de poder y bajar de sus pedestales a todos los que hasta ahora han venido disponiendo de personas y medios para hacer y deshacer a voluntad, haciéndonos pagar las consecuencias y empobreciendo a la mayoría para asegurar su posición. Tampoco podemos despreciar la fuerza de aquellos que son felices siendo “esclavos” y que se conforman con la baga promesa de llegar algún día a poseer más, engañados con la idea de que la felicidad se alcanza con la posesión material.
Por eso no cabe la adaptación del sistema. La propuesta de la ecología política pasa por acabar con él y poner en marcha uno nuevo que ponga a la economía en su sitio, es decir, como herramienta que el ser humano use para acabar con la injusticia y la desigualdad. Buscamos una sociedad mucho más cooperativa, solidaria y, por supuesto, mucho más rica.
Sin duda los poderosos no aceptarán de buen grado semejante cambio en las estructuras de poder. Intentarán vaciar de contenido las propuestas que se hagan desde la ciudadanía, arremetiendo contra las manifestaciones de exigencias de cambio tachándolas de atentados a la misma democracia que ellos han vejado y corrompido. No será fácil, pero será una revolución pacífica, porque llegará a través del convencimiento de la inaplazable necesidad de cambiar el sistema, y que nadie podrá manipular porque una de sus razones será la continua manipulación que de la voluntad popular se ha hecho. Pero cuanto más tardemos en iniciarla más graves pueden ser las consecuencias que se tengan que afrontar. La revolución ciudadana es necesaria y llegará cuando todos estemos convencidos de que no nos dejan otra salida que la de tomar lo que es nuestro.
En el siglo XXI rEvolución se escribe con E de Ecología Política.

miércoles, 11 de junio de 2014

CONFIANZA Y ALTERNATIVAS



Hace unas semanas tuve ocasión de leer un artículo en la edición online del Diario Ideal de Granada en la que se afirmaba que los ciudadanos confían más en los ecologistas que en los políticos.
La lectura de este artículo me mueve a dos consideraciones. La primera ya se desprende del propio título del mismo. La desafección de los ciudadanos hacia los políticos, que por otro lado se la han ganado a pulso, no para de crecer y parece irrecuperable. Esta realidad hace que aquellos que hemos decidido dar un paso adelante y participar en un partido político nos encontremos, incluso no teniendo nada que ver, ni nosotros ni nuestro partido, con todos los tejemanejes habituales en la política de nuestro país, con un clima de
hostilidad que nos dificulta aún más si cabe que podamos llegar a los ciudadanos. La democracia necesita de partidos, de lo que no tiene ninguna necesidad es de “trepas advenedizos” que, usando a los partidos como meros trampolines de su codicia, han arruinado la credibilidad que los ciudadanos otorgaban al sistema político. Los que abogamos por la participación ciudadana como mejor antídoto contra la corrupción sabemos que es difícil hacer llegar nuestro mensaje dado que no contamos con ninguno de los medios de difusión de gran tirada y solo podemos usar aquellos que dependen de nosotros mismos. Si además tenemos que justificar cada día el hecho de que estemos en política a pesar de lo que otros han hecho entonces el camino se vuelve demasiado duro e impenetrable. No estamos aquí para continuar por una senda en la que no creemos. Lo que hacemos lo hacemos pensando en cambiar el sistema, apostando por la regeneración democrática y la participación ciudadana y sabiendo que es el único camino que puede hacernos evitar otros que solo nos conducen a escenarios de dictadura y opresión.
Por otro lado está, ya en la lectura del artículo, la afirmación de que la gravedad de la crisis y las altas cifras de paro hacen que la preocupación por el medio ambiente haya caído dentro de la escala de los problemas que más preocupan a los andaluces.
Está claro que aquí lo primero que debemos entonar los que estamos apoyando y dando a conocer el proyecto de EQUO es un alto y claro “mea culpa”. Por alguna razón, quizá entroncada con los párrafos anteriores, no estamos pudiendo hacer ver a la sociedad que no se trata de elegir entre unos y otros problemas. Al contrario, la ecología y el cuidado y la protección del medio ambiente son la mejor arma que tenemos para defendernos de la crisis económica y el paro. La Ecología Política aboga por conseguir la sostenibilidad de manera transversal, es decir en todas y cada una de las políticas que se pongan en marcha. Y, en palabras del coportavoz de EQUO Andalucía, Esteban de Manuel, no hay nada más insostenible que seis millones de parados.
Afrontar esta crisis con soluciones parciales no dará ningún resultado puesto que no es una crisis de “parcelas”, se trata de una crisis total, sistémica. Estamos delante de una situación a la que debemos enfrentarnos desde todas las vertientes que la componen, económica, medioambiental, social, y el hecho de haber estado explotando el planeta como si sus recursos fueran ilimitados es sin duda la más importante. Hablar de ecología en política es mucho más que hablar de árboles y animales. Es hablar de energía, de alimentación, de sanidad, de economía, de derechos sociales, de democracia y, como no, de medio ambiente.
Tenemos que conseguir que los ciudadanos entiendan que la ecología no es algo para ocupar nuestras
 mentes cuando no tenemos otros problemas. Se trata de elegir si lo que queremos para el futuro, para nuestros hijos, es que sigan viviendo en este sistema que garantiza la pobreza y la desigualdad para una buena parte de la población, condenada a convertirse en meros consumidores abandonados por el sistema a disfrutar sólo de aquello que pueden permitirse pagar, o preferimos hacer posible el cambio hacia un modelo sostenible, responsable, que tenga como objetivo el desarrollo humano sin poner en peligro ni a las generaciones futuras ni al entorno en el que todos debemos desenvolvernos.
Hoy en día esta opción existe. Se puede elegir votar a un partido que propone cambiar a un sistema que no mida el bienestar de la gente en cuánto es capaz de endeudarse. Que sea capaz de revelarse contra los lobbies que tratan de decidir cada una de las políticas que se ponen en marcha, y ponga por delante los intereses de la ciudadanía a los de aquellos grupos que basan todo su poder en su capacidad de intimidación y manipulación a su favor y que no dudan en poner en peligro la economía mundial si con ello logran afianzar su posición de privilegio.
A pesar de la preocupación por el medio ambiente y a pesar de diferentes posicionamientos públicos apostando por afrontar un modelo de desarrollo sostenible y un cambio en el modelo productivo todo esto no se traduce en la subida clara de la opción que representa la ecología política en nuestro país. Mucha gente piensa que la defensa del medio ambiente va en casi todos los programas de los partidos tradicionalmente llamados de izquierdas. Pero una simple mirada a la realidad del día a día nos lleva a concluir que es solo una parte meramente propagandística de sus programas. No se explica si no que partidos que dicen apostar claramente por la conservación del medio ambiente voten a favor de reabrir la mina de Aznalcóllar, en lugar de apostar decididamente por hacer un cambio en la economía y en el modelo de la comarca afectada por el peor desastre medioambiental de nuestra comunidad; o que mantengan en vigor licencias de exploración (y seguro más adelante explotación) de gas de enquisto a través del Fracking.
No somos lo que decimos que somos, somos lo que hacemos y tenemos que tenerlo claro y tenemos que dejarlo claro: si queremos ecología, hay que votar ecología.
Como ciudadanos que somos no pedimos nada que no queramos para nosotros mismos.
Particularmente yo no quiero convencer a nadie de nada con estas líneas. Me conformo con provocar el interés por el proyecto y de que decidan informarse. Estoy seguro de que lo demás vendrá solo.