jueves, 21 de noviembre de 2013

RENTA BÁSICA, UNA UTOPÍA REAL Y NECESARIA



Sería lógico pensar que un artículo sobre Renta Básica, escrito en la semana europea por la Renta Básica, debería empezar con una definición sobre lo que es la Renta Básica.
Pero creo que es más importante que antes nos hagamos una pregunta y según sea la respuesta que cada uno tenga para ella nos marcará el punto de partida ante este tema.
La política económica de un país, ¿es un simple conjunto de medidas para garantizar que el sistema económico en el que vivimos se mantenga, manteniendo de esta manera las enormes diferencias entre unos ciudadanos y otros, o es un instrumento que los gobiernos tienen y deberían usar para luchar contra la pobreza y en fomento de la igualdad?
A partir de aquí sí podemos dar una definición de Renta Básica. La Renta Básica es una cantidad, recibida por todos los ciudadanos, de manera universal e incondicional, que paga el Estado, y cuyo fin es garantizar un nivel de vida mínimo para todos los ciudadanos propiciando que el acceso a las necesidades básicas de todos y cada uno de nosotros no sea un lujo al alcance sólo de algunos.
Ante esto está claro que implantar esta medida puede ser el punto de inflexión que cambie definitivamente nuestra sociedad, así como que hacerlo no sería en absoluto algo aislado sino que debería ir acompañado de una reforma total de nuestro sistema fiscal, así como una redefinición de lo que son los subsidios y las ayudas de la Administración.
El argumento inicial de recibir una renta por el mero hecho de haber nacido tiene como reflejo inmediato el reproche de que en ese caso nadie va a querer trabajar. Esto, unido al pensamiento de que no sería posible financiarlo hace que el escepticismo y la desconfianza sean el sentir usual en cualquier persona que oye hablar de Renta Básica por primera vez.
Hay que entender que no se trata de pagar una cantidad que nos permita vivir con todo lujo, sino que nos dé para cubrir nuestras necesidades básicas. Para comprender el alcance y la financiación de la Renta Básica hay que analizar lo que se busca con ella, que no es otra cosa que dotarnos a todos de la libertad suficiente para poder independizarnos de aquellos trabajos que nos condenan a ser esclavos de un concepto que nos conduce a vivir para trabajar, haciendo que todo aquello que todos entendemos como “disfrutar de la vida” sea un lujo solo al alcance de unos pocos privilegiados que lo consiguen a costa del trabajo de los demás.
El trabajo, entendido como la actividad que tiene como fin producir algo, no puede limitarse ni a los trabajos remunerados, ni a aquellas actividades en las que el producto es algo físico que puede luego venderse o manipularse. Todos conocemos a muchísimas personas que trabajan de sol a sol en el cuidado de mayores, en atender a la familia, en lo que se suele denominar “mirar por los demás”, trabajos sociales de vital importancia en la sociedad de las prisas y la competitividad en la que vivimos y que no reciben ningún tipo de remuneración económica por ello pero que si de pronto, un día, decidieran dejar de hacerlo provocarían un auténtico problema al resto de la sociedad,  a pesar de que en general suelen ser invisibles a la mayoría. La sociedad debería, por lo que recibe a cambio, recompensar a estas personas.
Y todos conocemos a muchísimas personas que trabajan de sol a sol, a cambio de un salario pero cuya vida se circunscribe a ir cada día a trabajar esperando que llegue el fin de semana para poder ver cómo crecen sus hijos o como gana su equipo, o como “el de la tele hace bricolaje” o lo que quiera que a él/ella le gustaría hacer con su vida de no ser porque no tiene tiempo casi ni para pensarlo. Se dedican a trabajar para conseguir una vida mejor, mientras la vida real, que podría ser mucho mejor de lo que es, pasa por delante de sus narices sin que lleguen a disfrutar de ella. Y la sociedad debería procurar una vida mejor para todos y cada uno de sus miembros y que no sea un camino de trabajo, compras, infelicidad y vacío.
Todo ello al margen de que para mucha gente hoy en día poder comer a diario, poder calzarse o vestirse, poner la calefacción, ir a la universidad y muchas más cosas se han convertido en un lujo que no se pueden permitir.
Está demostrado que a partir de un cierto nivel de renta, justo aquel que nos garantiza que nuestras necesidades básicas están cubiertas, cualquier incremento de aquélla no repercute en aumentar nuestra felicidad, al contrario lo que provoca es que cada vez nos convirtamos más en engranajes de la maquinaria que define el concepto de trabajar más, para cobrar más, para poder gastar más endeudándonos más, lo que nos lleva a trabajar más para poder mantener ese ritmo de vida.
La Renta Básica cubre ese umbral de necesidades por lo que garantiza la estabilidad y el nivel de vida básico para todos permitiendo, como no puede ser de otro modo, que cualquiera pueda aumentar sus ingresos por medio del trabajo, como hasta ahora, pero permitiendo también que cuando una persona se enfrenta al día a día lo haga con la tranquilidad de que pase lo que pase tendrá garantizado su derecho a la vivienda, al vestido, a los servicios básicos y por lo tanto no estará obligado a aceptar cualquier trabajo en las condiciones que sean para poder al menos comer cada día, él y su familia. Se trata pues de una apuesta decidida por la libertad, la igualdad y la equidad entre las personas.
Lógicamente la implantación de la Renta Básica acarrearía inexorablemente otras reformas de igual calado en la sociedad y el sistema.
En términos económicos conllevaría que el sistema fiscal debería garantizar que todos y cada uno de nosotros paguemos en función a nuestros ingresos, acabar con todas las medidas que hacen que las grandes fortunas paguen, en términos efectivos, menos impuestos que las nóminas de la mayoría de los trabajadores españoles. El sistema fiscal debe tender a ser más proporcional y por supuesto menos dado a la trampa y el subterfugio. Que pague más quien más tiene, algo tan sencillo y a la vez tan complicado de llevar a cabo.
Del mismo modo la Renta Básica acabaría también con toda la cantidad de subsidios y ayudas que a día de hoy se dan por parte de la administración y en las que se van cada año miles de millones y que tienen siempre unos umbrales de entrada y unos condicionantes que hacen que la picaresca y el fraude campen a sus anchas y perjudiquen muchas veces a personas que realmente deberían estar cobrando esas ayudas.
Estos hechos, el acabar con todas las demás ayudas y subvenciones y la redefinición de la fiscalidad, ayudan a comprender de donde puede salir la financiación de la Renta Básica.
Evidentemente, ante la característica de universalidad de esta renta, a la pregunta recurrente de si, por ejemplo, D. Emilio Botín cobraría también esa Renta Básica la respuesta es que sí, como todos los demás ciudadanos. El problema, para él, es que seguro que con la reforma fiscal planteada pagaría mucho más de esa cantidad en impuestos, que servirían entre otras cosas para financiarla. Se suele decir que aproximadamente un 40% de las personas verían mejorar su nivel de vida con la Renta Básica, otro 40% se quedaría prácticamente igual y un 20% pasaría a pagar más de lo que recibiría.
Por último, pero en absoluto menos importante, la implantación de una medida como es la Renta Básica tiene que llevar aparejada una importante reforma educativa. Un sistema que promueve la idea de que eres más feliz según la cantidad de cosas materiales que te puedes permitir nunca va a aceptar la idea de una renta básica, porque la competitividad como idea principal de la sociedad está reñida con la solidaridad y el cooperativismo que inspiran los principios de la Renta Básica. A nuestros hijos se les enseña y se les educa en el principio del “tanto tienes tanto vales” y en cambio no se les hace apreciar que lo realmente importante en la vida es la felicidad, y que a ella no se llega con cosas materiales, sino con todos aquellos valores que tienen cada vez más vedado su paso por esta sociedad que no nos ve como ciudadanos sino como productores-consumidores.
En una sociedad con seis millones de parados, con miles de familias desahuciadas, con cada vez más dificultades en el acceso a servicios básicos como la educación o la sanidad, con recortes recurrentes en todos los servicios públicos acompañados de incrementos en las facturas de suministro de elementos básicos, como el agua, la luz, el gas…el disponer de una renta que nos permita esquivar la pobreza sería sin duda poder garantizar que vivimos en una sociedad realmente solidaria y comprometida de verdad con el fin de la pobreza y con la alienación de todas las personas.
Renta Básica, reparto del trabajo, renta máxima, reforma del sistema fiscal, nuevo modelo energético más democrático y sostenible, reforma del sistema electoral para hacerlo más justo y proporcional, son reformas que la humanidad tiene que emprender más temprano que tarde si no quiere verse abocada a su propio ocaso.
El camino no es fácil, ni corto, porque la desigualdad crea mercados y los mercados crean fortunas pero sin duda es el camino que la humanidad tiene que emprender si quiere realmente garantizarse un futuro de libertad e igualdad por el que valga la pena luchar. Cuanto antes salgamos, antes recorreremos el camino.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Intervención como invitado al acto sobre Democracia y Participación Ciudadana, organizado por el Frente Cívico Somos Mayoría de Jaén



Decir a estas alturas que estamos viviendo una crisis sistémica, (económica, social, ambiental) es algo que no sorprende a nadie. Si queremos salir de esta crisis de una manera firme y no que nos saquen para convertirnos en carne de cañón como está pasando, nosotros estamos convencidos de que hay que hacerlo afrontando todas las vertientes que la componen, y uno de los resultados de esta crisis y que hay que afrontar con urgencia es la desconfianza y el desapego de los ciudadanos hacia la política y los políticos. Pero, no nos engañemos, la política es más importante que nunca. No confundamos la política con el uso que de ella hacen muchos políticos y tampoco olvidemos que hay muchísimos políticos que cada día hacen un trabajo extraordinario luchando por los intereses de los ciudadanos, y que no tienen nada que ver con lo que hacen los chorizos responsables de los Bárcenas, ERES, y demás.
Si pensamos que vivimos en una democracia que permite que haya 6 millones de parados, que permite que miles de personas sean desalojadas de sus viviendas por unos bancos a los que entre todos les estamos pagando el coste de sus malas prácticas y los resultados de su ambición desmedida, en la que los dos principales partidos aceptan modificar la Constitución para poner por delante los intereses del capital por encima de los de los ciudadanos, en la que se calcula que ya hay un 10% de la población que no podrá permitirse este invierno poner la calefacción, en la que se legisla a base de decretos y recortes en los servicios sociales que no hacen sino ahondar en la fractura social y poner mucho más difícil la vida de la ya más que castigada clase trabajadora a la vez que comprobamos cada día que la corrupción ha sido la norma en la actuación de muchos de nuestros gobernantes…la verdad es que con todo esto y mucho más que está pasando nos sale una Democracia bastante patética y raquítica que se acerca al concepto que nos quieren inculcar de que vivir en democracia es acudir cada cuatro años a votar, cuando es mucho más que eso.
Creemos que tanto en España como en Europa hay un objetivo común: reiniciar la democracia propiciando un proceso constituyente. Sin este proceso no podemos hablar en serio de Democracia. Vivimos una dictadura financiera de la Troika que está gestionando la crisis en interés del sector financiero y de los grandes oligopolios.
Éste es sin duda un objetivo que sobrepasa a un partido político e incluso a una coalición de partidos políticos. Hay que avanzar hacia ese objetivo trabajando de forma activa y positiva con la ciudadanía.
La participación de la ciudadanía en la política y en la toma de decisiones es fundamental. No se concibe crear un modelo de ciudad o de país; un proyecto de futuro, sin contar con la opinión y la participación de los que lo van a llevar a cabo y los que van a tener que vivir en ese modelo. El problema es que nadie quiere participar en algo en lo que no cree. Nadie se cree ya que la composición del Parlamento responde a lo que realmente votamos los españoles. Tenemos que conseguir que los ciudadanos vean que pueden participar y que su opinión cuenta. Hay que conseguir que cada voto valga lo mismo y que nadie pueda utilizar el sistema en su propio beneficio y luego marcharse de “rositas”. Es fundamental implementar medidas que permitan la participación de la ciudadanía: ILP’s, referéndums, listas abiertas, primarias, democracia 2.0, no pueden ser sólo conceptos sino que tienen que ser realidades.
Lógicamente, igual que pedimos aumentar las posibilidades de participación de los ciudadanos en la política a nivel nacional también lo hacemos a nivel local. No entendemos una ciudad en la que se gobierna sin consultar a los ciudadanos, en la que las asociaciones y colectivos se enteran de los proyectos cuando ya están redactados. Participación ciudadana no es periodo de alegaciones, es mucho más que eso. Queremos una ciudad abierta y participativa, en la que unos ciudadanos participando en un pleno no sea una excepción sino la norma. Hace falta que el Ayto. sea la casa de todos y no el cortijo de nadie. Y por supuesto y no menos importante hay que avanzar en el respeto a los demás y a su diferente forma de pensar. Participando, colaborando y debatiendo es posible avanzar y construir, al contrario de lo que pasa ahora que vivimos en un sistema en el que las legislaturas consisten en desmontar lo que hubieran hecho los anteriores y trabajar sabiendo que cuando lleguen otros desmontarán lo que se está haciendo.
Los ciudadanos estamos hartos de que nos usen como moneda de cambio y acabemos pagando la factura de los enfrentamientos entre administraciones que es lo que parece que da sentido a la actuación política de nuestros gobernantes y no responder a las necesidades de los ciudadanos a los que se deben.
Me gustaría acabar con dos ejemplos de lo que entienden algunos por participación y lo que entendemos otros. En el pleno de hoy la Plataforma Por Un PGOU Para La Ciudadanía había pedido tomar la palabra para intentar obtener respuestas a algunas preguntas planteadas desde hace tiempo y que el equipo de Gobierno no había tenido a bien contestar, pues ante esa petición la respuesta es un informe del secretario general del Ayto. en el que se indica que la posibilidad de tomar la palabra en el pleno está sujeta a la discrecionalidad del alcalde.
En el otro lado reseñar la experiencia #CongresoTransparente que ha puesto en marcha por segunda vez el diputado de Compromis-EQUO en las Cortes en la que el sentido del voto de este diputado se ha decidido a través de una plataforma web en la que han podido votar todas aquellas personas que han querido, sean o no militantes o simpatizantes de EQUO.

Nada más, muchas gracias.

jueves, 24 de octubre de 2013

LIBERTAD PARA LOS DEFENSORES DEL PLANETA

¿Es lícita una ley que permite defender los intereses de unos pocos en perjuicio de todos los demás? ¿Puede un Gobierno poner en peligro el futuro de la inmensa mayoría de la humanidad y no pasar nada? ¿Puede un gobierno detener y encarcelar a aquellos que no se han conformado y que han decidido ir a combatir sin armas, con ideas y valentía, en nombre del Planeta? ¿Puede, por fin, quedar impune quien destroza la riqueza y el equilibrio natural para satisfacer la ambición de poder y riqueza de unos pocos empezando por ellos mismos?
Alguien me dijo una vez que las personas se aman y las cosas se usan y que mal vamos cuando las cosas se aman y las personas se usan. Pues peor vamos si se usan a las personas, se destruye la posibilidad de un mundo mejor y solo se ama el poder. Y solo hay una cosa que puede empeorarlo aún más: que lo consintamos.
Libertad para los integrantes de Greenpeace detenidos en Rusia.
Si alguien lucha por nosotros lo menos que podemos hacer es luchar nosotros por él.

viernes, 18 de octubre de 2013

EN EL DÍA MUNDIAL CONTRA EL FRACKING


                   

La fracturación hidráulica o fracking es una técnica empleada en la extracción de gas no convencional y que consiste en la inyección de una gran cantidad de agua, mezclada con arena y un cocktail de productos químicos, para conseguir que la roca en la que el gas se encuentra aprisionado literalmente se reviente, consiguiendo liberarlo para que sea recogido en la medida de lo posible.
Evidentemente ante esta definición la retahíla de preguntas es considerable: ¿dónde va el gas que no se consigue recoger?, ¿y los productos químicos inyectados?, ¿qué pasa con los acuíferos de la zona?, ¿y con las tierras de cultivo?, ¿cuáles son los efectos que estas inyecciones a presión pueden provocar en la tierra?, ¿qué ocurre cuando se deja de explotar un pozo de extracción?...
                Las respuestas de todas estas preguntas son las que nos llevan a celebrar el Día Mundial Contra el Fracking porque ni que decir tiene que el gas y los productos químicos no recogidos quedan libres filtrándose por el suelo, con la consiguiente contaminación y efectos para la salud, que los acuíferos así como las tierras cultivables de la zona corren un riesgo gravísimo de quedar contaminadas amén del desorbitado consumo de agua que esta forma de explotación lleva aparejado ya que sólo para la fase de fractura una plataforma con 6 pozos de 2 kilómetros de profundidad y 1,2 km de recorrido horizontal necesita entre 72.000 y 210.000 toneladas de agua, todo ello en zonas en las que la carencia de agua se ha convertido en crónica. Está sobradamente reconocido que los trabajos de fracking provocan un incremento considerable de la actividad sísmica por lo que en aquellas zonas ya susceptibles de sufrir temblores de tierra los terremotos ocasionados pueden incrementarse notablemente en número e intensidad y, por último y por seguir el guión de las preguntas enunciadas, una vez terminada la actividad de los pozos, cosa que ocurre al cabo de cómo mucho cinco años dentro de los cuales en el primer año se extrae hasta el 70% de todo el rendimiento posible, no pasa nada. Es decir, nadie puede arreglar el destrozo ocasionado. Para entonces se estará explotando otro pozo cerca en el que se volverá a repetir todo el proceso. Lo que nos llevará a un paisaje de pozos y desierto, de caminos hechos al efecto y abandonados después, de contaminación durante y después de la explotación, y sobre todo a un paisaje de pobreza en el que en ningún momento se habrá notado el supuesto “maná” que se esgrime como argumento principal para convencernos de la bonanza de usar esta técnica. No habrá “pan para hoy y hambre para mañana”, ni siquiera lo habrá para hoy.
            Todo esto nos lleva a preguntarnos, ¿por qué entonces se apuesta por esta técnica de explotación con tan graves riesgos para la salud de las personas y la economía y el medio ambiente de una zona? La respuesta es sencilla, porque no hay otra manera de sacar el gas no convencional. Y hoy en día este gas se ha convertido en uno de los últimos coletazos de un sistema energético que vive apoyado en la explotación sin límites de los combustibles fósiles, que ya dan evidentes muestras de su agotamiento. Hace unos años nadie, ninguna compañía o empresa energética, habría prestado atención a este gas por la baja rentabilidad y el enorme esfuerzo, no solo económico sino de coste medioambiental y social, que tiene. Pero resulta que se ha creado una burbuja alrededor de este elemento que se ha convertido en una fuente de beneficio para aquellos que están dispuestos a sacrificar la salud, el bienestar y la calidad de vida de todos los ciudadanos de allí donde quieran extraer el gas.
            Pero claro podemos estar tranquilos, las autoridades no dejarán que todo esto ocurra, ¿o sí?
            Pues lamentablemente sí. Los gobiernos y algunos de los partidos en los que se sustentan, y otros en los que no, apoyan la utilización de esta técnica. No les basta con saber las consecuencias nefastas que estas explotaciones han tenido en otros países como Estados Unidos, donde son pioneros en su utilización. No parece suficiente que países como Francia haya prohibido su uso o que zonas enteras de otros países, como Renania del Norte-Westfalia en Alemania, se hayan declarado “libres de fracking”.
            Y qué pasa aquí, en Andalucía, en Jaén. Pues pasa como muchas veces a lo largo de la historia, que las presiones de los grupos interesados son capaces de volcar la situación y gobernantes que en otras zonas piden su prohibición aquí se muestran menos que tibios a la hora de hacer lo propio. Y si no ¿a cuento de qué viene que el Gobierno autonómico presente una Proposición No de Ley (PNL) para declarar la región “Libre de Fracking” pudiendo presentar directamente una ley que prohíba y sancione su uso? ¿Por qué en el primer debate de una PNL en este sentido en la comisión de Medio Ambiente del Parlamento autonómico se acabó descafeinando totalmente el texto para acabar aceptando las licencias ya concedidas en nuestro territorio y por qué meses más tarde se aprueba otra PNL, esta vez en la comisión de Economía, pidiendo la declaración de “Andalucía Libre de Fracking” pero indicando en el punto dos “dejar sin efecto, en su caso, todas las autorizaciones concedidas por la Junta para la realización de estudios prospectivos mediante esta técnica". ¿En su caso? ¿En qué caso, señores del Gobierno? En todos los casos, no queremos que se haga fracking en nuestra comunidad, ni en ninguna, en ningún caso. Queremos que la Comunidad Autónoma Andaluza sea referente y punta de lanza en el cambio de modelo energético, que es inevitable, y que todas estas licencias y moratorias no hacen sino retrasar la salida hacia un sistema basado en las energías renovables, en las que por cierto sí que somos punteros y sí que crean riqueza y empleo en la zona en lugar de destrucción y abandono.
            Jaén es una de las provincias afectadas por las licencias de explotación concedidas. En concreto tenemos más licencias que nadie en Andalucía, principalmente en la comarca de La Loma, Sierra Mágina, Sierra de Cazorla. ¿De verdad a nadie del Gobierno se le ha ocurrido que esto puede acabar con la economía de la provincia, eminentemente agrícola? La nueva consejera de Agricultura, Elena Víboras, ha declarado que hay que luchar hasta el último ápice por la calidad de nuestro aceite. ¿Cree usted, señora Víboras, que los exigentes consumidores europeos, asiáticos o norteamericanos van a seguir teniendo en tan alta estima nuestro aceite cuando sepan que se produce justo al lado de estos pozos? ¿Por qué cree usted que La Rioja ha sido una de las primeras regiones en declararse Libres de Fracking? Quizá la calidad de su vino haya tenido algo que ver, ¿no le parece?
            Realmente a mí me parece que con todos estos interrogantes ya debería ser más que suficiente para que no se volviera a oír hablar de esta forma de explotación pero aún nos queda algo más importante. ¿Qué pasa con la salud de los habitantes de las zonas afectadas? ¿Esperamos a que enfermen y luego ya se verá si se les indemniza y cómo? Visto lo de Aznalcóllar ya podemos imaginar la respuesta. Quizá también debería presentarse la PNL en la comisión de Sanidad del Parlamento. Quizá deberíamos recordar que la mejor política sanitaria no es la que se limita a curar a los enfermos, sino la que evita que enfermen. Como consecuencia del fracking cabe destacar afecciones a la salud humana por la utilización de 17 tóxicos para organismos acuáticos, 38 tóxicos agudos, 8 cancerígenos probados, 6 sospechosos de ser cancerígenos, 7 elementos mutagénicos, además de aquellos elementos tóxicos presentes en el subsuelo liberados durante la explotación.

            En fin, que el 19 de Octubre se celebra el día mundial contra el fracking y esperamos que sea el último año que se celebre porque pronto nadie se acuerde de la amenaza que una vez se cernió sobre todos nosotros y que amenazaba con acabar con la salud y el futuro de toda una comunidad. Aunque sí deberíamos recordar que hay algunos de nuestros llamados representantes que están dispuestos a correr el riesgo en carnes ajenas que supone la fracturación hidráulica.

martes, 23 de julio de 2013

NI SU SISTEMA NI SU NO-FUTURO



A lo largo de esta crisis he oído o leído muchas frases con las que me identifico enormemente. Pero hay dos que para mí no dejan de ser dos enormes intentos de manipular el sentir de la gente.
A saber. “El sistema está fallando”, solemne tontería y mentira de tamaño descomunal. El sistema no está fallando, el sistema es así. Vivimos dentro de un sistema que llamamos capitalista que se basa fundamentalmente en que cada uno tendrá aquello que pueda pagar, ni más ni menos. De las necesidades de todos y de lo dispuestos que estemos a comprometer toda nuestra vida en conseguir colmarlas harán ellos su negocio. Los manejadores del sistema, con la técnica del palo y la zanahoria, nos han hecho creer que realmente el sistema estaba diseñado para cuidar de nosotros cuando en realidad el sistema solo se cuida a sí mismo y a los que lo manipulan.
No nos engañemos, la crisis no es una estafa (otra frase que se usa mucho), es una etapa de una estrategia mucho más amplia diseñada para recortar todos aquellos derechos que a lo largo de los años el sistema se ha visto obligado a conceder para ir obteniendo treguas en la lucha social mientras que le daba tiempo a ir adormeciendo las conciencias y convenciéndonos de que no hay otro camino, de que éste, el suyo, es el único sistema posible.
La segunda de las frases es “estamos creando una generación sin futuro”. Vamos a ver, futuro tenemos todos, en mayor o menor medida temporal pero todos lo tenemos. Con esta frase lo que intentan es que pensemos que hagamos lo que hagamos, la suerte está echada. Y ése es el camino que pretenden que recorramos. ¿Por qué? Muy sencillo, si nos convencen de que da igual, de que nuestro destino lo marcan en otros sitios a los que no tenemos acceso, de que nuestro futuro ya no tiene vuelta atrás y de que te prepares o no al final solo vas a ser un parado de provecho, si logran todo eso entonces habrán ganado porque tendrán miles de personas dóciles, dispuestos a todo para mantener un pequeño espacio de bienestar que en realidad es solo la fantasía de una felicidad compuesta por el consumo indiscriminado de muchas cosas que en realidad no necesitamos y que solo contribuyen a la dependencia que tenemos del sistema.
Y lo más curioso de todo es que ambas tienen la misma “cura”. Más y mejor educación, sí, ya saben, eso que el señor Wert quiere controlar a toda costa. ¿Se explican ahora porqué?
Que nadie me diga que el sistema está fallando, porque el sistema nos está jodiendo la vida con toda la intención del mundo. De nuestro llanto y nuestra desesperación salen sus fortunas, que para conseguirlas no pararan ante nada, ni siquiera ante la destrucción del medio, que les afectará también a ellos pero son tan egoístas que no son capaces ni de pensar en sus propios hijos y el legado que les dejan, más allá de medios económicos para no verse obligados a padecer la carestía a la que están condenando a miles de personas.
Y que nadie me diga que no tengo futuro, porque sí que lo tengo y no pienso conformarme con el que me han diseñado. “Su” futuro no es el mío, mi mundo no será el que tienen decidido para mí, porque al final no se podrán salir con la suya, porque con más y mejor educación cambiaremos las cosas y porque ante la lógica de su poder estará nuestra lógica de las razones y porque no puede ser que unos pocos decidan lo que será la vida de todos convirtiéndola en un remolino de consumo, trabajo, descontento y desigualdad.
Nos han estado tapando los ojos con una venda de falsa felicidad basada en el consumo y que además les ha servido para provocar la peor crisis de los últimos noventa años y achacárnosla a nosotros, como si fuéramos los culpables de que sean incapaces de pensar en otra cosa que no sea su propio interés personal. Utilizan la crisis para eliminar todas aquellas concesiones que han tenido que hacer en algún momento pero que solo han estado ahí mientras les han servido. Su solución para la crisis no vale porque en realidad no es tal. Es solo un parche para preparar el terreno para futuras crisis en las que seguirán actuando para garantizar sus privilegios. Las soluciones solo económicas no nos sirven porque ésta no es una crisis solo económica. La solución a la crisis pasa por afrontar un nuevo sistema educativo, basado en la igualdad y la libertad, dejando de lado la tan traída competitividad, pasa por enfrentarnos de una vez por todas al cambio climático con un auténtico cambio de sistema energético que nos garantice el presente y el futuro nuestro y de las generaciones futuras. Y desde luego pasa por reiniciar el sistema porque no es verdad que esté fallando, es que es así y así no nos sirve.
Pero esa venda ya se nos ha caído. Ya sabemos lo que nos tienen reservado y no vamos a dejárselo hacer.
Ahora ya sabemos qué es lo que tenemos que hacer…¿o no?

martes, 9 de abril de 2013

TRANVÍA DE JAÉN: EJEMPLO DE COMO NO SE DEBEN HACER LAS COSAS



El lunes, día 8 de abril, se cumplieron 700 días desde que el tranvía de Jaén se metió en las cocheras para no volver a salir, al menos de momento.
A este paso esta obra solo va servir para convertirse en un extraordinario ejemplo de como no se deben hacer las cosas en gestión pública.
A estas alturas a nadie se le escapa que el tranvía no está recorriendo las calles de Jaén porque el equipo de gobierno del Ayuntamiento y el de la Junta de Andalucía no son del mismo partido. Si el PP hubiera acabado formando gobierno tras las elecciones autonómicas de 2012 o si el Ayuntamiento de Jaén siguiera gobernado por el PSOE, con o sin IU, el tranvía sería una realidad. Esto demuestra que las actuaciones de las administraciones se mueven más por los intereses partidistas de unos y otros que por las necesidades reales de los ciudadanos.
En el proyecto del tranvía todo, o casi, es criticable. Si hablamos del antes está claro que no se puede abordar una obra de esta envergadura, una infraestructura que cambiará la forma de moverse de los jiennenses para siempre y que provocará el cambio de hábitos de la mayoría de los ciudadanos de la ciudad y de los visitantes que vengan a vernos, sin abrir antes un proceso de participación en el que todo el mundo, todos los ciudadanos y sus diferentes organizaciones vecinales, de empresarios, sindicales, políticas, todos sin excepción dieran su opinión y participaran en la redacción y elaboración del proyecto. Proyecto que después debería ser sometido al refrendo del pueblo, implicando a todos en la elaboración del modelo de ciudad que queremos para Jaén.
Por otro lado no creo que nadie en su sano juicio vea el tranvía como algo aislado. Debe formar parte de un proyecto más amplio, que abarque un nuevo concepto de ciudad. La realización de esta obra debería llevar aparejado una nueva regulación de los trayectos de autobús, la creación de un billete combinado que permitiera usar los distintos medios de transporte públicos lo que facilitaría la movilidad de los ciudadanos. El uso del aparcamiento “disuasorio” gratuito a las afueras de la ciudad y justo al lado de una parada del tranvía que nos llevará al centro, pasando por hospital y universidad permitiría aligerar el tráfico rodado en todo el centro de la capital, llegando a la posibilidad de hacerlo peatonal, con el consiguiente aumento del atractivo de toda la zona más comercial de la ciudad.
La línea ya realizada no debe ser sino solo la primera puesto que al carecer de “cercanías” la opción de que el tranvía pudiera llegar a algunos pueblos cercanos que provocan buena parte del tráfico de entrada a la ciudad sería una extraordinaria noticia para desbloquear los accesos a la ciudad, que recordemos sufren un tráfico propio de ciudades mucho más grandes y que además va a peor con el paso de los años.
Por otro lado, a pesar de no haber cumplido con estos requisitos, pese a que no se hizo con el acuerdo de todos los jiennenses, pese a que parece que el tranvía es lo que es y nadie nombra ninguna posibilidad de desarrollo, pese a que parece que pueden más los intereses de una compañía de transportes que los de la ciudadanía representada, no lo olvidemos, por su Ayuntamiento, pese a que todo el mundo parece olvidar que estamos hablando de uno de los sistemas de transporte más limpios y sostenibles que existen…a pesar de todo esto lo más grave es que ya está hecho. Y no hay nada más insostenible que una infraestructura de este tipo terminada y sin usar.
Desde el Ayuntamiento se nos dice que el tranvía no se pone en marcha porque generaría pérdidas. Es obvio decir que los servicios públicos están para acercar a los ciudadanos los servicios que otros disfrutan por sus capacidades económicas por lo que la rentabilidad económica no puede ser nunca el argumento. Es cierto que la explotación del servicio debe tender a ser autosuficiente, pero también lo es que el ingreso puede venir de otros campos, como la gestión de la publicidad instalada. La rentabilidad del tranvía vendrá por otros caminos, el comercio, la calidad de vida de nuestra ciudad, el aire, el tráfico, etc verán incrementada su capacidad generadora de beneficios económicos y sociales para los ciudadanos de Jaén.
Por todo esto pido…no, exijo a D. José Enrique Fernández de Moya, alcalde de Jaén, y a D. José Griñán, presidente de la Junta de Andalucía, que se reúnan, dejando en la puerta sus carnets de partido, y busquen y encuentren una solución a este problema. Porque todo esto es una cuestión de actitud, y queremos que nuestros gobernantes tengan la actitud de pensar y cuidar de los ciudadanos a los que representan, de velar por sus intereses y no por los de su partido.
Al final todo se trata de lo mismo, tenemos que plantearnos una simple cuestión: ¿qué ciudad queremos para el futuro? ¿En que tipo de ciudad queremos que se convierta Jaén?
Yo lo tengo muy claro, yo quiero una ciudad participativa, en la que los ciudadanos sean escuchados y tengan participación en las decisiones que se toman para el futuro de la ciudad. Una ciudad que apueste por un modelo sostenible de transporte público, que no vea en los servicios públicos una mera fuente de ingresos sino una poderosa herramienta para avanzar hacia la tan ansiada igualdad que evite pozos de exclusión.
Quiero una ciudad cuyo modelo de futuro no dependa de quién esté gobernando en cada momento y que no empiece de nuevo cada cuatro años porque lo que alguien hace no sirve de nada para los demás por el simple hecho de ser de partidos diferentes. El urbanismo, visto en su más amplio sentido que incluye transporte y por supuesto medio ambiente, no debe formar parte de la lucha partidista y entre administraciones.
Mi ciudad debe ser participativa, regeneradora, económicamente viable y no dependiente de grupos de presión vinculados a sectores que representan el pasado y que nos han traído a la situación de crisis que estamos viviendo, y por supuesto totalmente sostenible. Porque sin sostenibilidad dará igual el modelo a seguir puesto que no habrá nada a lo que aplicarlo.

lunes, 28 de enero de 2013

¿CÓMO VAMOS A SALIR DE LA CRISIS?




      Desde que empezó esta crisis hace dos, tres o cuatro años según con quien hables, venimos haciéndonos la misma pregunta: ¿quién es el responsable de la crisis?
     No sé hasta que punto es lógico hacerse esta pregunta en un país donde nadie asume sus responsabilidades. Yo diría que sí, que es una pregunta a la que no podemos renunciar porque una cosa es que no se asuman responsabilidades y otra que no se conozcan.
         Poco importa quién o qué o cómo causó esta crisis si la causa última no es otra que el propio sistema en sí. Un sistema que se basa en el crecimiento permanente usando recursos limitados está condenado a repetir las crisis cada vez con más virulencia y ámbito. La crisis no es solo económica sino que afecta a todo el sistema. Una sociedad que mide su prosperidad en la capacidad de sus miembros para la acumulación de propiedades materiales está abocada a la decadencia, la desigualdad y la insatisfacción permanente. Una desigualdad totalmente calculada puesto que no hay nada que favorezca más el consumismo que la desigualdad. Nos educan para que busquemos la felicidad basada en la posesión material y no en el desarrollo personal.
         Pero ahora que empiezan a generalizarse comentarios de que puede ser que el fin de la crisis empiece a despuntar a finales de año (nótese la cantidad de palabras que he necesitado para poner “fin de crisis” debido a las dudas que todo el mundo que se supone que sabe de ello tiene al respecto) la pregunta que debemos hacernos no es tanto quién la provocó o cuando saldremos sino más bien cómo vamos a salir.
Está claro que la salida de la crisis que nos están preparando no es ni mucho menos la salida que se podía suponer cuando el entonces presidente francés Nicolás Sarkozy afirmaba que era una muy buena oportunidad para refundar el capitalismo. Tras la tan segura como discreta reprimenda de los que “manejan el cotarro” nunca más volvió a mencionarlo.
         Nos están preparando una salida de la crisis que dibuja un panorama desolador para miles y miles de personas, han devastado los servicios públicos dejándolos en meros epígrafes de lo que fueron. Han atacado la sanidad, la educación y los servicios de ayuda a la dependencia como si dependiera de ello la continuidad misma de la especie humana. En cambio no se han atrevido en ningún momento a meterse con los bancos, a obligar a la Iglesia a pagar impuestos, a realizar una reforma fiscal que haga pagar más a quien más tenga y más contamine y no a quien depende exclusivamente de una nómina. No se han atrevido a apostar por nuevas formas de energía a pesar de tener las empresas y las materias necesarias para convertirnos en energéticamente autosuficientes debido al poder que tienen las empresas que actualmente se reparten el pastel energético en España. No se han atrevido a buscar el dinero que se esconde en los paraísos fiscales o en empresas de dudosa moralidad impositiva (si se me permite la expresión) como las SICAV, a pesar de decir una y otra vez que hacía falta dinero. El dinero está y ellos lo saben, es solo que no se atreven a ir a buscarlo y han decidido sacarlo de los maltrechos bolsillos de los más débiles. Nos venden continuamente la idea de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades cuando nadie asume la responsabilidad de haber construido aeropuertos donde no hay aviones o de inundar España de trayectos AVE deficitarios mientras reducen los servicios ferroviarios en otros sitios que quedan casi aislados por tren, a la vez que privatizan aquellos servicios públicos imprescindibles y rentables que aún le quedan a la administración. Todo ello aderezado con la desfachatez y la chulería de los responsables políticos, que se atreven a convocar ruedas de prensa para decir que están negociando la venta de uno de estos aeropuertos pero que no se les ocurra  a los periodistas preguntarle con quien porque no piensa decirlo, como si estuviera vendiendo la parcela que tiene en el pueblo.
      Y todo esto y mucho más nos lo dicen haciendo hincapié en que están adoptando medidas valientes. Será de cara a sus partidarios porque saben que estas medidas les están restando apoyos, porque para mí aliarse con los poderosos y castigar a los débiles no es precisamente de valientes. Me recuerdan a ese gran monologuista español que fue Miguel Gila cuando contaba: “el otro día pasé por una calle y había tres tipos dándole una paliza a otro y yo pensé: qué hago, me meto, no me meto….al final me metí. Jo, la que le dimos entre los cuatro”. Eso es exactamente lo que están haciendo.
      En definitiva nos están fabricando una realidad en la que nos tocará vivir a todos y que tendrá como objetivo que los de siempre sigan siendo un poco más ricos y a los demás nos aboquen hacía la siguiente crisis correctiva en la que volverán a apretarnos las tuercas un poco más y a la que llegaremos cada vez un poco peor preparados como consecuencia de las “soluciones” adoptadas en la anterior. Una realidad que no nos gusta y además no es la nuestra.
        La libertad sirve para decidir en el presente y para elegir el futuro.
       Tenemos que decidir cómo queremos vivir cuando todo esto acabe. Nos jugamos si salimos de la crisis empobrecidos e hipotecados para varias generaciones o solidarios y preparados para un futuro mejor. Y tenemos que decidirlo cuanto antes porque el tiempo pasa y nuestra sociedad y nuestra democracia se degradan a pasos agigantados.
     Con la excusa de la crisis económica están tratando de destruir lo que queda de nuestro sistema democrático y alejarnos de las instituciones. Ya hay gobiernos en Europa que no han pasado por las urnas y que se erigen en salvadores de la patria cuando están dirigidos por reputados representantes del gran capital que todo lo maneja, usando además la excusa de que no les ha quedado más remedio, que tenían que salvarnos.
        El problema no es la política sino el uso que algunos vienen haciendo de ella en su propio beneficio.
     Ni queremos ni podemos renunciar a unos derechos que tantos años y esfuerzos costaron. Se lo debemos a nuestros padres y a nuestros hijos.
      Tenemos que trabajar día a día en construir la sociedad del futuro. Esto no solo se hace en las urnas, cada cuatro años, sino también en la calle, con cada posicionamiento que tomemos ante lo que está pasando. Apoyando las iniciativas que nos parezcan que van en la buena dirección, dejando de lado rencillas o enemistades personales. Colaborando con organizaciones y partidos que luchen por un mundo mejor y más sostenible.
      Hay que luchar para cambiar este sistema que, como si de un círculo vicioso se tratara, nos empuja una y otra vez dentro y fuera de unas crisis que tienen como objetivo convertirnos en meros productores alimentados por la quimera de encontrar la felicidad en el último modelo de electrodoméstico.
    Tenemos que vencer la idea de que no hay alternativas porque sí, sí que las hay. Trabajemos por desarrollarlas y crear una auténtica alianza de los más desfavorecidos que nos permita decidir nuestro destino y no conformarnos con el que nos tienen preparado. No les demos más facilidades, lo tienen todo a favor porque lo llevan construyendo muchos años con un plan minucioso que les está dando frutos. Ellos, el capital, los especuladores, los explotadores, los neoliberales nos llevan una gran ventaja: ellos saben lo que son y lo defienden con ahínco. Saben que sus posibilidades pasan por la unidad. A nosotros nos gusta etiquetar (a nosotros y a los demás) y lo hacemos con etiquetas que nos separan más de lo que el trabajo diario nos une.
      Tal y como están las cosas todo lo que no sea trabajar por una alternativa real de gobierno que apueste por un nuevo sistema y una nueva sociedad más sostenible y solidaria es perder el tiempo y facilitarles el camino a aquellos que causaron la crisis como excusa para afianzar su posición.
      Vaya, al final ha resultado que sí sabíamos quien causó la crisis.