sábado, 18 de mayo de 2019

Voto razonado



El próximo domingo, día 26, volvemos a las urnas. Una vez más nos toca elegir a quienes nos representarán los próximos cuatro años.
Coinciden además las elecciones de las dos instituciones más cercanas y más alejadas, físicamente, del ciudadano. El ayuntamiento y el Parlamento europeo.
El hecho de votar no por repetido deja de tener importancia. Quizá el convencernos de que va a dar igual sea uno de los grandes éxitos de quienes quieren que bajemos los brazos y les dejemos hacer.
Creo que es muy importante votar y no creo en absoluto que nos dé igual lo que salga. Estoy convencido de que la ciudadanía puede dar un vuelco a la situación y para ello necesita estar en las instituciones. Del mismo modo que los cambios se provocan en la calle, también desde el Ayuntamiento o el Parlamento europeo podemos conseguir que el futuro sea mejor.
La situación se cambia cada día, en la calle, con manifestaciones y protestas, pero también con los actos cotidianos que llevamos a cabo. Aunque algunos, como comprar en tiendas de barrio y no en grandes superficies o poder ir al cine sin salir de la ciudad y sin tener que coger el coche, se hayan convertido en auténticos hechos revolucionarios.
Debemos votar y debemos hacerlo desde un punto de partida consciente y responsable, acorde a la visión y al proyecto que queramos para nuestra ciudad. Nos quejamos porque queremos más árboles, pero seguimos votando a quien los poda, destroza y arranca sin piedad. Queremos plazas que podamos disfrutar y en las que podamos relacionarnos, pero seguimos votando a quienes únicamente las ven como enormes terrazas de bar. Asistimos a la debacle comercial de nuestras calles, pero seguimos votando a quienes solo apuestan por los intereses de los grandes grupos comerciales y de distribución. Pedimos empleo y oportunidades para todos, empezando por los más jóvenes, pero seguimos votando a quienes una y otra vez han demostrado su incapacidad para sacar a Jaén de la situación de precariedad y abandono en la que la han sumido. El casco histórico, la cultura, la naturaleza…..todo eso que queremos salvar lo dejamos una y otra vez en manos de quienes solo lo ven como un objeto a explotar.
Yo pienso ir a votar, pero no será ni un voto con los ojos tapados, de obediencia ciega, ni un voto con la nariz tapada, de castigo a una opción a través de votar al contrario. Tampoco será un cheque en blanco que les permita hacer lo que quieran, sino que será un voto informado y que pedirá responsabilidades.
Se puede ver como un acto de egoísmo, porque lo hago por mí y por mis hijos, para que tengamos un futuro digno en nuestra ciudad. Para que si un día deciden ir a buscarse la vida fuera, lo hagan con libertad, no obligados por una situación insostenible de la que además no son culpables y con la posibilidad de volver cuando quieran. Pero también se puede ver como un acto de altruismo, porque el mismo futuro que quiero para mí y para mis hijos lo quiero para todas y cada una de las personas de Jaén, de ahora y del futuro.
Por eso mi voto será para Jaén, Sentido y Común. Un proyecto de ciudad que habla de la sociedad que yo quiero, que parte de la participación y la colaboración ciudadana. Yo mismo voy en esa lista, porque si creo en algo me involucro y me hago responsable de mi parte. Creo en Mar, en José Luís, en Sara y en tantas personas que hay detrás de este proyecto y con los que llevo más de cuatro años colaborando y trabajando para dar visibilidad a los barrios, dar respuesta a las demandas de la ciudadanía, pensar en nosotros y en nuestros hijos.
No espero que con estas líneas haya podido convencer a nadie de que haga lo mismo, de que vote mi opción, pero sí que espero que quien las lea actúe como yo y valore el trabajo de los últimos años y vote pensando en cómo quiere que sea la ciudad, esta ciudad en la que tenemos que vivir y en la que dar un futuro a nuestros hijos es algo posible, aunque ahora no lo parezca.
Si puede servir de algo, hago dos peticiones desde aquí: Vota y hazlo de forma responsable y coherente con lo que quieres.
Yo lo tengo claro, el día 26 votaré Jaén Sentido y Común.

viernes, 26 de abril de 2019

El Cambio Social


 
Se acercan unas nuevas elecciones y de nuevo volvemos a quedarnos en la cáscara. Apenas se busca el aplauso fácil de los ya convencidos y ni rastro de propuestas a largo plazo que analicen el cambio de modelo que necesitamos. Sin darnos cuenta de que la solución a los problemas urgentes, a la resolución de la cotidianeidad, pasa necesariamente por un cambio en profundidad en la estructura social que tenemos y en la red de consumo que hemos tejido.

Es importante convencer a la ciudadanía de la importancia del cambio hacia un modelo más ecológico y de su relevante papel en conseguirlo, pero no podemos hacerles elegir entre avanzar hacia ello o sobrevivir. No podemos pedir, a aquellos que ya sufren carencias a diario, que las vean incrementadas y se sacrifiquen por un mundo mejor cuando ven como quienes más han contribuido a la situación no asumen las responsabilidades derivadas del modo en que han hecho sus fortunas.

El aumento de la riqueza, el desarrollo tecnológico, el llamado progreso de la humanidad, no solo no ha contribuido a crear una sociedad más justa, sino que en lo único que ha triunfado ha sido en generar más desigualdad, en aumentar la brecha social y en convertir a una inmensa mayoría en meros consumidores que intentan saciar su “infelicidad” a base de gastar y derrochar, dirigidos por aquellos que se enriquecen con ello y que solo permitirán los cambios que les aseguren seguir manteniendo su posición privilegiada.

La destrucción que conlleva el agotamiento irremediable de los recursos y la lucha por su control tendrá, como ya estamos viendo, peores consecuencias para la inmensa mayoría de la ciudadanía, la misma que viene pagando la factura de un modelo abocado al fracaso por la propia imposibilidad material de mantener un nivel de explotación muy superior a la capacidad natural de reposición de los mismos recursos imprescindibles para continuar con el aumento exponencial de fabricación y consumo.

Muchos ya hemos llegado a la conclusión de que es necesario, y hasta urgente, reducir el consumo que está destruyendo nuestro planeta y agotando los recursos. Pero, en cambio, nos vemos obligados a seguir trabajando y consumiendo al mismo ritmo dentro de esa cadena depredadora, contribuyendo, directa o indirectamente, a la destrucción.

Estamos atrapados por una red que nos hace cómplices dejándonos leves resquicios al lavado de conciencia que nos brindan acciones puntuales y que intentan pintar de verde una realidad que por momentos se hace más visible que no podemos alterar. Al menos, así no.

Y lo hacemos para intentar garantizar unos mínimos vitales, para nosotros y nuestras familias. Por eso es tan importante que ese nivel de vida básico sea garantizado por otros medios. Que todas las personas tengan asegurado un acceso mínimo, básico, a alimentación, salud, abrigo, educación, nos hará más libres e independientes y podremos decidir no seguir participando de la destrucción del mundo a la que nos conduce el sistema actual y la codicia de unos pocos, buscando así la felicidad y el desarrollo personal en ser, solo y con los demás y nuestro entorno, y no en tener, como nos empuja la sociedad con superdesarrolladas herramientas como son la mercadotecnia, la publicidad, el estatus social…

Una garantía de elementos básicos que tiene que ser gobernada por la ciudadanía, como un derecho, y no por los poderes económicos que lo convertirían en poco menos que una limosna.

La transición desde la sociedad consumista que tenemos a la sociedad solidaria que queremos
no pasa solo por un cambio de modelo energético o económico, que también, sino sobre todo por un cambio de modelo social, que no excluya a nadie y que garantice unas condiciones de vida mínimas a todas las personas por el mero hecho de serlo. De otro modo la transición se hará, pero será dirigida por los poderes económicos y las grandes corporaciones y solo servirá para garantizarles los beneficios por muchos años más, sin importar que para ello tengan que seguir convirtiéndonos en esclavos de sus dictados consumistas y promesas de falsa felicidad basadas en el derroche y la tecnología dirigida, haciéndonos, como siempre, a los más desfavorecidos, los paganos de una crisis ecológica de la que todos somos responsables, pero de la que sin duda no todos somos culpables en la misma medida.

El golpe de mano de la sociedad, que permita realmente un cambio profundo en las estructuras que tenemos, tendrá que venir guiado por la ciudadanía y no podrá ser ni violento ni abrupto, pero ni se puede demorar más ni nos podemos permitir que sea inconstante. Necesitamos conciencia, responsabilidad y actitud.

El cambio no vendrá porque alguno de nosotros pase a estar en el selecto grupo de personas que tienen un “I-Phone 36”, ni de que lo pueda tener todo el mundo, sino de que podamos vivir sin él y nos demos cuenta de que tampoco lo necesitábamos.
            
            Y todo lo demás es darle vueltas sin solucionar nada.

martes, 22 de enero de 2019

¿HACEMOS POLÍTICA?





Publicado en Andalucía Información el 16 de Enero de 2019 https://andaluciainformacion.es/andalucia-mas-que-verde/799813/hacemos-politica/



Hace algún tiempo oí a un famoso en una entrevista en televisión que decía que “él pasaba de la política”. Esa afirmación seguida de una serie de tópicos que todos podemos imaginar le servía para darse una imagen de persona que, siguiendo la actualidad, había decidido dejar de lado una de sus facetas, la política. Será por aquella creencia, bastante extendida por desgracia, de que la única obligación ciudadana para con la política es votar cada cuatro años.
En ese mismo momento pensé que alguien debería decirle que ése es un lujo que no se puede permitir, ni él ni nadie.
Política es mucho más de lo que a menudo solemos identificar como tal. La participación en la actividad de un partido no es ni el principio ni el fin de nuestra capacidad de actuar políticamente.
Cada día, cuando decidimos dónde compramos o con qué compañía contratamos la luz; cuando cogemos el autobús o decidimos ir a trabajar en nuestro propio coche; al matricular a nuestros hijos en colegios públicos o privados; al sacrificar parte de nuestro tiempo participando en una concentración por ésta u otra causa. En todas y cada una de estas acciones estamos haciendo política. Estamos definiendo cómo queremos que sea la sociedad en la que vivimos.
Y lo hacemos también cuando en charlas, debates o discusiones de bar defendemos o atacamos una u otra medida del Gobierno de turno.
Resulta curioso cuando oímos a alguien decir: “yo es que de política no entiendo”. Yo les pregunto, ¿de qué es de lo que no entiendes?: ¿de si las pensiones suben o bajan?, ¿de si los medicamentos están demasiado caros y se han convertido en inaccesibles?, ¿de si es normal que teniendo el país de nuestro entorno con más horas de sol seamos a la vez el que menos invierte en energías renovables?, ¿de si la cantidad de pesticidas y hormonas que tomamos con la comida nos van a volver vulnerables a infinidad de enfermedades que hasta ahora parecían testimoniales? Y así podríamos seguir toda la mañana, o la tarde. Pero no acabaríamos nunca, porque parece que lo único que nos moviliza es cuando nos tocan el bolsillo. Ah, porque eso también es política. La lucha contra la corrupción es una forma de hacer política como lo es quienes se suben al carro de un partido para enriquecerse sin importarle en absoluto las necesidades generales.
Decía Churchill que la guerra es algo muy serio para dejarla en manos de los militares, pues yo digo que la política es algo muy serio y trascendente como para dejarla en manos de los políticos, a los que conviene recordarles de vez en cuando que no son sino meros representantes de la ciudadanía. Por suerte hay multitud de plataformas y asociaciones ciudadanas, culturales, sociales, etc, sobre todo a partir del 15M, que nos demuestran a diario que se hace política desde la ciudadanía, desde la calle y desde las instituciones, sin que unas excluyan a la otra.
Hacer política pasa por ser consciente de nuestros derechos y obligaciones, y también de nuestras necesidades y oportunidades. De nuestro compromiso con nuestro entorno y de nuestra interdependencia con nuestros vecinos. Nadie vive aislado ni se puede valer totalmente por sí mismo, por lo que todo lo que hace alguien o decide alguien nos afecta. Y si no queremos que siempre salgamos perjudicados, a la corta o a la larga, tendremos que tomar cartas en el asunto y dedicar unos minutos de nuestro tiempo a pensar si con nuestra forma de actuar y con las decisiones y apoyos que llevamos a cabo cada día estamos poniendo en práctica esa sociedad en la que nos gustaría vivir.
Sin duda está en nuestra mano y nadie puede ni pasar de ello ni dejar que otros decidan, porque las consecuencias también vendrán contra nosotros. No comparto lo que alguna vez he oído de que si no participas luego no tendrás derecho a quejarte, siempre tenemos que mantener el derecho a quejarnos y la responsabilidad de hacerlo, pero sí que creo que debemos tomar conciencia de que si no aceptamos que podemos cambiar el mundo, el mundo no cambiará solo.
Y todo esto no quita que a ello, a la política de cada día, debamos unir la necesidad de gobernar las instituciones. Hemos visto cómo en las pasadas y aún recientes elecciones autonómicas andaluzas, las denominadas derechas conseguían la mayoría numérica en el Parlamento andaluz y llegaban a un acuerdo para formar gobierno. Unas elecciones en las que la abstención se ha vuelto a convertir en el partido mayoritario de las clases más desfavorecidas, aquellas que pagan con creces la factura de las crisis (en plural) y que consideran que el sistema les ha fallado, englobando como sistema tanto a la derecha, que representa al poder económico y las oligarquías, como a una izquierda incapaz de ofrecerles alternativas a la explotación y los recortes, centrados a veces en debates que en poco o nada interesan y aportan a los más necesitados para resolver sus problemas de cada día. Aún no somos capaces de trasladar a las urnas la movilización que sí se aprecia en concentraciones o manifestaciones puntuales. El “No nos representan” sigue sonando en los oídos de mucha gente y esa debería ser la frase de cabecera de muchos de nuestros políticos, sobre todo de aquellos que quieren, o intentan, defender a los más desfavorecidos.
Alguien dijo alguna vez “Vive como piensas o acabarás pensando como vives” Creo que es un buen punto de partida para plantearnos como vamos a seguir haciendo política cada día.

domingo, 9 de diciembre de 2018

PERDIDO



Estoy cansado de perder. Últimamente no hago otra cosa.
No me preocupa lo que pueda haber perdido materialmente, si merecía la pena se puede recuperar y si no, ¿para qué?
Lo que me duele es haber perdido mis ganas de reír, mi capacidad para aprender, mi ilusión por llegar a más.
Perdí la capacidad de sorprenderme y las ganas de hacerlo.
No sé dónde dejé mis fuerzas para ser y para estar. He perdido mis ganas de hacer y mi entusiasmo por
participar.
No me quedan ansias por cambiar ni ímpetu para movilizar a los demás.
No sé dónde quedaron mi capacidad de amar y mi predisposición a ser amado. Mis ganas de besar y de ser besado.
Si alguna vez tuve atractivo físico, éste se basaba en mi seguridad, mi sonrisa y mi sentido del humor. Perdidos éstos, desaparecido aquél.
Y lo he perdido yo, no me lo han arrebatado, porque perdí mi capacidad de luchar, mi ansia de rebelión, mi creencia en la revolución.
No me importa quién ha ganado, también eso lo he perdido. Solo me importa que he perdido.
He perdido el camino de vuelta.
He perdido mis ganas de buscarlo.

sábado, 24 de marzo de 2018

Pequeños gestos que hacen un héroe



Estamos acostumbrados a movilizarnos solo a base de grandes gestos, de fechas señaladas o tragedias mediáticas. Nunca un héroe de Marvel lo fue por salvar a un gato o por defender a un enfermo sin derecho a un tratamiento que le salve la vida, siempre tuvo que salvar al mundo de la destrucción a manos de un monstruo mutante o de un villano de talla mundial.
Y esos no son los héroes. Para mí hay unas personas que cada día se cuelgan la vitola de heroicidad sin hacer grandes alardes y sin apenas darle importancia, luchando por los demás con pequeños gestos que hacen siempre un doble efecto: trasladan comprensión y humanidad y provocan movilización y solidaridad.
Yo tengo la suerte de conocer a uno de estos héroes. Se trata de Miguel Ángel, un jienense que tiene la peregrina y absurda idea de que solidaridad y deporte forman la pareja perfecta.
Ya ves, cualquier cosa, querer mover el mundo sin dinero de por medio. Pufff.
Y lo mejor de todo es que lo consigue.
¿Qué, cómo te has quedado? A que ahora quieres saber más. Claro, eso me pasó a mí.
El caso es que Miguel Ángel tiene una cualidad que no hace más que buscarle problemas, se trata de
Miguel Ángel, "Quixocan", con su inseparable Kenya
un corazón como “la torre de una Catedral”. En ese corazón se le mete igual una niña con una enfermedad de las llamadas raras que un cachorro abandonado, el caso es que una vez que está dentro ya es incapaz no solo de sacarlo sino de quedarse quieto, sin hacer nada al respecto.
Por eso, hace ya algún tiempo decidió dar forma al Proyecto Quixocán, una iniciativa que consiste en aunar deporte y solidaridad para poner el acento en un tema concreto. A este proyecto ha ido sumando a otras personas que colaboran de manera totalmente desinteresada para que pueda seguir adelante, personas contagiadas del entusiasmo de Miguel Ángel y entre las que hay que hacer una mención muy especial para Lola, sin cuyo apoyo logístico nada saldría adelante.
A través de rutas que con el tiempo se han ido alargando y complicando, Quixocán pone sobre la mesa la situación de personas o colectivos provocando la colaboración de todos a los que va tocando con su sonrisa y sus enormes ganas de hacer cosas.
Primero se trató de una ruta por la provincia de Jaén, en bici, para ayudar a Celia, niña con déficit de Factor V. Luego fue una ruta atravesando Andalucía de este a oeste para pedir una mayor inversión en el Plan de lucha contra la diabetes, aprobado y metido en un cajón y que ahora, ¡oh, casualidad!, empieza a moverse y a estar en las agendas políticas. Ahora, en concreto a partir del próximo día 7 de Abril, se trata de cruzar España, desde Jerez hasta Pamplona, para sensibilizar en la lucha contra la enfermedad de Treacher Collins.
A Miguel Ángel y a Lola, todo esto les provoca no pocos calentamientos de cabeza. Tener que entrenar de manera específica, poner en marcha la logística, acordar reuniones para el camino, organizar eventos solidarios…..
Y él no se lleva nada, ni lo pide. No quiere ninguna donación económica, puesto que no lo hace por eso, y solo acepta patrocinios puntuales en equipamiento necesario para la ruta. Solo pretende arrancar compromisos de colaboración económica y de medios, que gestionarán directamente la asociación nacional de Treacher Collíns, en este caso. Miguel Ángel, Quixocán, va en régimen de supervivencia, acompañado por su galga adoptada Kenya, y afirma que todo el esfuerzo está pagado con la sonrisa y el apoyo de la gente, de su gente, de la que le ve como a un héroe.
Siempre está dispuesto a dar una charla, a participar en un acto, a explicar lo que hace, pero siempre desde la modestia, desde la posición de quien cree que en realidad él no es importante y solo actúa como medio transmisor de una realidad apartada y olvidada pero con la que tienen que convivir muchas personas cada día.
Y así, entregado en cuerpo y alma a hacer un poco más felices a quienes le rodean va transcurriendo la vida de Miguel Ángel. Él no busca las causas, son ellas las que se cruzan en su vida. Y una vez dentro ya no salen, porque pasan a formar parte de ella.
Así es como Miguel Ángel se convierte en un héroe, uno de tantos que hacen que el sol brille un día más lejos de los focos mediáticos y de los grandes foros mundiales, pero que sin su participación nada tendría sentido.
Es posible que de muchos de estos héroes jamás lleguemos a saber sus nombres, de otros hablarán unos minutos en la frenética agonía de los medios de nuestra sociedad, pero lo que sí está claro es que para algunas personas son y siempre serán sus héroes.

domingo, 28 de enero de 2018

SIMPLIFICANDO: SE CARGAN EL CASCO HISTÓRICO



Una semana, y casi mil firmas, después de iniciada la petición para intentar evitar que el asfalto invada nuestro casco histórico, parece que las opciones posibles eran solo dos: o arreglar las calles llenándolas de asfalto y arruinando de este modo la imagen de nuestras calles más tradicionales, o mantenerlas llenas de agujeros y peligrosas para la ciudadanía, especialmente las personas mayores.
Me niego, por razones evidentes, a simplificar de esta forma el motivo de la petición. La tercera opción, la que yo apoyo y la que al menos mil vecinos de Jaén han secundado, pasa por la reparación del suelo tradicional, empedrado, para que las calles mantengan su aspecto original y sean a la vez cómodas y seguras para todas las personas que pasen por ellas.
Ahora se destaca, en la obra llevada a cabo en la calle Fernando IV del barrio del Arrabalejo, que se ha
Foto publicada en La Contracrónica
ganado espacio para los peatones y se han eliminado zonas donde los coches antes impedían el paso de las personas, obligándolas a salirse a mitad de la calle. También se nos habla de la seguridad en cuanto a que ahora el suelo no tiene hoyos ni favorece las caídas.
La pregunta es obvia, ¿todo esto no se podía haber logrado sin necesidad de eliminar el empedrado? ¿No se podían haber eliminado las zonas de aparcamiento irregular hace años o es que hasta ahora nadie se había dado cuenta de lo que estorbaban los coches? ¿Se favorece el uso peatonal de la calle cuando lo que se hace es dejar expedito el camino a los coches siendo además una de las razones de haber acometido esta obra la amenaza, manifestada por algunos vecinos, de los taxistas y otros colectivos de no entrar si no se arreglaba el piso?
En mi opinión hay una falta grave de consideración hacia el caso histórico de la capital, además de una enorme desidia a la hora de valorar alternativas que vayan más allá del arreglo fácil o barato. No sabemos o no queremos saber lo que la parte más antigua e histórica de nuestra ciudad puede aportarnos, a nivel cultural, turístico y económico.
Existen muchos ejemplos que demuestran que un pavimento empedrado, bien mantenido, no supone ningún peligro para nadie y sí que ayuda a un tráfico tranquilo coherente con una zona de calles estrechas y ambiente acogedor.
La petición ha tenido un recorrido inicial más que satisfactorio, pero me gustaría que no quedara ahí. No pretendo, ni mucho menos, convertirla en un icono de la defensa del casco histórico, pero sí que me gustaría que las administraciones empezaran a cuestionarse sus actuaciones de cara a barrios que representan mucho más que simples vías y que tienen una historia y unas características propias que estamos obligados a respetar y mantener.
Con la calle Fernando IV ya vamos tarde, pero la amenaza desde el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Jaén de seguir llenando de asfalto nuestro casco histórico va en serio. Si no lo defendemos nosotros no lo hará nadie, y luego será demasiado tarde.

sábado, 20 de enero de 2018

A vueltas con las Rebajas



Artículo publicado en Andalucía Más Que Verde, blog de
                                                                                                  EQUO Andalucía en Andalucía Información



No nos equivoquemos, nadie da “duros a cuatro pesetas”. Otra cosa es que queramos engañarnos, o dejemos que nos engañen.
La liberalización de los periodos de Rebajas ha tenido como resultado un estado de “Oferta permanente” que no corresponde a lo que se supone que se persigue con estos periodos de bajos precios.
Si 300 de 365 días que tiene el año, hay carteles de Rebajas u Ofertas en los escaparates de las tiendas, o no son tales, o nos están engañando.
Las Rebajas son unas ventas a menor precio encaminadas a liquidar el stock sobrante después de una temporada comercial. Entonces, ¿cómo es posible que se sepa cual es el stock sobrante, si se ponen cuando apenas se ha empezado a vender y aún queda más de la mitad de la temporada por delante? De esta contradicción vienen algunas situaciones que se viven cada día en las tiendas con preguntas del tipo: ….pero, ¿van a venir más? (No, no van a venir más porque si fueran a venir más no sería sobrante y por lo tanto no tendría sentido rebajarlos) o ¿cómo es que no tienes ya, si las Rebajas acaban de empezar? (Pues por la sencilla razón de que los artículos no se compran para las Rebajas, sino para la temporada y lo que sobra es lo que se liquida. ¡Suerte de aquél que a los pocos días de iniciarlas, ya no tiene existencias!)
¿Cómo es posible que apenas cuatro días después de iniciarse una temporada se pongan ya ofertas por periodos de semanas de 15 días o 10 días que realmente duran 20?
¿Cómo se puede explicar, en temporada normal, un descuento generalizado de un 20%, por ejemplo, si no es porque se ha subido previamente ese mismo porcentaje?
En fin, son situaciones normales a diario en cualquier comercio que da una idea bastante clara de que las estrategias comerciales han creado un galimatías en las mentes de los consumidores, que no saben realmente cómo funcionan las Rebajas. Esto lleva a una situación de desconfianza que hace que los clientes no se crean ni siquiera las que realmente son Rebajas, lo que lleva, como tantas otras veces, a un “pagan justos por pecadores”.
Evidentemente a este aluvión de ofertas es muy difícil responder desde el pequeño comercio. De hecho, para los más pequeños, ya es un logro conseguir que sus artículos tengan el mismo precio que una gran cadena, dado que no cuentan con los descuentos y “rapel” por cantidad.
Todo esto, unido a la poca atención que se les presta desde las administraciones, por más que se llenen la boca de apoyos que nunca llegan, y a la tremenda duración de la situación de crisis y recortes que estamos viviendo desde hace ya 10 largos años, hace que la supervivencia del pequeño comercio se antoje cada vez más precaria y desalentadora.
Está muy claro que el pequeño comercio tiene que reinventarse y adaptarse, como lo hace cualquier otro sector económico. Abrir la puerta cada día supone una lucha para conseguir que tu opción sea la elegida por el público. Y son demasiados frentes de batalla los que hay abiertos. Las grandes superficies, las grandes cadenas de distribución, la compra por internet, etc. Ya  no se valora el consejo personal y el trato humano del pequeño comercio. Es más, nos hemos acostumbrado a entrar y salir de las tiendas sin ni tan siquiera saludar e incluso nos extrañamos si nos ofrecen ayuda desde la plantilla del establecimiento.
Pero esa adaptación no servirá de nada si seguimos con calles vacías y lucha desigual,
promocionada además desde todos los ámbitos de la administración, como si en la compra sin límite y en el consumo desaforado residiera la solución a todos los males. Males que, curiosamente, muchos de ellos tienes su origen en el mismo consumismo que nos rodea.
De nuestra forma de comprar y consumir depende en buena medida la sociedad que diseñemos y, por lo tanto, la que les vamos a dejar a nuestros hijos.
Si compramos a golpe de campaña de marca o a fuerza de descuentos y rebajas, estamos reforzando una sociedad consumista y desorganizada que busca la satisfacción en poseer más que en ser y que conduce al mundo a una muerte por “insostenibilidad”.
Valoramos la cantidad en vez de la calidad y no vemos lo que nos dan a cambio, solo el precio que pagamos por ello, con lo que caemos a menudo en la trampa del bajo precio.
Se hace urgente una campaña de apuesta por el comercio de cercanía. Pero no una campaña que consista en una nota de prensa y unas fotos en un mercado, sino una campaña de verdad, que conlleve charlas en colegios y en asociaciones de vecinos, AMPAS, y centros de barrio. Parece una obviedad, pero el buzoneo de las grandes cadenas no se puede contrarrestar con un artículo en un periódico coincidiendo con las compras navideñas.
Además hay que concienciar de lo que supone la apuesta por el pequeño comercio en todo lo que lleva aparejado: empleo, calles limpias y seguras, retorno de la inversión, trabajo de calidad, ciudades y barrios autosuficientes…
Y todo ello teniendo muy en cuenta cual es la situación de buena parte de la sociedad. Una situación de carencias, estrecheces y precarización.
Está muy bien decir que hay que apostar por los productos de proximidad, de calidad, etc. pero esto no es suficiente. Hay mucha gente que no puede elegir. La opción pasa siempre por cubrir sus necesidades en el momento, y no pueden pararse a pensar que gastando un poco más ahora, les saldrá más barato después, porque ahora no tienen más para gastar.
Nos preguntan, ¿cómo es posible que un kilo de fruta (o un par de zapatos, o una camiseta…..) producida de manera ecológica a tres kilómetros de mi casa valga el doble que uno producido a miles de kilómetros de forma extensiva. Y la respuesta está clara, porque ensuciar nuestra salud y nuestro medio ambiente sale gratis. Es a coste cero. Por no hablar de la complicidad en el mantenimiento de la explotación laboral que se sufre en esos otros lugares.
Dejémonos ya de poner paños calientes, sabiendo de antemano que no sirven para nada, y hagamos una apuesta clara por diseñar nuestras ciudades pensando en el beneficio que la ciudadanía puede obtener y no en las cuentas de resultados de los grandes grupos y corporaciones industriales y comerciales.
La próxima vez que salgamos a la calle, simplemente a dar un paseo, parémonos a pensar porqué las calles ahora están más oscuras y solitarias que antes. O porqué ahora tenemos que coger el coche (o algunos afortunados el autobús) y recorrer varios kilómetros para hacer nuestra compra diaria porque vivimos en barrios sin ninguna tienda.
Empecemos a proteger un modo de vida saludable, sostenible y solidario porque, si no, no habrá vida que proteger.