sábado, 18 de mayo de 2019

Voto razonado



El próximo domingo, día 26, volvemos a las urnas. Una vez más nos toca elegir a quienes nos representarán los próximos cuatro años.
Coinciden además las elecciones de las dos instituciones más cercanas y más alejadas, físicamente, del ciudadano. El ayuntamiento y el Parlamento europeo.
El hecho de votar no por repetido deja de tener importancia. Quizá el convencernos de que va a dar igual sea uno de los grandes éxitos de quienes quieren que bajemos los brazos y les dejemos hacer.
Creo que es muy importante votar y no creo en absoluto que nos dé igual lo que salga. Estoy convencido de que la ciudadanía puede dar un vuelco a la situación y para ello necesita estar en las instituciones. Del mismo modo que los cambios se provocan en la calle, también desde el Ayuntamiento o el Parlamento europeo podemos conseguir que el futuro sea mejor.
La situación se cambia cada día, en la calle, con manifestaciones y protestas, pero también con los actos cotidianos que llevamos a cabo. Aunque algunos, como comprar en tiendas de barrio y no en grandes superficies o poder ir al cine sin salir de la ciudad y sin tener que coger el coche, se hayan convertido en auténticos hechos revolucionarios.
Debemos votar y debemos hacerlo desde un punto de partida consciente y responsable, acorde a la visión y al proyecto que queramos para nuestra ciudad. Nos quejamos porque queremos más árboles, pero seguimos votando a quien los poda, destroza y arranca sin piedad. Queremos plazas que podamos disfrutar y en las que podamos relacionarnos, pero seguimos votando a quienes únicamente las ven como enormes terrazas de bar. Asistimos a la debacle comercial de nuestras calles, pero seguimos votando a quienes solo apuestan por los intereses de los grandes grupos comerciales y de distribución. Pedimos empleo y oportunidades para todos, empezando por los más jóvenes, pero seguimos votando a quienes una y otra vez han demostrado su incapacidad para sacar a Jaén de la situación de precariedad y abandono en la que la han sumido. El casco histórico, la cultura, la naturaleza…..todo eso que queremos salvar lo dejamos una y otra vez en manos de quienes solo lo ven como un objeto a explotar.
Yo pienso ir a votar, pero no será ni un voto con los ojos tapados, de obediencia ciega, ni un voto con la nariz tapada, de castigo a una opción a través de votar al contrario. Tampoco será un cheque en blanco que les permita hacer lo que quieran, sino que será un voto informado y que pedirá responsabilidades.
Se puede ver como un acto de egoísmo, porque lo hago por mí y por mis hijos, para que tengamos un futuro digno en nuestra ciudad. Para que si un día deciden ir a buscarse la vida fuera, lo hagan con libertad, no obligados por una situación insostenible de la que además no son culpables y con la posibilidad de volver cuando quieran. Pero también se puede ver como un acto de altruismo, porque el mismo futuro que quiero para mí y para mis hijos lo quiero para todas y cada una de las personas de Jaén, de ahora y del futuro.
Por eso mi voto será para Jaén, Sentido y Común. Un proyecto de ciudad que habla de la sociedad que yo quiero, que parte de la participación y la colaboración ciudadana. Yo mismo voy en esa lista, porque si creo en algo me involucro y me hago responsable de mi parte. Creo en Mar, en José Luís, en Sara y en tantas personas que hay detrás de este proyecto y con los que llevo más de cuatro años colaborando y trabajando para dar visibilidad a los barrios, dar respuesta a las demandas de la ciudadanía, pensar en nosotros y en nuestros hijos.
No espero que con estas líneas haya podido convencer a nadie de que haga lo mismo, de que vote mi opción, pero sí que espero que quien las lea actúe como yo y valore el trabajo de los últimos años y vote pensando en cómo quiere que sea la ciudad, esta ciudad en la que tenemos que vivir y en la que dar un futuro a nuestros hijos es algo posible, aunque ahora no lo parezca.
Si puede servir de algo, hago dos peticiones desde aquí: Vota y hazlo de forma responsable y coherente con lo que quieres.
Yo lo tengo claro, el día 26 votaré Jaén Sentido y Común.

viernes, 26 de abril de 2019

El Cambio Social


 
Se acercan unas nuevas elecciones y de nuevo volvemos a quedarnos en la cáscara. Apenas se busca el aplauso fácil de los ya convencidos y ni rastro de propuestas a largo plazo que analicen el cambio de modelo que necesitamos. Sin darnos cuenta de que la solución a los problemas urgentes, a la resolución de la cotidianeidad, pasa necesariamente por un cambio en profundidad en la estructura social que tenemos y en la red de consumo que hemos tejido.

Es importante convencer a la ciudadanía de la importancia del cambio hacia un modelo más ecológico y de su relevante papel en conseguirlo, pero no podemos hacerles elegir entre avanzar hacia ello o sobrevivir. No podemos pedir, a aquellos que ya sufren carencias a diario, que las vean incrementadas y se sacrifiquen por un mundo mejor cuando ven como quienes más han contribuido a la situación no asumen las responsabilidades derivadas del modo en que han hecho sus fortunas.

El aumento de la riqueza, el desarrollo tecnológico, el llamado progreso de la humanidad, no solo no ha contribuido a crear una sociedad más justa, sino que en lo único que ha triunfado ha sido en generar más desigualdad, en aumentar la brecha social y en convertir a una inmensa mayoría en meros consumidores que intentan saciar su “infelicidad” a base de gastar y derrochar, dirigidos por aquellos que se enriquecen con ello y que solo permitirán los cambios que les aseguren seguir manteniendo su posición privilegiada.

La destrucción que conlleva el agotamiento irremediable de los recursos y la lucha por su control tendrá, como ya estamos viendo, peores consecuencias para la inmensa mayoría de la ciudadanía, la misma que viene pagando la factura de un modelo abocado al fracaso por la propia imposibilidad material de mantener un nivel de explotación muy superior a la capacidad natural de reposición de los mismos recursos imprescindibles para continuar con el aumento exponencial de fabricación y consumo.

Muchos ya hemos llegado a la conclusión de que es necesario, y hasta urgente, reducir el consumo que está destruyendo nuestro planeta y agotando los recursos. Pero, en cambio, nos vemos obligados a seguir trabajando y consumiendo al mismo ritmo dentro de esa cadena depredadora, contribuyendo, directa o indirectamente, a la destrucción.

Estamos atrapados por una red que nos hace cómplices dejándonos leves resquicios al lavado de conciencia que nos brindan acciones puntuales y que intentan pintar de verde una realidad que por momentos se hace más visible que no podemos alterar. Al menos, así no.

Y lo hacemos para intentar garantizar unos mínimos vitales, para nosotros y nuestras familias. Por eso es tan importante que ese nivel de vida básico sea garantizado por otros medios. Que todas las personas tengan asegurado un acceso mínimo, básico, a alimentación, salud, abrigo, educación, nos hará más libres e independientes y podremos decidir no seguir participando de la destrucción del mundo a la que nos conduce el sistema actual y la codicia de unos pocos, buscando así la felicidad y el desarrollo personal en ser, solo y con los demás y nuestro entorno, y no en tener, como nos empuja la sociedad con superdesarrolladas herramientas como son la mercadotecnia, la publicidad, el estatus social…

Una garantía de elementos básicos que tiene que ser gobernada por la ciudadanía, como un derecho, y no por los poderes económicos que lo convertirían en poco menos que una limosna.

La transición desde la sociedad consumista que tenemos a la sociedad solidaria que queremos
no pasa solo por un cambio de modelo energético o económico, que también, sino sobre todo por un cambio de modelo social, que no excluya a nadie y que garantice unas condiciones de vida mínimas a todas las personas por el mero hecho de serlo. De otro modo la transición se hará, pero será dirigida por los poderes económicos y las grandes corporaciones y solo servirá para garantizarles los beneficios por muchos años más, sin importar que para ello tengan que seguir convirtiéndonos en esclavos de sus dictados consumistas y promesas de falsa felicidad basadas en el derroche y la tecnología dirigida, haciéndonos, como siempre, a los más desfavorecidos, los paganos de una crisis ecológica de la que todos somos responsables, pero de la que sin duda no todos somos culpables en la misma medida.

El golpe de mano de la sociedad, que permita realmente un cambio profundo en las estructuras que tenemos, tendrá que venir guiado por la ciudadanía y no podrá ser ni violento ni abrupto, pero ni se puede demorar más ni nos podemos permitir que sea inconstante. Necesitamos conciencia, responsabilidad y actitud.

El cambio no vendrá porque alguno de nosotros pase a estar en el selecto grupo de personas que tienen un “I-Phone 36”, ni de que lo pueda tener todo el mundo, sino de que podamos vivir sin él y nos demos cuenta de que tampoco lo necesitábamos.
            
            Y todo lo demás es darle vueltas sin solucionar nada.

martes, 22 de enero de 2019

¿HACEMOS POLÍTICA?





Publicado en Andalucía Información el 16 de Enero de 2019 https://andaluciainformacion.es/andalucia-mas-que-verde/799813/hacemos-politica/



Hace algún tiempo oí a un famoso en una entrevista en televisión que decía que “él pasaba de la política”. Esa afirmación seguida de una serie de tópicos que todos podemos imaginar le servía para darse una imagen de persona que, siguiendo la actualidad, había decidido dejar de lado una de sus facetas, la política. Será por aquella creencia, bastante extendida por desgracia, de que la única obligación ciudadana para con la política es votar cada cuatro años.
En ese mismo momento pensé que alguien debería decirle que ése es un lujo que no se puede permitir, ni él ni nadie.
Política es mucho más de lo que a menudo solemos identificar como tal. La participación en la actividad de un partido no es ni el principio ni el fin de nuestra capacidad de actuar políticamente.
Cada día, cuando decidimos dónde compramos o con qué compañía contratamos la luz; cuando cogemos el autobús o decidimos ir a trabajar en nuestro propio coche; al matricular a nuestros hijos en colegios públicos o privados; al sacrificar parte de nuestro tiempo participando en una concentración por ésta u otra causa. En todas y cada una de estas acciones estamos haciendo política. Estamos definiendo cómo queremos que sea la sociedad en la que vivimos.
Y lo hacemos también cuando en charlas, debates o discusiones de bar defendemos o atacamos una u otra medida del Gobierno de turno.
Resulta curioso cuando oímos a alguien decir: “yo es que de política no entiendo”. Yo les pregunto, ¿de qué es de lo que no entiendes?: ¿de si las pensiones suben o bajan?, ¿de si los medicamentos están demasiado caros y se han convertido en inaccesibles?, ¿de si es normal que teniendo el país de nuestro entorno con más horas de sol seamos a la vez el que menos invierte en energías renovables?, ¿de si la cantidad de pesticidas y hormonas que tomamos con la comida nos van a volver vulnerables a infinidad de enfermedades que hasta ahora parecían testimoniales? Y así podríamos seguir toda la mañana, o la tarde. Pero no acabaríamos nunca, porque parece que lo único que nos moviliza es cuando nos tocan el bolsillo. Ah, porque eso también es política. La lucha contra la corrupción es una forma de hacer política como lo es quienes se suben al carro de un partido para enriquecerse sin importarle en absoluto las necesidades generales.
Decía Churchill que la guerra es algo muy serio para dejarla en manos de los militares, pues yo digo que la política es algo muy serio y trascendente como para dejarla en manos de los políticos, a los que conviene recordarles de vez en cuando que no son sino meros representantes de la ciudadanía. Por suerte hay multitud de plataformas y asociaciones ciudadanas, culturales, sociales, etc, sobre todo a partir del 15M, que nos demuestran a diario que se hace política desde la ciudadanía, desde la calle y desde las instituciones, sin que unas excluyan a la otra.
Hacer política pasa por ser consciente de nuestros derechos y obligaciones, y también de nuestras necesidades y oportunidades. De nuestro compromiso con nuestro entorno y de nuestra interdependencia con nuestros vecinos. Nadie vive aislado ni se puede valer totalmente por sí mismo, por lo que todo lo que hace alguien o decide alguien nos afecta. Y si no queremos que siempre salgamos perjudicados, a la corta o a la larga, tendremos que tomar cartas en el asunto y dedicar unos minutos de nuestro tiempo a pensar si con nuestra forma de actuar y con las decisiones y apoyos que llevamos a cabo cada día estamos poniendo en práctica esa sociedad en la que nos gustaría vivir.
Sin duda está en nuestra mano y nadie puede ni pasar de ello ni dejar que otros decidan, porque las consecuencias también vendrán contra nosotros. No comparto lo que alguna vez he oído de que si no participas luego no tendrás derecho a quejarte, siempre tenemos que mantener el derecho a quejarnos y la responsabilidad de hacerlo, pero sí que creo que debemos tomar conciencia de que si no aceptamos que podemos cambiar el mundo, el mundo no cambiará solo.
Y todo esto no quita que a ello, a la política de cada día, debamos unir la necesidad de gobernar las instituciones. Hemos visto cómo en las pasadas y aún recientes elecciones autonómicas andaluzas, las denominadas derechas conseguían la mayoría numérica en el Parlamento andaluz y llegaban a un acuerdo para formar gobierno. Unas elecciones en las que la abstención se ha vuelto a convertir en el partido mayoritario de las clases más desfavorecidas, aquellas que pagan con creces la factura de las crisis (en plural) y que consideran que el sistema les ha fallado, englobando como sistema tanto a la derecha, que representa al poder económico y las oligarquías, como a una izquierda incapaz de ofrecerles alternativas a la explotación y los recortes, centrados a veces en debates que en poco o nada interesan y aportan a los más necesitados para resolver sus problemas de cada día. Aún no somos capaces de trasladar a las urnas la movilización que sí se aprecia en concentraciones o manifestaciones puntuales. El “No nos representan” sigue sonando en los oídos de mucha gente y esa debería ser la frase de cabecera de muchos de nuestros políticos, sobre todo de aquellos que quieren, o intentan, defender a los más desfavorecidos.
Alguien dijo alguna vez “Vive como piensas o acabarás pensando como vives” Creo que es un buen punto de partida para plantearnos como vamos a seguir haciendo política cada día.