martes, 8 de diciembre de 2015

EL 20D vota a EQUO. Coge la papeleta de PODEMOS



El próximo día 20 habrá mucha gente que irá a votar y se encontrará la sorpresa de no ver la papeleta con el nombre de EQUO.
Y esto será así porque, a pesar de que EQUO sí se presenta a las elecciones, lo hará dentro de las listas de PODEMOS porque así lo hemos decidido la militancia del partido.
Esta frase encierra las dos claves de todo el proceso.
Por un lado demuestra nuestra confianza en los procesos de cooperación política y que, por encima de las
diferencias (grandes en algunos puntos, no tanto en otros) estamos dispuestos a colaborar para conseguir un cambio en la política de este país para hacer que la situación mejore para la mayoría de la población.
Por otro lado es importante porque es una decisión tomada por la militancia del partido, algo que la legitima más allá de cualquier otra cuestión al respecto. Algo que no es normal en nuestro sistema dado que en general se pretende que los militantes actúen como un ordenado y obediente ejército de acólitos. Esto nos cuesta un enorme esfuerzo y unas dolorosas campañas internas, pero nos afianza en nuestras convicciones democráticas y nos hace afrontar el futuro con la seguridad de saber que seremos lo que queramos y lo que decidamos entre nosotros.
En EQUO sabemos que el 20D nos jugamos mucho más que unas simples elecciones generales. Se pone sobre la mesa la posibilidad de que el ansia de cambio de la sociedad llegue al Congreso de los Diputados. Y la ecología política debe ocupar el puesto que le corresponde en ese cambio.
Tal y como está estructurado nuestro sistema electoral cualquier posibilidad de entrar en las instituciones pasa obligatoriamente por que seamos capaces de aglutinar nuestro poder de voto en algunas circunscripciones. La fuerza de nuestros votantes no sirve de nada si no se llega a unos mínimos en cada sitio, lo que hace que se pierdan miles de votos que no llegan a verse representados en la composición de la cámara.
Es por esto por lo que en EQUO hemos pensado que la única manera de responder, por un lado a la trampa de un sistema electoral que trata de perpetuar el poder en las manos de unos pocos y por otro a la necesidad expresada sobradamente en las calles de que el cambio llegue a las instituciones para que acelere la implantación de reformas necesarias y urgentes, es intentar una confluencia amplia que englobara a todas las fuerzas que apoyan un cambio radical y definitivo en nuestra sociedad y en el que se pudieran ver representados todos los ciudadanos que en los últimos años vienen reclamando este cambio.
El camino ha sido duro y difícil. A cada cual le tocará en su momento explicar cual ha sido la razón de las decisiones que haya tomado. El caso es que esa confluencia amplia no ha sido posible y ello nos ha llevado a tener que decidir de qué manera podíamos representar mejor a la ecología ante las elecciones.
Y esa decisión ha sido ir englobados en las listas de PODEMOS a través de un acuerdo electoral.
Por encima de dudas y contradicciones, ha pesado la importancia de saber que el momento es ahora y que tenemos que estar ahí, porque somos necesarios. La crisis social que padecemos, el enorme aumento de las desigualdades y el cambio climático así nos lo atestiguan.
Atrás deben quedar las heridas del proceso. La colaboración en base a las coincidencias debe ser el objetivo y la base sobre la que trabajar. No pensamos igual, es obvio puesto que si lo hiciéramos seríamos un solo partido y no dos, pero sí coincidimos lo suficiente en los objetivos de cambio como para que de nuestra colaboración pueda salir el impulso que haga que todo cambie.
Tampoco creo que se haya cerrado el proceso. La confluencia va más allá del 20D y no debe nunca darse por cerrada. Las puertas no se cierran a la colaboración y seguro que pasada la vorágine de las elecciones se podrán acometer más acuerdos y colaboraciones entre las distintas fuerzas políticas, que incluyan además a quienes no entren en el Parlamento, pero tengan el mismo objetivo que todos nosotros. La gente de la calle, aquellos a los que se les llama “los de abajo” y que simbolizan lo más duro de esta crisis y de todas las crisis por las que nos han hecho pasar, aquellos que siempre están a nuestro lado y a los que debemos nuestro trabajo y para los que nos esforzamos a diario, nos lo están pidiendo. El esfuerzo de confluir y cooperar en política no es nada comparado con el esfuerzo que supone sacar adelante el día a día de miles de familias españolas. 


En este viaje no vamos de vacío. Llevamos nuestro programa , elaborado con la colaboración de toda la militancia, organizaciones sociales y ciudadanos particulares que han querido participar. Nuestro proyecto sigue siendo el mismo, el que los verdes llevamos muchos años defendiendo en el Parlamento europeo y en muchos parlamentos autonómicos y ayuntamientos de la geografía española.
Como dice Naomi Klein en su libro sobre el cambio climático “Esto lo cambia todo”: No existen los Mesías. No vamos a votar por seguidismo fiel ni por odio visceral a nadie. Vamos a hacerlo por unas ideas, por un proyecto, por una sociedad y por un mundo. No somos lo que decimos, o dicen, que somos. Somos lo que hacemos y sabemos con quien coincidimos cuando lo hacemos.
El 20D vota a EQUO, vota a la ecología política, en las listas y la papeleta de PODEMOS

domingo, 14 de diciembre de 2014

GANEMOS JAÉN. RECUPERAR LO QUE NUNCA TUVIMOS



Que el poder reside en el pueblo es algo que, más allá de bonitas frases en textos históricos de referencia, en la práctica deberíamos analizar si se ha conseguido o no llevar a cabo.
Si bien no voy a poner en duda la legitimidad de los gobiernos elegidos democráticamente en nuestro país, es obvio observar que la acción de gobierno que éstos han llevado a cabo se aleja y mucho de lo prometido a la ciudadanía y por lo tanto del mandato otorgado para gestionar y administrar lo público.
De esta situación evidente, convenientemente aderezada con la retahíla de casos de corrupción, que parece ser lo único que une a los políticos de distinto signo, y sumado todo a la evidente predilección de nuestros gobernantes por legislar en apoyo de los intereses de los grandes grupos y corporaciones, surgen tanto movimientos de protesta articulados de diversas maneras, como posiciones personales de desafección hacia algo que forma y formará parte de nuestras vidas, como es la política.
Ante esto estamos viviendo dos procesos paralelos que, en cambio, son incompatibles y por lo tanto están obligados a confrontarse.
Por un lado la llamada “política tradicional” que, en lo que parece un desesperado intento de mantenerse en su status, aprueba leyes e iniciativas encaminadas a calmar los ya estruendosos gritos que piden una regeneración democrática a fondo, que incluya un proceso constituyente.
Por otro están todos aquellos que, hartos de engaños y parches que nada arreglan, dudan de que la solución a los innumerables problemas que el sistema acarrea pueda provenir de los mismos que, con su actitud y forma de hacer política, han provocado la situación actual.
Dentro de estos últimos y después de acontecimientos conocidos por todos como son el 15M o la irrupción de PODEMOS como exponente del hastío colectivo, están los llamados GANEMOS surgidos en distintas poblaciones a lo largo y ancho de la geografía española.
Este proceso forma parte de esa gran marea de empoderamiento ciudadano que,  sin duda, acabará por revolucionar las esferas de poder desplazándose hacia donde, en realidad, nunca ha estado: la ciudadanía.
Como parte importante de estos movimientos, la formación ecologista EQUO viene participando de ellos y colaborando activamente en que se puedan convertir en lo que quieren ser, un movimiento ciudadano articulado en forma de plataforma, en la que “desde abajo” se trata de que sean los propios ciudadanos los que decidan cómo y quién va a gestionar los asuntos públicos. No renunciando en absoluto a la política, sino definiendo una nueva forma de hacerla como es haciéndose corresponsable de lo que los representantes del pueblo lleven a cabo. Es por ello que en los GANEMOS tenga un papel igual de importante el “qué se va a hacer” y el “cómo se va a supervisar qué se hace”
La posición de EQUO no podía ser otra que el apoyo y la participación, puesto que la cooperación política y la responsabilidad de acción son elementos imprescindibles y característicos de todas las iniciativas que hemos venido proponiendo desde el inicio de nuestra andadura política. Sería totalmente incongruente militar en EQUO y no participar en estas plataformas puesto que en sus principios representan lo que desde nuestro partido se viene defendiendo.
Nosotros, los miembros de EQUO, creemos ciegamente en la necesidad de que seamos ciudadanos libres apostando y aportando por el futuro de nuestras ciudades. No actuamos de forma corporativa en los GANEMOS, sino como personas preocupadas y responsables con nuestra ciudad, su porvenir y el de sus ciudadanos.
Tenemos, no obstante, líneas que no vamos a traspasar y que no deben verse como condiciones previas ni como “palos en las ruedas” que arrojemos al carro de GANEMOS, sino como principios que marcan un horizonte al que no podemos renunciar y que están en la misma definición de nuestro ideario. Del mismo modo que desde el principio hemos tenido claro que no íbamos a participar en una coalición que supusiera una simple suma de letras que dejara de lado a los ciudadanos y a los movimientos que vienen desarrollando una extraordinaria labor de construcción de la ciudad, también tenemos claro que no participaremos en un proyecto que no tenga la justicia social, la apuesta por la equidad y la paridad efectiva en nuestra sociedad y la sostenibilidad a largo plazo como referentes de su programa político.
Pero estas líneas son en todo caso algo que llegará, si llega y esperamos que así sea, cuando la asamblea ciudadana y soberana decida si quiere presentarse a las elecciones. Porque, como se dice en el manifiesto de GANEMOS JAÉN este movimiento va más allá de una cita electoral y significa otro modo de hacer nuestra ciudad desde la participación, la colaboración y la responsabilidad de todos.
Antes de que eso llegue, el trabajo de GANEMOS pasa por articular un programa de consenso ciudadano, en el que todas las personas que hemos participado o que puedan acercarse en el futuro, podamos sentirnos representados. Un programa elaborado desde algo que a menudo falta en los programas de los llamados “partidos tradicionales” como es el sentido común. Un elemento que ha venido siendo sustituido por los intereses de partido o por las ambiciones particulares de sus candidatos.
Los partidos políticos, como parte integrante y activa de la vida ciudadana tendrán que tomar las decisiones que consideren oportunas ante el empuje y la realidad que GANEMOS representa. Corresponde a ellos y a las personas que los forman adoptar la posición que estimen sobre todo el proceso. Pero no podemos olvidar que será responsabilidad de todos aprovechar la ocasión de que seamos los ciudadanos los que empecemos realmente a decidir lo que se hace en nuestra ciudad y que, como es lógico, tendremos que dar cuentas de la posición que cada uno haya adoptado.
Que coincidimos en muchas cosas y defendemos soluciones similares en muchos temas es algo obvio y que se pone de manifiesto en multitud de ocasiones. Que los ciudadanos, incluso sin filiación política o con marcado desapego hacia algunas opciones partidistas, comparten en muchos casos las soluciones propuestas se aprecia en las manifestaciones de voluntad popular que se producen en la ciudad y el movimiento de adhesiones que provocan.
Ataques no nos van a faltar y ya lo venimos experimentando. Desde diversos sectores y con distintos intereses se nos tacha de casi todo lo que se les puede ocurrir. Pero todos estos ataques tienen un denominador común, que en la mayoría de los casos los califica a ellos más allá de lo que pueda descalificarnos a nosotros, y es que provienen de personas que nunca se han acercado a alguna de las asambleas convocadas y que no han intentado no ya participar en GANEMOS sino ni siquiera entender que esto es lo que nos está demandando la sociedad.
La situación económica, social, política y medioambiental bien merecen el esfuerzo y la generosidad colectiva que este proyecto nos demanda. Ahora está en nuestras manos llevarlo a cabo.
La pregunta pues es lógica, ¿seremos todos capaces de abandonar rencillas e historias del pasado para poner por delante los intereses de la ciudad y de la ciudadanía o veremos de nuevo pasar otro tren y seremos incapaces de subirnos por culpa de egos e intereses particulares?

jueves, 24 de julio de 2014

#rEvolución se escribe con E de Ecología Política



Vivimos en la sociedad más rica que el hombre haya conocido jamás y a la vez en la que más desigualdad, pobreza y sufrimiento genera.
El sistema está basado en la centralidad de la economía y en la necesidad del crecimiento permanente. Se potencia el egoísmo, la individualidad, la competición por tener. Trabajamos para llegar a ser mejores consumidores. Nos convencen de que tenemos que luchar con los que tenemos al lado para conseguir falsas cotas de bienestar basadas en la posesión material con el argumento de dar el salto a otra clase social en lugar de cooperar para que toda la sociedad se desarrolle rompiendo así la conciencia de clase a la vez que destrozan el sistema de servicios públicos, verdaderos garantes de la igualdad y la cohesión social.
El poder se encuentra concentrado en pequeños grupos que no contentos con habernos convertido en simples consumidores, han hecho de la privatización y posterior comercialización de los bienes imprescindibles y naturales su mayor fuente de ingresos. Me refiero, como no, a la energía y al agua. Estos poderosos grupos sólo buscan afianzarse y agrandar sus inmensas fortunas poniendo en peligro no solo el bienestar sino el propio futuro de la humanidad.
Gracias a ello y a la enorme crisis ecológica que padecemos debido sobre todo a vivir en un sistema que se basa en el crecimiento continuo, usando para ello un planeta con unos límites definidos y con unos techos de producción de materias primas ya bastante cercanos si es que no se han alcanzado ya, en estos momentos podemos decir que nos acercamos a un punto de colapso.
Se impone dar un vuelco a esta situación. Que la gente pueda reconquistar el control sobre todo aquello que le permite vivir y tener unas condiciones de vida dignas. Los bienes comunes no pueden ser el negocio de unos pocos y el lujo inalcanzable de muchos. Es inaplazable demostrar que si no conseguimos que la razón impere en el modo en que gestionamos el planeta, éste dejará de ser suficiente y la pobreza, la desigualdad y la violencia por ellas provocada acabarán extendiéndose por doquier y cuyas consecuencias ya empiezan a apreciarse ostensiblemente.
Ante esto solo cabe una propuesta. Hace falta una revolución. Y ésta debe venir de quienes necesitan que se les devuelva la capacidad para decidir sobre sus vidas y su futuro. Estamos hartos de que el sistema nos obligue a ser meros esclavos. Esclavos de un amo denominado mercado, manejado con mayor o menor disimulo por las grandes corporaciones industriales mundiales.
La globalización ha resultado ser una herramienta para agrandar el mercado disponible para las empresas, en ningún caso hemos “empequeñecido” el mundo para igualar las condiciones de vida. Los países ricos siguen siendo ricos, y cada vez más desiguales, y los países pobres son aún más pobres, esquilmados por la explotación de sus recursos por parte de las empresas del mundo rico y ahogados en las inmensas deudas que han tenido que contraer, después de una colonización que los dejó en la más absoluta ruina.
Así, los ciudadanos solo tenemos un camino posible. Después de ver que las instituciones trabajan para los grupos de presión (los famosos lobbies), que lo que creíamos democracia se ha convertido en un espejismo del que no nos dejan salir intentando convencernos de que es por nuestro propio bien. Cuando vemos que el ciclo de crisis que el capitalismo impone como algo natural y rutinario nos lleva cada vez con mayor énfasis a una situación de deterioro social en el que solo parece que podamos tener derecho a aquello que podemos comprar. Después de asistir impotentes a ver cómo nuestros gobiernos salvan una y otra vez a las empresas que nos han hecho caer en una situación sólo soportable gracias a la solidaridad entre personas mientras no mueven un dedo por evitar los desahucios y la pobreza que los “salvados” han provocado.
Ante todo esto, repito, solo cabe una solución. Hace falta una Revolución.
Una revolución que traiga una verdadera democracia, construida desde abajo, que haga que la sociedad garantice unas mínimas condiciones de vida a todos sus miembros. Que acabe con la corrupción y el clientelismo en política. Que tenga en cuenta los límites del planeta y su necesaria conservación para las generaciones futuras. No se trata de tener soluciones mágicas o de apelar a simples cambios de las caras que gobiernan. Tampoco obtendremos la solución de promesas populistas y “facilonas” que solo buscan el éxito inmediato apelando al corazón y tapando los ojos ante la crisis sistémica que padecemos cargando contra las caras visibles del sistema en lugar de hacerlo contra el sistema en sí. Se trata de que realmente los ciudadanos seamos quienes decidamos lo que queremos hacer y cuando y cómo lo hacemos.
La justicia social, la equidad, la igualdad de derechos, la sostenibilidad representan la profundización de la democracia que tanto reclama la sociedad.
Y todo esto ya hay quien lo defiende y proclama desde hace tiempo. Las fuerzas políticas que antaño representaron la lucha por una sociedad mejor han quedado desfasadas ante la agudización de ciertos problemas. Ya no nos vale sólo con reclamar mejores condiciones laborales, ahora también hay que conseguir que el trabajo, siempre precario y opresor, no se convierta en el fin para el que vivimos. La energía no puede estar en manos de un oligopolio para el que solo importa aumentar su poder que además demuestran sumando a sus plantillas a políticos provenientes de todos los partidos. El paro, la vivienda, la educación, la sanidad, la dependencia, el transporte público…tienen que salir del catálogo de negocios privados y volver al de los servicios públicos intocables. Para usar términos que todos entendamos, la izquierda revolucionaria hoy se llama Ecología Política.
Y si queremos saber el verdadero poder que estas ideas tienen solo tenemos que ver las consecuencias que despiertan. El bloqueo sistemático de nuestras propuestas en los medios de comunicación controlados por las grandes corporaciones, demuestra que las sienten como una amenaza real. El menosprecio a las ideas ecologistas intentando reducir su ámbito a “cuatro pájaros y plantas” va encaminado a cerrar la llegada a otros campos tan importantes en nuestra visión de la sociedad como el paro, la energía o los servicios sociales y la participación ciudadana.
Para valorar el poder revolucionario de una idea sólo tenemos que analizar los esfuerzos que el poder establecido hace para que sea engullida por el sistema. Se trata de utilizar una estrategia de manipulación para conseguir su desactivación. La ecología o la sostenibilidad son términos que el liberalismo ha introducido en su ideario con el fin de desactivar la capacidad revolucionaria que tienen, tratando de reducirlas a meros conceptos faltos de profundidad, cuando significan todo un cambio en el modelo actual.
Lógicamente el camino no va a ser fácil. No olvidemos que se trata de derribar las estructuras de poder y bajar de sus pedestales a todos los que hasta ahora han venido disponiendo de personas y medios para hacer y deshacer a voluntad, haciéndonos pagar las consecuencias y empobreciendo a la mayoría para asegurar su posición. Tampoco podemos despreciar la fuerza de aquellos que son felices siendo “esclavos” y que se conforman con la baga promesa de llegar algún día a poseer más, engañados con la idea de que la felicidad se alcanza con la posesión material.
Por eso no cabe la adaptación del sistema. La propuesta de la ecología política pasa por acabar con él y poner en marcha uno nuevo que ponga a la economía en su sitio, es decir, como herramienta que el ser humano use para acabar con la injusticia y la desigualdad. Buscamos una sociedad mucho más cooperativa, solidaria y, por supuesto, mucho más rica.
Sin duda los poderosos no aceptarán de buen grado semejante cambio en las estructuras de poder. Intentarán vaciar de contenido las propuestas que se hagan desde la ciudadanía, arremetiendo contra las manifestaciones de exigencias de cambio tachándolas de atentados a la misma democracia que ellos han vejado y corrompido. No será fácil, pero será una revolución pacífica, porque llegará a través del convencimiento de la inaplazable necesidad de cambiar el sistema, y que nadie podrá manipular porque una de sus razones será la continua manipulación que de la voluntad popular se ha hecho. Pero cuanto más tardemos en iniciarla más graves pueden ser las consecuencias que se tengan que afrontar. La revolución ciudadana es necesaria y llegará cuando todos estemos convencidos de que no nos dejan otra salida que la de tomar lo que es nuestro.
En el siglo XXI rEvolución se escribe con E de Ecología Política.

miércoles, 11 de junio de 2014

CONFIANZA Y ALTERNATIVAS



Hace unas semanas tuve ocasión de leer un artículo en la edición online del Diario Ideal de Granada en la que se afirmaba que los ciudadanos confían más en los ecologistas que en los políticos.
La lectura de este artículo me mueve a dos consideraciones. La primera ya se desprende del propio título del mismo. La desafección de los ciudadanos hacia los políticos, que por otro lado se la han ganado a pulso, no para de crecer y parece irrecuperable. Esta realidad hace que aquellos que hemos decidido dar un paso adelante y participar en un partido político nos encontremos, incluso no teniendo nada que ver, ni nosotros ni nuestro partido, con todos los tejemanejes habituales en la política de nuestro país, con un clima de
hostilidad que nos dificulta aún más si cabe que podamos llegar a los ciudadanos. La democracia necesita de partidos, de lo que no tiene ninguna necesidad es de “trepas advenedizos” que, usando a los partidos como meros trampolines de su codicia, han arruinado la credibilidad que los ciudadanos otorgaban al sistema político. Los que abogamos por la participación ciudadana como mejor antídoto contra la corrupción sabemos que es difícil hacer llegar nuestro mensaje dado que no contamos con ninguno de los medios de difusión de gran tirada y solo podemos usar aquellos que dependen de nosotros mismos. Si además tenemos que justificar cada día el hecho de que estemos en política a pesar de lo que otros han hecho entonces el camino se vuelve demasiado duro e impenetrable. No estamos aquí para continuar por una senda en la que no creemos. Lo que hacemos lo hacemos pensando en cambiar el sistema, apostando por la regeneración democrática y la participación ciudadana y sabiendo que es el único camino que puede hacernos evitar otros que solo nos conducen a escenarios de dictadura y opresión.
Por otro lado está, ya en la lectura del artículo, la afirmación de que la gravedad de la crisis y las altas cifras de paro hacen que la preocupación por el medio ambiente haya caído dentro de la escala de los problemas que más preocupan a los andaluces.
Está claro que aquí lo primero que debemos entonar los que estamos apoyando y dando a conocer el proyecto de EQUO es un alto y claro “mea culpa”. Por alguna razón, quizá entroncada con los párrafos anteriores, no estamos pudiendo hacer ver a la sociedad que no se trata de elegir entre unos y otros problemas. Al contrario, la ecología y el cuidado y la protección del medio ambiente son la mejor arma que tenemos para defendernos de la crisis económica y el paro. La Ecología Política aboga por conseguir la sostenibilidad de manera transversal, es decir en todas y cada una de las políticas que se pongan en marcha. Y, en palabras del coportavoz de EQUO Andalucía, Esteban de Manuel, no hay nada más insostenible que seis millones de parados.
Afrontar esta crisis con soluciones parciales no dará ningún resultado puesto que no es una crisis de “parcelas”, se trata de una crisis total, sistémica. Estamos delante de una situación a la que debemos enfrentarnos desde todas las vertientes que la componen, económica, medioambiental, social, y el hecho de haber estado explotando el planeta como si sus recursos fueran ilimitados es sin duda la más importante. Hablar de ecología en política es mucho más que hablar de árboles y animales. Es hablar de energía, de alimentación, de sanidad, de economía, de derechos sociales, de democracia y, como no, de medio ambiente.
Tenemos que conseguir que los ciudadanos entiendan que la ecología no es algo para ocupar nuestras
 mentes cuando no tenemos otros problemas. Se trata de elegir si lo que queremos para el futuro, para nuestros hijos, es que sigan viviendo en este sistema que garantiza la pobreza y la desigualdad para una buena parte de la población, condenada a convertirse en meros consumidores abandonados por el sistema a disfrutar sólo de aquello que pueden permitirse pagar, o preferimos hacer posible el cambio hacia un modelo sostenible, responsable, que tenga como objetivo el desarrollo humano sin poner en peligro ni a las generaciones futuras ni al entorno en el que todos debemos desenvolvernos.
Hoy en día esta opción existe. Se puede elegir votar a un partido que propone cambiar a un sistema que no mida el bienestar de la gente en cuánto es capaz de endeudarse. Que sea capaz de revelarse contra los lobbies que tratan de decidir cada una de las políticas que se ponen en marcha, y ponga por delante los intereses de la ciudadanía a los de aquellos grupos que basan todo su poder en su capacidad de intimidación y manipulación a su favor y que no dudan en poner en peligro la economía mundial si con ello logran afianzar su posición de privilegio.
A pesar de la preocupación por el medio ambiente y a pesar de diferentes posicionamientos públicos apostando por afrontar un modelo de desarrollo sostenible y un cambio en el modelo productivo todo esto no se traduce en la subida clara de la opción que representa la ecología política en nuestro país. Mucha gente piensa que la defensa del medio ambiente va en casi todos los programas de los partidos tradicionalmente llamados de izquierdas. Pero una simple mirada a la realidad del día a día nos lleva a concluir que es solo una parte meramente propagandística de sus programas. No se explica si no que partidos que dicen apostar claramente por la conservación del medio ambiente voten a favor de reabrir la mina de Aznalcóllar, en lugar de apostar decididamente por hacer un cambio en la economía y en el modelo de la comarca afectada por el peor desastre medioambiental de nuestra comunidad; o que mantengan en vigor licencias de exploración (y seguro más adelante explotación) de gas de enquisto a través del Fracking.
No somos lo que decimos que somos, somos lo que hacemos y tenemos que tenerlo claro y tenemos que dejarlo claro: si queremos ecología, hay que votar ecología.
Como ciudadanos que somos no pedimos nada que no queramos para nosotros mismos.
Particularmente yo no quiero convencer a nadie de nada con estas líneas. Me conformo con provocar el interés por el proyecto y de que decidan informarse. Estoy seguro de que lo demás vendrá solo.

jueves, 21 de noviembre de 2013

RENTA BÁSICA, UNA UTOPÍA REAL Y NECESARIA



Sería lógico pensar que un artículo sobre Renta Básica, escrito en la semana europea por la Renta Básica, debería empezar con una definición sobre lo que es la Renta Básica.
Pero creo que es más importante que antes nos hagamos una pregunta y según sea la respuesta que cada uno tenga para ella nos marcará el punto de partida ante este tema.
La política económica de un país, ¿es un simple conjunto de medidas para garantizar que el sistema económico en el que vivimos se mantenga, manteniendo de esta manera las enormes diferencias entre unos ciudadanos y otros, o es un instrumento que los gobiernos tienen y deberían usar para luchar contra la pobreza y en fomento de la igualdad?
A partir de aquí sí podemos dar una definición de Renta Básica. La Renta Básica es una cantidad, recibida por todos los ciudadanos, de manera universal e incondicional, que paga el Estado, y cuyo fin es garantizar un nivel de vida mínimo para todos los ciudadanos propiciando que el acceso a las necesidades básicas de todos y cada uno de nosotros no sea un lujo al alcance sólo de algunos.
Ante esto está claro que implantar esta medida puede ser el punto de inflexión que cambie definitivamente nuestra sociedad, así como que hacerlo no sería en absoluto algo aislado sino que debería ir acompañado de una reforma total de nuestro sistema fiscal, así como una redefinición de lo que son los subsidios y las ayudas de la Administración.
El argumento inicial de recibir una renta por el mero hecho de haber nacido tiene como reflejo inmediato el reproche de que en ese caso nadie va a querer trabajar. Esto, unido al pensamiento de que no sería posible financiarlo hace que el escepticismo y la desconfianza sean el sentir usual en cualquier persona que oye hablar de Renta Básica por primera vez.
Hay que entender que no se trata de pagar una cantidad que nos permita vivir con todo lujo, sino que nos dé para cubrir nuestras necesidades básicas. Para comprender el alcance y la financiación de la Renta Básica hay que analizar lo que se busca con ella, que no es otra cosa que dotarnos a todos de la libertad suficiente para poder independizarnos de aquellos trabajos que nos condenan a ser esclavos de un concepto que nos conduce a vivir para trabajar, haciendo que todo aquello que todos entendemos como “disfrutar de la vida” sea un lujo solo al alcance de unos pocos privilegiados que lo consiguen a costa del trabajo de los demás.
El trabajo, entendido como la actividad que tiene como fin producir algo, no puede limitarse ni a los trabajos remunerados, ni a aquellas actividades en las que el producto es algo físico que puede luego venderse o manipularse. Todos conocemos a muchísimas personas que trabajan de sol a sol en el cuidado de mayores, en atender a la familia, en lo que se suele denominar “mirar por los demás”, trabajos sociales de vital importancia en la sociedad de las prisas y la competitividad en la que vivimos y que no reciben ningún tipo de remuneración económica por ello pero que si de pronto, un día, decidieran dejar de hacerlo provocarían un auténtico problema al resto de la sociedad,  a pesar de que en general suelen ser invisibles a la mayoría. La sociedad debería, por lo que recibe a cambio, recompensar a estas personas.
Y todos conocemos a muchísimas personas que trabajan de sol a sol, a cambio de un salario pero cuya vida se circunscribe a ir cada día a trabajar esperando que llegue el fin de semana para poder ver cómo crecen sus hijos o como gana su equipo, o como “el de la tele hace bricolaje” o lo que quiera que a él/ella le gustaría hacer con su vida de no ser porque no tiene tiempo casi ni para pensarlo. Se dedican a trabajar para conseguir una vida mejor, mientras la vida real, que podría ser mucho mejor de lo que es, pasa por delante de sus narices sin que lleguen a disfrutar de ella. Y la sociedad debería procurar una vida mejor para todos y cada uno de sus miembros y que no sea un camino de trabajo, compras, infelicidad y vacío.
Todo ello al margen de que para mucha gente hoy en día poder comer a diario, poder calzarse o vestirse, poner la calefacción, ir a la universidad y muchas más cosas se han convertido en un lujo que no se pueden permitir.
Está demostrado que a partir de un cierto nivel de renta, justo aquel que nos garantiza que nuestras necesidades básicas están cubiertas, cualquier incremento de aquélla no repercute en aumentar nuestra felicidad, al contrario lo que provoca es que cada vez nos convirtamos más en engranajes de la maquinaria que define el concepto de trabajar más, para cobrar más, para poder gastar más endeudándonos más, lo que nos lleva a trabajar más para poder mantener ese ritmo de vida.
La Renta Básica cubre ese umbral de necesidades por lo que garantiza la estabilidad y el nivel de vida básico para todos permitiendo, como no puede ser de otro modo, que cualquiera pueda aumentar sus ingresos por medio del trabajo, como hasta ahora, pero permitiendo también que cuando una persona se enfrenta al día a día lo haga con la tranquilidad de que pase lo que pase tendrá garantizado su derecho a la vivienda, al vestido, a los servicios básicos y por lo tanto no estará obligado a aceptar cualquier trabajo en las condiciones que sean para poder al menos comer cada día, él y su familia. Se trata pues de una apuesta decidida por la libertad, la igualdad y la equidad entre las personas.
Lógicamente la implantación de la Renta Básica acarrearía inexorablemente otras reformas de igual calado en la sociedad y el sistema.
En términos económicos conllevaría que el sistema fiscal debería garantizar que todos y cada uno de nosotros paguemos en función a nuestros ingresos, acabar con todas las medidas que hacen que las grandes fortunas paguen, en términos efectivos, menos impuestos que las nóminas de la mayoría de los trabajadores españoles. El sistema fiscal debe tender a ser más proporcional y por supuesto menos dado a la trampa y el subterfugio. Que pague más quien más tiene, algo tan sencillo y a la vez tan complicado de llevar a cabo.
Del mismo modo la Renta Básica acabaría también con toda la cantidad de subsidios y ayudas que a día de hoy se dan por parte de la administración y en las que se van cada año miles de millones y que tienen siempre unos umbrales de entrada y unos condicionantes que hacen que la picaresca y el fraude campen a sus anchas y perjudiquen muchas veces a personas que realmente deberían estar cobrando esas ayudas.
Estos hechos, el acabar con todas las demás ayudas y subvenciones y la redefinición de la fiscalidad, ayudan a comprender de donde puede salir la financiación de la Renta Básica.
Evidentemente, ante la característica de universalidad de esta renta, a la pregunta recurrente de si, por ejemplo, D. Emilio Botín cobraría también esa Renta Básica la respuesta es que sí, como todos los demás ciudadanos. El problema, para él, es que seguro que con la reforma fiscal planteada pagaría mucho más de esa cantidad en impuestos, que servirían entre otras cosas para financiarla. Se suele decir que aproximadamente un 40% de las personas verían mejorar su nivel de vida con la Renta Básica, otro 40% se quedaría prácticamente igual y un 20% pasaría a pagar más de lo que recibiría.
Por último, pero en absoluto menos importante, la implantación de una medida como es la Renta Básica tiene que llevar aparejada una importante reforma educativa. Un sistema que promueve la idea de que eres más feliz según la cantidad de cosas materiales que te puedes permitir nunca va a aceptar la idea de una renta básica, porque la competitividad como idea principal de la sociedad está reñida con la solidaridad y el cooperativismo que inspiran los principios de la Renta Básica. A nuestros hijos se les enseña y se les educa en el principio del “tanto tienes tanto vales” y en cambio no se les hace apreciar que lo realmente importante en la vida es la felicidad, y que a ella no se llega con cosas materiales, sino con todos aquellos valores que tienen cada vez más vedado su paso por esta sociedad que no nos ve como ciudadanos sino como productores-consumidores.
En una sociedad con seis millones de parados, con miles de familias desahuciadas, con cada vez más dificultades en el acceso a servicios básicos como la educación o la sanidad, con recortes recurrentes en todos los servicios públicos acompañados de incrementos en las facturas de suministro de elementos básicos, como el agua, la luz, el gas…el disponer de una renta que nos permita esquivar la pobreza sería sin duda poder garantizar que vivimos en una sociedad realmente solidaria y comprometida de verdad con el fin de la pobreza y con la alienación de todas las personas.
Renta Básica, reparto del trabajo, renta máxima, reforma del sistema fiscal, nuevo modelo energético más democrático y sostenible, reforma del sistema electoral para hacerlo más justo y proporcional, son reformas que la humanidad tiene que emprender más temprano que tarde si no quiere verse abocada a su propio ocaso.
El camino no es fácil, ni corto, porque la desigualdad crea mercados y los mercados crean fortunas pero sin duda es el camino que la humanidad tiene que emprender si quiere realmente garantizarse un futuro de libertad e igualdad por el que valga la pena luchar. Cuanto antes salgamos, antes recorreremos el camino.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Intervención como invitado al acto sobre Democracia y Participación Ciudadana, organizado por el Frente Cívico Somos Mayoría de Jaén



Decir a estas alturas que estamos viviendo una crisis sistémica, (económica, social, ambiental) es algo que no sorprende a nadie. Si queremos salir de esta crisis de una manera firme y no que nos saquen para convertirnos en carne de cañón como está pasando, nosotros estamos convencidos de que hay que hacerlo afrontando todas las vertientes que la componen, y uno de los resultados de esta crisis y que hay que afrontar con urgencia es la desconfianza y el desapego de los ciudadanos hacia la política y los políticos. Pero, no nos engañemos, la política es más importante que nunca. No confundamos la política con el uso que de ella hacen muchos políticos y tampoco olvidemos que hay muchísimos políticos que cada día hacen un trabajo extraordinario luchando por los intereses de los ciudadanos, y que no tienen nada que ver con lo que hacen los chorizos responsables de los Bárcenas, ERES, y demás.
Si pensamos que vivimos en una democracia que permite que haya 6 millones de parados, que permite que miles de personas sean desalojadas de sus viviendas por unos bancos a los que entre todos les estamos pagando el coste de sus malas prácticas y los resultados de su ambición desmedida, en la que los dos principales partidos aceptan modificar la Constitución para poner por delante los intereses del capital por encima de los de los ciudadanos, en la que se calcula que ya hay un 10% de la población que no podrá permitirse este invierno poner la calefacción, en la que se legisla a base de decretos y recortes en los servicios sociales que no hacen sino ahondar en la fractura social y poner mucho más difícil la vida de la ya más que castigada clase trabajadora a la vez que comprobamos cada día que la corrupción ha sido la norma en la actuación de muchos de nuestros gobernantes…la verdad es que con todo esto y mucho más que está pasando nos sale una Democracia bastante patética y raquítica que se acerca al concepto que nos quieren inculcar de que vivir en democracia es acudir cada cuatro años a votar, cuando es mucho más que eso.
Creemos que tanto en España como en Europa hay un objetivo común: reiniciar la democracia propiciando un proceso constituyente. Sin este proceso no podemos hablar en serio de Democracia. Vivimos una dictadura financiera de la Troika que está gestionando la crisis en interés del sector financiero y de los grandes oligopolios.
Éste es sin duda un objetivo que sobrepasa a un partido político e incluso a una coalición de partidos políticos. Hay que avanzar hacia ese objetivo trabajando de forma activa y positiva con la ciudadanía.
La participación de la ciudadanía en la política y en la toma de decisiones es fundamental. No se concibe crear un modelo de ciudad o de país; un proyecto de futuro, sin contar con la opinión y la participación de los que lo van a llevar a cabo y los que van a tener que vivir en ese modelo. El problema es que nadie quiere participar en algo en lo que no cree. Nadie se cree ya que la composición del Parlamento responde a lo que realmente votamos los españoles. Tenemos que conseguir que los ciudadanos vean que pueden participar y que su opinión cuenta. Hay que conseguir que cada voto valga lo mismo y que nadie pueda utilizar el sistema en su propio beneficio y luego marcharse de “rositas”. Es fundamental implementar medidas que permitan la participación de la ciudadanía: ILP’s, referéndums, listas abiertas, primarias, democracia 2.0, no pueden ser sólo conceptos sino que tienen que ser realidades.
Lógicamente, igual que pedimos aumentar las posibilidades de participación de los ciudadanos en la política a nivel nacional también lo hacemos a nivel local. No entendemos una ciudad en la que se gobierna sin consultar a los ciudadanos, en la que las asociaciones y colectivos se enteran de los proyectos cuando ya están redactados. Participación ciudadana no es periodo de alegaciones, es mucho más que eso. Queremos una ciudad abierta y participativa, en la que unos ciudadanos participando en un pleno no sea una excepción sino la norma. Hace falta que el Ayto. sea la casa de todos y no el cortijo de nadie. Y por supuesto y no menos importante hay que avanzar en el respeto a los demás y a su diferente forma de pensar. Participando, colaborando y debatiendo es posible avanzar y construir, al contrario de lo que pasa ahora que vivimos en un sistema en el que las legislaturas consisten en desmontar lo que hubieran hecho los anteriores y trabajar sabiendo que cuando lleguen otros desmontarán lo que se está haciendo.
Los ciudadanos estamos hartos de que nos usen como moneda de cambio y acabemos pagando la factura de los enfrentamientos entre administraciones que es lo que parece que da sentido a la actuación política de nuestros gobernantes y no responder a las necesidades de los ciudadanos a los que se deben.
Me gustaría acabar con dos ejemplos de lo que entienden algunos por participación y lo que entendemos otros. En el pleno de hoy la Plataforma Por Un PGOU Para La Ciudadanía había pedido tomar la palabra para intentar obtener respuestas a algunas preguntas planteadas desde hace tiempo y que el equipo de Gobierno no había tenido a bien contestar, pues ante esa petición la respuesta es un informe del secretario general del Ayto. en el que se indica que la posibilidad de tomar la palabra en el pleno está sujeta a la discrecionalidad del alcalde.
En el otro lado reseñar la experiencia #CongresoTransparente que ha puesto en marcha por segunda vez el diputado de Compromis-EQUO en las Cortes en la que el sentido del voto de este diputado se ha decidido a través de una plataforma web en la que han podido votar todas aquellas personas que han querido, sean o no militantes o simpatizantes de EQUO.

Nada más, muchas gracias.

jueves, 24 de octubre de 2013

LIBERTAD PARA LOS DEFENSORES DEL PLANETA

¿Es lícita una ley que permite defender los intereses de unos pocos en perjuicio de todos los demás? ¿Puede un Gobierno poner en peligro el futuro de la inmensa mayoría de la humanidad y no pasar nada? ¿Puede un gobierno detener y encarcelar a aquellos que no se han conformado y que han decidido ir a combatir sin armas, con ideas y valentía, en nombre del Planeta? ¿Puede, por fin, quedar impune quien destroza la riqueza y el equilibrio natural para satisfacer la ambición de poder y riqueza de unos pocos empezando por ellos mismos?
Alguien me dijo una vez que las personas se aman y las cosas se usan y que mal vamos cuando las cosas se aman y las personas se usan. Pues peor vamos si se usan a las personas, se destruye la posibilidad de un mundo mejor y solo se ama el poder. Y solo hay una cosa que puede empeorarlo aún más: que lo consintamos.
Libertad para los integrantes de Greenpeace detenidos en Rusia.
Si alguien lucha por nosotros lo menos que podemos hacer es luchar nosotros por él.