sábado, 5 de noviembre de 2016

Sentido y Sensibilidad



Esta mañana me ha llegado la imagen de la derecha.
Siendo sólo una de tantas que nos llegan a diario a través de las redes sociales, esta vez me ha despertado un sentimiento de ira hacia las buenas palabras vacías de intenciones que me ha hecho escribir este post.
Todo eso está muy bien y yo lo suscribo al 100%. Pero mientras no seamos capaces de cambiar este sistema miserable que nos convierte a todos en obreros especializados en busca del mayor rendimiento y a la caza de una falsa felicidad basada en el espejismo de un consumismo desaforado, aniquilatorio y sin razón, tendremos que seguir condenando a nuestros hijos a abandonar sus sensibilidades y aparcar sus emociones olvidándose de conseguir alcanzar la plenitud a través de las relaciones humanas y con el planeta. Diciéndoles que todo eso está muy bien pero que el arte, el cine, la imaginación, el deporte, jugar….que lo guarden para su tiempo libre que ahora es hora de hacer los deberes porque si no van a suspender y a fracasar y no van a alcanzar las cotas de éxito que todos esperamos de ellos y que se traducirán en una mayor capacidad para comprar cosas que identificarán con haber alcanzado la felicidad.
Es una pena pero es así, enseñamos a usar a las personas y querer a las cosas cuando debería ser al revés.
Está claro que no podemos decir todo esto y a la vez condenar a nuestros hijos al fracaso por el simple hecho de no obtener las mejores calificaciones, achicharrándoles cada vez que no llegan a lo que nosotros hemos colocado como barrera mínima para asegurarse….¿qué? ¿un futuro de afanoso peón productor y consumidor de publicidad y productos que no necesita y que solo sirven para mantener el estatus, de otros que no el suyo que está más que asegurado como pieza de un engranaje de consumo totalmente prescindible y vacío de atributos que creíamos asegurados como derechos sociales, libertades, capacidad de decisión….?
Y todo eso tiene que cambiar, es más estoy seguro de que va a cambiar porque el sistema ya no se aguanta. La disyuntiva está en saber si va a cambiar “por las bravas” o vamos a ser capaces de pilotar esa transición hacia otro modelo de sociedad basado en la solidaridad, la cooperación, la justicia social y el bien común.
Está en nuestras manos, en las manos de todos, y todo el tiempo que pase sin que empecemos a cambiarlo será tiempo perdido.
Y, sin duda, es por la educación por donde debemos empezar a cambiar. Porque no se puede reformar una casa si no empezamos por tener unos buenos cimientos. Es más, no diría reformar sino construir una nueva. Porque la que tenemos ya no sirve. Sólo hay que echar un vistazo a la realidad, tanto cercana como lejana, para ver que las goteras del sistema amenazan ruina porque se ha construido sobre un colchón de aire, una ilusión que ya no aguanta más.
Ahora la pregunta es: sabiendo que depende del esfuerzo colectivo de todos, ¿estamos dispuestos a ello? ¿Vamos a despertar y dejar de creernos la mentira que nos han contado de que todo pasa por aspirar a engrosar una clase media caníbal y depredadora o vamos a impulsar una sociedad basada en la equidad y la justicia social en la que todo el mundo tenga garantizado el tan manido y vapuleado derecho a una existencia digna? Y todo ello sabiendo que es una apuesta a largo plazo puesto que todo el trabajo que han hecho por inculcarnos el afán por la competitividad a cualquier precio no se va a desmontar en dos días.
Lo mejor de todo, aunque pueda parecer lo contrario, es que yo soy optimista. Creo que es posible y creo que lo vamos a conseguir, aunque para ello haya que pasar por muchos trances en los que ya se encargarán de hacernos creer que no merece la pena, que estamos poniendo en peligro lo poco que tenemos por luchar por una sociedad más libre y feliz para todos cuando muchos ni siquiera nos lo van a agradecer porque incluso no entienden porqué lo hacemos. Pero estoy seguro de que seremos capaces de mantener nuestra inteligencia colectiva a buen recaudo y ponerla al servicio de todos.
No estamos solos. A lo largo y ancho del planeta hay ya múltiples experiencias que van en ese camino y de las que podemos aprender.
Es ponerse.
¿Empezamos?