domingo, 9 de diciembre de 2018

PERDIDO



Estoy cansado de perder. Últimamente no hago otra cosa.
No me preocupa lo que pueda haber perdido materialmente, si merecía la pena se puede recuperar y si no, ¿para qué?
Lo que me duele es haber perdido mis ganas de reír, mi capacidad para aprender, mi ilusión por llegar a más.
Perdí la capacidad de sorprenderme y las ganas de hacerlo.
No sé dónde dejé mis fuerzas para ser y para estar. He perdido mis ganas de hacer y mi entusiasmo por
participar.
No me quedan ansias por cambiar ni ímpetu para movilizar a los demás.
No sé dónde quedaron mi capacidad de amar y mi predisposición a ser amado. Mis ganas de besar y de ser besado.
Si alguna vez tuve atractivo físico, éste se basaba en mi seguridad, mi sonrisa y mi sentido del humor. Perdidos éstos, desaparecido aquél.
Y lo he perdido yo, no me lo han arrebatado, porque perdí mi capacidad de luchar, mi ansia de rebelión, mi creencia en la revolución.
No me importa quién ha ganado, también eso lo he perdido. Solo me importa que he perdido.
He perdido el camino de vuelta.
He perdido mis ganas de buscarlo.

sábado, 24 de marzo de 2018

Pequeños gestos que hacen un héroe



Estamos acostumbrados a movilizarnos solo a base de grandes gestos, de fechas señaladas o tragedias mediáticas. Nunca un héroe de Marvel lo fue por salvar a un gato o por defender a un enfermo sin derecho a un tratamiento que le salve la vida, siempre tuvo que salvar al mundo de la destrucción a manos de un monstruo mutante o de un villano de talla mundial.
Y esos no son los héroes. Para mí hay unas personas que cada día se cuelgan la vitola de heroicidad sin hacer grandes alardes y sin apenas darle importancia, luchando por los demás con pequeños gestos que hacen siempre un doble efecto: trasladan comprensión y humanidad y provocan movilización y solidaridad.
Yo tengo la suerte de conocer a uno de estos héroes. Se trata de Miguel Ángel, un jienense que tiene la peregrina y absurda idea de que solidaridad y deporte forman la pareja perfecta.
Ya ves, cualquier cosa, querer mover el mundo sin dinero de por medio. Pufff.
Y lo mejor de todo es que lo consigue.
¿Qué, cómo te has quedado? A que ahora quieres saber más. Claro, eso me pasó a mí.
El caso es que Miguel Ángel tiene una cualidad que no hace más que buscarle problemas, se trata de
Miguel Ángel, "Quixocan", con su inseparable Kenya
un corazón como “la torre de una Catedral”. En ese corazón se le mete igual una niña con una enfermedad de las llamadas raras que un cachorro abandonado, el caso es que una vez que está dentro ya es incapaz no solo de sacarlo sino de quedarse quieto, sin hacer nada al respecto.
Por eso, hace ya algún tiempo decidió dar forma al Proyecto Quixocán, una iniciativa que consiste en aunar deporte y solidaridad para poner el acento en un tema concreto. A este proyecto ha ido sumando a otras personas que colaboran de manera totalmente desinteresada para que pueda seguir adelante, personas contagiadas del entusiasmo de Miguel Ángel y entre las que hay que hacer una mención muy especial para Lola, sin cuyo apoyo logístico nada saldría adelante.
A través de rutas que con el tiempo se han ido alargando y complicando, Quixocán pone sobre la mesa la situación de personas o colectivos provocando la colaboración de todos a los que va tocando con su sonrisa y sus enormes ganas de hacer cosas.
Primero se trató de una ruta por la provincia de Jaén, en bici, para ayudar a Celia, niña con déficit de Factor V. Luego fue una ruta atravesando Andalucía de este a oeste para pedir una mayor inversión en el Plan de lucha contra la diabetes, aprobado y metido en un cajón y que ahora, ¡oh, casualidad!, empieza a moverse y a estar en las agendas políticas. Ahora, en concreto a partir del próximo día 7 de Abril, se trata de cruzar España, desde Jerez hasta Pamplona, para sensibilizar en la lucha contra la enfermedad de Treacher Collins.
A Miguel Ángel y a Lola, todo esto les provoca no pocos calentamientos de cabeza. Tener que entrenar de manera específica, poner en marcha la logística, acordar reuniones para el camino, organizar eventos solidarios…..
Y él no se lleva nada, ni lo pide. No quiere ninguna donación económica, puesto que no lo hace por eso, y solo acepta patrocinios puntuales en equipamiento necesario para la ruta. Solo pretende arrancar compromisos de colaboración económica y de medios, que gestionarán directamente la asociación nacional de Treacher Collíns, en este caso. Miguel Ángel, Quixocán, va en régimen de supervivencia, acompañado por su galga adoptada Kenya, y afirma que todo el esfuerzo está pagado con la sonrisa y el apoyo de la gente, de su gente, de la que le ve como a un héroe.
Siempre está dispuesto a dar una charla, a participar en un acto, a explicar lo que hace, pero siempre desde la modestia, desde la posición de quien cree que en realidad él no es importante y solo actúa como medio transmisor de una realidad apartada y olvidada pero con la que tienen que convivir muchas personas cada día.
Y así, entregado en cuerpo y alma a hacer un poco más felices a quienes le rodean va transcurriendo la vida de Miguel Ángel. Él no busca las causas, son ellas las que se cruzan en su vida. Y una vez dentro ya no salen, porque pasan a formar parte de ella.
Así es como Miguel Ángel se convierte en un héroe, uno de tantos que hacen que el sol brille un día más lejos de los focos mediáticos y de los grandes foros mundiales, pero que sin su participación nada tendría sentido.
Es posible que de muchos de estos héroes jamás lleguemos a saber sus nombres, de otros hablarán unos minutos en la frenética agonía de los medios de nuestra sociedad, pero lo que sí está claro es que para algunas personas son y siempre serán sus héroes.

domingo, 28 de enero de 2018

SIMPLIFICANDO: SE CARGAN EL CASCO HISTÓRICO



Una semana, y casi mil firmas, después de iniciada la petición para intentar evitar que el asfalto invada nuestro casco histórico, parece que las opciones posibles eran solo dos: o arreglar las calles llenándolas de asfalto y arruinando de este modo la imagen de nuestras calles más tradicionales, o mantenerlas llenas de agujeros y peligrosas para la ciudadanía, especialmente las personas mayores.
Me niego, por razones evidentes, a simplificar de esta forma el motivo de la petición. La tercera opción, la que yo apoyo y la que al menos mil vecinos de Jaén han secundado, pasa por la reparación del suelo tradicional, empedrado, para que las calles mantengan su aspecto original y sean a la vez cómodas y seguras para todas las personas que pasen por ellas.
Ahora se destaca, en la obra llevada a cabo en la calle Fernando IV del barrio del Arrabalejo, que se ha
Foto publicada en La Contracrónica
ganado espacio para los peatones y se han eliminado zonas donde los coches antes impedían el paso de las personas, obligándolas a salirse a mitad de la calle. También se nos habla de la seguridad en cuanto a que ahora el suelo no tiene hoyos ni favorece las caídas.
La pregunta es obvia, ¿todo esto no se podía haber logrado sin necesidad de eliminar el empedrado? ¿No se podían haber eliminado las zonas de aparcamiento irregular hace años o es que hasta ahora nadie se había dado cuenta de lo que estorbaban los coches? ¿Se favorece el uso peatonal de la calle cuando lo que se hace es dejar expedito el camino a los coches siendo además una de las razones de haber acometido esta obra la amenaza, manifestada por algunos vecinos, de los taxistas y otros colectivos de no entrar si no se arreglaba el piso?
En mi opinión hay una falta grave de consideración hacia el caso histórico de la capital, además de una enorme desidia a la hora de valorar alternativas que vayan más allá del arreglo fácil o barato. No sabemos o no queremos saber lo que la parte más antigua e histórica de nuestra ciudad puede aportarnos, a nivel cultural, turístico y económico.
Existen muchos ejemplos que demuestran que un pavimento empedrado, bien mantenido, no supone ningún peligro para nadie y sí que ayuda a un tráfico tranquilo coherente con una zona de calles estrechas y ambiente acogedor.
La petición ha tenido un recorrido inicial más que satisfactorio, pero me gustaría que no quedara ahí. No pretendo, ni mucho menos, convertirla en un icono de la defensa del casco histórico, pero sí que me gustaría que las administraciones empezaran a cuestionarse sus actuaciones de cara a barrios que representan mucho más que simples vías y que tienen una historia y unas características propias que estamos obligados a respetar y mantener.
Con la calle Fernando IV ya vamos tarde, pero la amenaza desde el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Jaén de seguir llenando de asfalto nuestro casco histórico va en serio. Si no lo defendemos nosotros no lo hará nadie, y luego será demasiado tarde.

sábado, 20 de enero de 2018

A vueltas con las Rebajas



Artículo publicado en Andalucía Más Que Verde, blog de
                                                                                                  EQUO Andalucía en Andalucía Información



No nos equivoquemos, nadie da “duros a cuatro pesetas”. Otra cosa es que queramos engañarnos, o dejemos que nos engañen.
La liberalización de los periodos de Rebajas ha tenido como resultado un estado de “Oferta permanente” que no corresponde a lo que se supone que se persigue con estos periodos de bajos precios.
Si 300 de 365 días que tiene el año, hay carteles de Rebajas u Ofertas en los escaparates de las tiendas, o no son tales, o nos están engañando.
Las Rebajas son unas ventas a menor precio encaminadas a liquidar el stock sobrante después de una temporada comercial. Entonces, ¿cómo es posible que se sepa cual es el stock sobrante, si se ponen cuando apenas se ha empezado a vender y aún queda más de la mitad de la temporada por delante? De esta contradicción vienen algunas situaciones que se viven cada día en las tiendas con preguntas del tipo: ….pero, ¿van a venir más? (No, no van a venir más porque si fueran a venir más no sería sobrante y por lo tanto no tendría sentido rebajarlos) o ¿cómo es que no tienes ya, si las Rebajas acaban de empezar? (Pues por la sencilla razón de que los artículos no se compran para las Rebajas, sino para la temporada y lo que sobra es lo que se liquida. ¡Suerte de aquél que a los pocos días de iniciarlas, ya no tiene existencias!)
¿Cómo es posible que apenas cuatro días después de iniciarse una temporada se pongan ya ofertas por periodos de semanas de 15 días o 10 días que realmente duran 20?
¿Cómo se puede explicar, en temporada normal, un descuento generalizado de un 20%, por ejemplo, si no es porque se ha subido previamente ese mismo porcentaje?
En fin, son situaciones normales a diario en cualquier comercio que da una idea bastante clara de que las estrategias comerciales han creado un galimatías en las mentes de los consumidores, que no saben realmente cómo funcionan las Rebajas. Esto lleva a una situación de desconfianza que hace que los clientes no se crean ni siquiera las que realmente son Rebajas, lo que lleva, como tantas otras veces, a un “pagan justos por pecadores”.
Evidentemente a este aluvión de ofertas es muy difícil responder desde el pequeño comercio. De hecho, para los más pequeños, ya es un logro conseguir que sus artículos tengan el mismo precio que una gran cadena, dado que no cuentan con los descuentos y “rapel” por cantidad.
Todo esto, unido a la poca atención que se les presta desde las administraciones, por más que se llenen la boca de apoyos que nunca llegan, y a la tremenda duración de la situación de crisis y recortes que estamos viviendo desde hace ya 10 largos años, hace que la supervivencia del pequeño comercio se antoje cada vez más precaria y desalentadora.
Está muy claro que el pequeño comercio tiene que reinventarse y adaptarse, como lo hace cualquier otro sector económico. Abrir la puerta cada día supone una lucha para conseguir que tu opción sea la elegida por el público. Y son demasiados frentes de batalla los que hay abiertos. Las grandes superficies, las grandes cadenas de distribución, la compra por internet, etc. Ya  no se valora el consejo personal y el trato humano del pequeño comercio. Es más, nos hemos acostumbrado a entrar y salir de las tiendas sin ni tan siquiera saludar e incluso nos extrañamos si nos ofrecen ayuda desde la plantilla del establecimiento.
Pero esa adaptación no servirá de nada si seguimos con calles vacías y lucha desigual,
promocionada además desde todos los ámbitos de la administración, como si en la compra sin límite y en el consumo desaforado residiera la solución a todos los males. Males que, curiosamente, muchos de ellos tienes su origen en el mismo consumismo que nos rodea.
De nuestra forma de comprar y consumir depende en buena medida la sociedad que diseñemos y, por lo tanto, la que les vamos a dejar a nuestros hijos.
Si compramos a golpe de campaña de marca o a fuerza de descuentos y rebajas, estamos reforzando una sociedad consumista y desorganizada que busca la satisfacción en poseer más que en ser y que conduce al mundo a una muerte por “insostenibilidad”.
Valoramos la cantidad en vez de la calidad y no vemos lo que nos dan a cambio, solo el precio que pagamos por ello, con lo que caemos a menudo en la trampa del bajo precio.
Se hace urgente una campaña de apuesta por el comercio de cercanía. Pero no una campaña que consista en una nota de prensa y unas fotos en un mercado, sino una campaña de verdad, que conlleve charlas en colegios y en asociaciones de vecinos, AMPAS, y centros de barrio. Parece una obviedad, pero el buzoneo de las grandes cadenas no se puede contrarrestar con un artículo en un periódico coincidiendo con las compras navideñas.
Además hay que concienciar de lo que supone la apuesta por el pequeño comercio en todo lo que lleva aparejado: empleo, calles limpias y seguras, retorno de la inversión, trabajo de calidad, ciudades y barrios autosuficientes…
Y todo ello teniendo muy en cuenta cual es la situación de buena parte de la sociedad. Una situación de carencias, estrecheces y precarización.
Está muy bien decir que hay que apostar por los productos de proximidad, de calidad, etc. pero esto no es suficiente. Hay mucha gente que no puede elegir. La opción pasa siempre por cubrir sus necesidades en el momento, y no pueden pararse a pensar que gastando un poco más ahora, les saldrá más barato después, porque ahora no tienen más para gastar.
Nos preguntan, ¿cómo es posible que un kilo de fruta (o un par de zapatos, o una camiseta…..) producida de manera ecológica a tres kilómetros de mi casa valga el doble que uno producido a miles de kilómetros de forma extensiva. Y la respuesta está clara, porque ensuciar nuestra salud y nuestro medio ambiente sale gratis. Es a coste cero. Por no hablar de la complicidad en el mantenimiento de la explotación laboral que se sufre en esos otros lugares.
Dejémonos ya de poner paños calientes, sabiendo de antemano que no sirven para nada, y hagamos una apuesta clara por diseñar nuestras ciudades pensando en el beneficio que la ciudadanía puede obtener y no en las cuentas de resultados de los grandes grupos y corporaciones industriales y comerciales.
La próxima vez que salgamos a la calle, simplemente a dar un paseo, parémonos a pensar porqué las calles ahora están más oscuras y solitarias que antes. O porqué ahora tenemos que coger el coche (o algunos afortunados el autobús) y recorrer varios kilómetros para hacer nuestra compra diaria porque vivimos en barrios sin ninguna tienda.
Empecemos a proteger un modo de vida saludable, sostenible y solidario porque, si no, no habrá vida que proteger.

domingo, 17 de diciembre de 2017

DE FUTURO, STAR WARS Y RENTA BÁSICA



Publicado en Andalucía Más Que Verde, blog de EQUO Andalucía en Andalucía Información.

Es curioso como a veces un pensamiento puede estar fraguándose a la vez en dos cabezas alejadas y sin ningún tipo de conexión y en cambio ir en el mismo sentido.
Mientras veía, otra vez, alguna de las películas de la saga Star Wars pensaba en la cantidad de trabajo que se representa realizado por robots y me preguntaba dónde, o mejor aún haciendo qué, estarían las personas que antes se supone que realizaban esos trabajos.
Al día siguiente me encuentro con este artículo en eldiario.es
No pretendo con estas palabras que vienen a continuación que tú, que amablemente les estás dedicando una pequeña porción de tu tiempo, te conviertas en defensor de la Renta Básica, sino que me gustaría que este tema pasara a estar en nuestras cabezas y en nuestras conversaciones habituales.
El tema fundamental que debemos afrontar es qué tipo de sociedad queremos para el futuro. Pero claro, pensando en como llegaremos a esa sociedad futura.
Es evidente que poco a poco la cantidad de empleo disponible está disminuyendo por diferentes razones. Esto nos está llevando a enormes cifras de precariedad, explotación y temporalidad, pero eso es otro tema, aunque directamente relacionado con éste, al que podremos dedicar otro artículo en otro momento.
El aumento y la mejora de los avances tecnológicos hace que cada vez más trabajos penosos y repetitivos sean desempeñados por máquinas diseñadas para ello. También, y como consecuencia de lo anterior, la eficiencia y productividad va en aumento, logrando que trabajos que antes duraban muchos días y eran desempeñados por cuadrillas completas de personas sean ahora llevados a cabo por dos o tres máquinas con la sola supervisión de una o dos personas y en un periodo de tiempo considerablemente inferior.
Esto no tiene porqué ser necesariamente negativo, al contrario. La posibilidad de que no tengamos que hacer ciertos trabajos es un avance extraordinario que no debemos desdeñar.
El problema viene cuando esto ocurre en una sociedad basada en la realización de un trabajo, tanto para conseguir una cierta estabilidad económica como para tener un estatus social. No estamos preparados para esa disminución de empleo y por lo tanto no sabemos qué hacer con las personas que lo van perdiendo.
Si ese trabajo ya no existe y no diseñamos ninguna alternativa estamos condenando a mucha gente a vidas en precario, con graves dificultades para asegurar su subsistencia. La formación en nuevas tecnologías y el reciclaje profesional no son en absoluto la panacea puesto que no todo el mundo puede ser programador ni el mercado puede asumir semejante cantidad de empleos tecnológicos.
Seguro que no es esa la sociedad que quieres, querido lector, a tu alrededor. Una sociedad de miseria y desigualdad.
Pues por desgracia ese es el camino que hemos cogido.
Pero tranquilo, que no todo está perdido.
En ese mundo de tecnología y robots que desempeñan los trabajos más duros, tediosos y peligrosos, hemos de crear una herramienta que nos dote de la capacidad de asegurar la subsistencia, nuestra y de los nuestros. Esa herramienta se llama Renta Básica Universal.
Se trata de asegurar que las necesidades básicas de todas las personas se encuentren cubiertas.
No es una herramienta para volver rica y ociosa a toda la población. Como su propio nombre indica se trata de cubrir las necesidades básicas.
Hay tres preguntas claves que siempre saltan llegados a este punto:
a)      ¿cómo se paga eso?
b)      ¿la recibiría todo el mundo?
c)      ¿alguien trabajaría?
Las respuestas van obteniéndose poco a poco en la medida en que algunos países van poniendo en práctica iniciativas parecidas, con matices, a la Renta Básica.
En cuanto a su viabilidad económica hay que decir que está demostrada y además no solo es posible
sino que no afecta a otras contraprestaciones o servicios públicos. Esta Renta Básica se financia a partir del ahorro en la gestión de las ayudas actualmente en marcha y de la propia cantidad de las mismas. Todo el resto de rentas de inserción que se dan en la actualidad desaparecerían, con lo que además responderíamos, al menos en parte a la tercera cuestión.
La cosa es sencilla, ahora mismo si alguien quiere cobrar alguna renta de inserción tiene que demostrar que no trabaja. Pongámonos por caso en el ejemplo de alguien que cobra 450 euros de una renta de inserción y le ofrecen un trabajo por horas en el que cobrará 500 euros. Evidentemente no lo cogerá puesto que hacerlo le supondría perder la renta y claro, cobrar lo mismo para no hacer nada no es una opción a rechazar.
En cambio en el caso de la Renta Básica hablamos de una renta incondicional, es decir se cobra sean cuales sean las circunstancias de cada uno y no se pierde nunca. Esto anima a buscar un trabajo que complete esa renta y nos permita disfrutar de algunas cosas que con la misma no nos podemos permitir puesto que como hemos dicho se trata de cubrir sólo las necesidades básicas.
Este último párrafo me sirve para contestar a la segunda pregunta, y la respuesta es sí, la cobraría todo el mundo. Da igual que sea una persona sin ingresos o un multimillonario, cobraría la renta básica. Claro, hay una diferencia, mientras que la persona sin ingresos o con ingresos muy bajos cobraría una cantidad muy superior a su aportación en impuestos a las finanzas del Estado, en cambio el multimillonario vería incrementados sus impuestos en una cifra superior a la cantidad recibida.
Hoy en día la sociedad no es sostenible tal y como la tenemos diseñada, y eso es algo que está a la vista. No lo digo yo sino que incluso ya está el tema de la necesidad de implantar una Renta Básica sobre las mesas de foros tan poco sospechosos de ser de izquierdas como el auténtico Foro de Davos. Creamos desigualdad y pobreza y el reparto de todo lo que tenemos se hace de una forma desigual, provocando que la riqueza se acumule en pocas manos que además la incrementan explotando a las personas que se ven necesitadas de seguir desempeñando un trabajo cada vez más explotador y menos y peor retribuido. Y eso por no hablar también de la explotación del planeta de una manera totalmente suicida y que nos conduce a un futuro de miseria, tragedias y cambio climático con guerras por el control de los escasos recursos existentes, que ya podemos ver en muchos lugares del mundo.
Y entonces puede asaltarte otra duda, ¿por qué, si es tan buena esta medida, no se ha implantado ya, si todo el mundo gana con ella?
La explicación viene de la anterior conclusión. Con la Renta Básica no se pondría en marcha una medida económica, sino que sería una medida social. No daríamos dinero a la gente, sino que le estaríamos dando libertad. Una libertad que le serviría para rechazar esa explotación a la que me refería y que le permitiría escoger en qué actividades podría empeñar su tiempo. Tiempo que ya el solo hecho de tenerlo supone un gran adelanto en muchos casos.
Este tema da para mucho más y con estas líneas no hemos hecho nada más que empezar a hablar, pero como dije al principio no trato de convencerte, querido lector, sino de que empieces a pensar en ello, porque estoy seguro de que el convencimiento llegará solo, y espero que no demasiado tarde.
Tendremos ocasión de seguir charlando sobre ello más adelante y mientras tanto y siguiendo con el principio de este texto: ¡que la fuerza te acompañe!

jueves, 5 de octubre de 2017

Triste



Cuando dos partes se enfrentan usando el mismo argumento de defensa de la democracia es que, evidentemente, algo no estamos entendiendo. Es más, cuando quienes han demostrado no saber y no poder solucionar con diálogo sus diferencias son capaces de enfrentar a ciudadanos apelando a sentimientos patrióticos sólo para prevalecer sobre el otro, es que realmente no merecen desempeñar el papel representativo que tienen. Y no hablo solo de los presidentes de los dos gobiernos implicados, sino también de muchos que se han escondido y que en estos años solo han visto aquí la oportunidad para arañar votos y apoyos.
Podría hablar de la obligación de cumplir la ley, de la necesidad de oír la voz del pueblo, de quien se ha ofrecido a hablar y quien no o de quien tenía la mano tendida y hacia donde, pero entonces esto sería un análisis más de los muchos que estos días llenan y llenarán las páginas de diarios, blogs, redes sociales y todo tipo de medios de difusión.
Y no, no es eso lo que yo quiero porque no es eso lo que más me ha hecho reflexionar.
Este domingo hemos visto gente enfrentarse por una línea en un mapa, por la posibilidad de hacer un país para ser simplemente uno más en la colección de cromos de banderas, por la exaltación de una idea trasnochada y superada como es el nacionalismo en un mundo cada vez más pequeño y universal. Hemos visto salir a la calle arriesgándose a graves consecuencias, incluso físicas, solo por un concepto de patria excluyente. Porque algo sí que tienen en común ambos grupos, y es el concepto de patria. Sólo que de distintas patrias.
Por otro lado otra gente se ha manifestado en defensa de una Constitución que es ninguneada continuamente en otros temas mucho más implicados en la realidad de cada uno y en su día a día. Una Constitución que marca unas condiciones mínimas de vida de los españoles y que es avasallada por los poderes del Estado, reales o elegidos, cada vez que se cruza en su camino de beneficio perpetuo.
No hemos visto, en cambio, esas mismas demostraciones de determinación para exigir responsabilidades por la corrupción. O para plantarse ante una epidemia de odio y muerte como son las miles de asesinadas por violencia de género. Ni siquiera ante las claras muestras de estar siendo rodeados por la miseria, la desigualdad, el paro y la precariedad.
Uno se pregunta qué habría sido de nuestro país si hubiéramos visto el mismo despliegue de las fuerzas del orden para luchar contra la corrupción, o para garantizar el derecho a una vivienda digna, o si la gente se hubiera echado a la calle para exigir que no se empleara ni un euro público en salvar bancos cuando mucha gente está pasando hambre, o para obligar a meter en la cárcel a todos los corruptos que han venido esquilmando las arcas públicas, es decir de todos aquellos que no hemos salido a la calle a protestar porque nos estaban robando.
Ante esto uno se pregunta qué tipo de políticas estamos haciendo y para qué.
Si realmente merece la pena.
Si lo realmente importante no tiene apenas espacio en las discusiones de cada día y en cambio somos capaces de insultar y menospreciar a quien siente otra patria, es que tenemos un baremo bastante desviado.
El 1 de Octubre (no el #1O que no es sino la representación de nuestro mundo, que reduce ideologías y simpatías a simples hastags y 140 caracteres) ha demostrado lo cerca que seguimos estando de posiciones radicales e irracionales y lo rápido que pasamos del amor al odio sin apenas paso previo.
Para mí la conclusión de esta jornada no es si los catalanes quieren la independencia o no o si Rajoy y su gobierno se han extralimitado o simplemente han cumplido con su obligación. Para mí la conclusión es que no somos, o no sabemos ser, realmente democráticos. No nos importa la opinión de los demás o si pueden o no manifestarla libremente. Ni siquiera creemos en el diálogo y la negociación por mucho que lo digamos continuamente. Sólo creemos en “los nuestros”. El menosprecio a quien piensa diferente está ahí y sale con fuerza en cuanto le damos ocasión.
No, señor Rajoy. No, señor Puigdemont. El domingo no gano ninguno de ustedes. Ni sus ideas. El domingo perdimos todos y sobre todo perdió la democracia. Pero esto ustedes ya lo sabían y no les importaba nada. Ustedes ya no representan a nadie y menos que a nadie a España y Cataluña.
Por todo ello me gustaría hacer dos peticiones, aún a sabiendas de que nadie las escuchará:
A ustedes, señores presidentes, háganse y hágannos un favor y váyanse. Reconozcan que no han sabido gestionar esta situación y dejen paso a otras personas dispuestas a hacerlo. Y llévense con ustedes a otros muchos que no han tenido la capacidad de anteponer el bien común al objetivo egoísta de alcanzar poder.
A todos los españoles, pensemos en las cosas que merecen la pena. En aquello que nos hace ser personas, libres, racionales, y defendámoslas y dejemos de buscar excusas para el enfrentamiento, más si cabe si esas excusas las han puesto ahí otros para tapar sus muchas vergüenzas. Existen muchas amenazas más graves que ésta y esas sí que nos deberían unir. Con nuestras diferencias y nuestras posiciones opuestas. Pero así somos y así hemos conseguido avanzar.
No me gusta la tristeza en política, porque inmoviliza. Alguien me dijo una vez que a la política hay que venir llorado. Pero es tristeza lo que yo sentí el domingo. Una tristeza enorme.
No quiero poner una imagen que ilustre este artículo porque es imposible elegir una y no parecer tomar partido por alguna parte. Por eso sólo pongo un cuadrado negro porque representa mejor que cualquier otra imagen la tristeza que, como un manto invisible, fue llenando todo a mi alrededor el 1 de Octubre.

sábado, 12 de agosto de 2017

La amenaza de la Xylella



Artículo escrito conjuntamente con Pepa Jiménez, componente de la Comisión Ejecutiva de 
EQUO Andalucía, y publicado en Andalucía Información el día 9 de Agosto de 2017.   
Disponible también en



          El campo andaluz y su gente, castigados y maltratados permanentemente pese a ser una extraordinaria fuente de ingresos y empleo, viven estos días asustados bajo una de sus peores pesadillas, la llegada de la Xylella Fastidiosa.
          Se trata de una bacteria que lleva 15 años en Baleares introducida por una planta ornamental proveniente de América, de donde es oriunda la Xylella, y que, según las últimas noticias ya ha entrado en la península, concretamente en Alicante, en una plantación de Almendros.
           Esto supone, sin duda, la mayor amenaza para el campo andaluz, para la economía y la forma de vida de miles de andaluces.
           Esta enfermedad, que se detecta por el secado de las hojas del árbol y acaba con su vida en poco tiempo, ha dado una terrible muestra de su poder destructor en los últimos años en Europa, siendo la culpable de la muerte de más de un millón de olivos en Italia.

           Conocida desde hace más de cien años en California, donde han aprendido a convivir

con ella puesto que se trata de una enfermedad incurable, se hace necesaria la investigación y, sobre todo, acabar con las prácticas  insostenibles que deterioran nuestros campos, rompiendo el equilibrio tan frágil de nuestros ecosistemas.
          Las autoridades competentes en la materia de la UE han dictaminado que en el caso de encontrar una especie afectada por esta bacteria es obligatorio cortar toda vida vegetal en un radio de 100 metros. Práctica radical donde las haya que, en caso de encontrar un ejemplar enfermo, aniquilaría campos enteros, siendo la ruina de nuestra comunidad.
          Adquiere una gran importancia el buen cuidado de las plantas, habiéndose demostrado que los árboles en estado de abandono son más proclives a padecer la enfermedad. No debemos olvidar que la política europea de subvenciones concede éstas por superficie cultivada y no por producción, siendo abandonadas muchas explotaciones.
          La particularidad que tiene en vilo a Andalucía no es otra que la presencia del olivo en forma de monocultivo. Enormes extensiones de campo andaluz son sucesiones de olivos sin fin a la vista y por lo tanto potenciales “clientes” de esta letal bacteria. Esta situación de monocultivo llevaría a una muy difícil encrucijada a nuestros pueblos si finalmente la amenaza se convirtiera en realidad.
           Aparte de razonamientos, más de una vez abordados en todos los foros especializados y en tertulias de la calle, sobre la enorme paradoja de tener una región que es la mayor productora de aceite de oliva del mundo pero que no ha sido capaz de dotarse de un tejido industrial de elaboración y transformación del producto acorde a nuestra capacidad productora, lo que habría llevado igualmente a la necesidad de una implantación de industria auxiliar necesaria para el desarrollo de la primera, además de la apuesta indisimulada en nuestra región por la cantidad antes que por la calidad -algo que por suerte está cambiando en los últimos años-, resulta totalmente incuestionable que nuevamente nos vemos más expuestos al daño dada nuestra dependencia de un único cultivo y de una única fuente de ingresos. La ausencia de alternativas industriales, económicas y laborales ha hecho que la apuesta haya sido siempre por la extensión de hectáreas de olivar y se hayan menospreciado, cuando no abandonado directamente, otras alternativas.
            Ahora, en momentos difíciles, es cuando más echamos en falta la posibilidad de otras
opciones que suplan al olivar en un momento dado. No podemos combatir plagas, ni enfermedades, sin realizar un plan integral de la agricultura de nuestra comunidad que tiene que pasar por acabar con el monocultivo, enriquecer nuestros campos con otras especies agrícolas, terminar con los métodos agresivos intensivos convencionales que eliminan la materia orgánica del suelo y contaminan aire, tierra y agua, provocando con su práctica una erosión tan severa que está haciendo avanzar el desierto por gran parte de Andalucía.
Aumentar la biodiversidad de nuestros campos y utilizar técnicas ecológicas sostenibles es el principal cambio que debe darse. Produciendo alimentos de calidad, adaptándonos a las  necesidades actuales, a los mercados de calidad que demandan productos con sabor, sin contaminantes, variedades únicas, productos autóctonos y, sobre todo, que no ponen en peligro nuestro futuro. Sin olvidarnos de la adaptación, que ya llega tarde y es imposible parar, al cambio climático.
             No se trata, ni mucho menos, de menospreciar el cultivo del olivar. El campo es, y queremos que siga siendo, un sector fundamental en la economía y la sociedad andaluza. Lo importante es que se entienda que el cultivo desenfrenado de una especie no es ni mucho menos una apuesta de futuro para ninguna región y tampoco lo es en este caso para Andalucía.
             A la competencia que se va incrementando desde otras zonas del mundo se une ahora esta amenaza en forma de bacteria. A la Xylella ya no la paramos, pero los problemas asociados a años y años de malas prácticas en nuestros campos, a esos, con sentido común, sí.
            Nuestra tierra tiene sin duda otras muchas alternativas, como la agricultura ecológica, las energías renovables o el turismo sostenible y responsable, como para seguir apostando todo su futuro a la misma carta.