miércoles, 16 de noviembre de 2011

ES EL MOMENTO

    Hasta ahora no me había dado cuenta de que escribir sobre algo es tanto más difícil cuanto más claro tienes lo que quieres decir. No se trata tanto de contar algo como de transmitir las emociones que surgen al contarlo.
    La política ha sido siempre para mí algo importante y parte principal en mi vida. Supongo que dentro de eso mi tendencia natural hacia la izquierda me venía de mi educación y mi entorno así como, claro está, de mi formación. Desde muy joven me he identificado con el proyecto de Izquierda Unida. Pensaba que ser de izquierdas a los veinte era lo más lógico así como también era lógico que más adelante, cuando uno tiene un piso, un coche, dos hijos y una cierta posición, me volvería más conservador.
    El problema es cuando llega el día de volverse conservador y nos damos cuenta de que en realidad no hay nada que merezca la pena conservar tal y como está. El mundo en el que vivimos, el sistema que hemos creado, la sociedad de la que formamos parte no es lo que yo quiero para mis hijos.
    Pero el discurso de Izquierda Unida me suena cada vez más antiguo, tanto como el de los demás partidos tradicionales. Todos se basan en la economía como eje principal de todo pero esa idea está, bajo mi punto de vista totalmente desfasada. Lo que debe hacernos actuar y lo que debe guiar nuestras políticas es la relación entre el ser humano y todo su entorno, y a esto se le llama ecología política.
    Yo quiero una sociedad más justa, solidaria y sostenible, en la que los derechos humanos no sean simplemente una declaración, y para llevar a cabo esta transformación no quiero un partido de políticos profesionales preocupados más por asegurarse su posición que por mejorar la vida de todos.
    Vivimos una grave crisis económica, pero no creo que solo sea ésa la crisis que nos acecha. Es más yo diría que son tres las crisis contra las que hay que combatir:
-Una crisis económica terrible, durísima, que amenaza con acabar con el futuro de una generación entera,
-Una crisis cultural y de valores. No menos importante que la anterior y en gran medida culpable de ella y de la tercera,
-Y una tercera crisis, la crisis medioambiental. Muy grave sobre todo porque si no la resolvemos las otras no nos importarán porque no estaremos para ver los resultados.
    En esta situación, tras llegar a estas conclusiones me encuentro, como muchos ciudadanos, perdido, huérfano político de un partido que me represente. Y es entonces cuando surge el proyecto Equo, transformado luego en un partido que recorre el panorama político como un vendaval verde que viene a traer aire fresco al enrrarecido ambiente que tenemos que respirar a diario.
    Hablar aquí del proyecto de sociedad de Equo sería demasiado extenso y eso es bueno porque demuestra que pese a lo que muchos puedan pensar no se trata de cuatro trasnochados que quieren la vuelta del "flower power". Equo plantea medidas referentes a todos los problemas de la vida de los españoles. Su programa se basa en tres pilares: economía verde, regeneración democrática y sostenibilidad. La elaboración de este programa se ha hecho mediante debates totalmente abiertos y resueltos de un modo totalmente horizontal con una confección de las listas mediante primarias puras a las que se ha podido presentar cualquier simpatizante de Equo.
    El proyecto de Equo es un proyecto ilusionante, más aún porque el mundo al que aspiramos es nuevo, no tenemos un espejo en el que mirarnos lo que lo hace aún más interesante.
    Leyendo el programa de Equo me doy cuenta de que ese es el mundo que yo quiero para mis hijos y el que yo voy a ayudar a construir.
    Por ellos, por tus hijos, haz como yo:
-Recupera la ilusión,
-Regenera la democracia,
-Recicla tu voto.
Reinicia. Vota EQUO

domingo, 30 de octubre de 2011

MI MEMORIA HISTÓRICA

Se te queda una sensación de deber incumplido cuando sabes que tienes una deuda y que no la vas a poder saldar porque la persona con la que estás endeudado está muerta. Como comprenderás no se trata de una deuda económica, porque de cobrar éstas ya se encargan los herederos, sino de una deuda moral.
Yo tengo esa sensación de deuda moral con mi abuelo y mi deuda es la sociedad democrática en la que vivimos.
Mi abuelo pertenecía a una generación que creyó en que ellos no tenían porqué ser menos que nadie. Creyeron en la posibilidad de cambiar la sociedad y para ello lo primero era hacer que todo el mundo tuviera acceso a la educación y a la cultura. Creyeron en la posibilidad de un país en democracia, al estilo de las democracias europeas, en el que las mujeres tuvieran los mismos derechos que los hombres y en el que no se persiguiera ni discriminara a nadie por sus creencias o inclinaciones. Creyeron en que España podía ser un estado laico en el que la Iglesia no debía tener privilegios así como tampoco los miembros de ciertas familias que disfrutaban aún de prebendas ganadas en campos de batalla muy lejanos en el tiempo.
Estaban tan convencidos de que su idea era posible que cuando aquellos que veían su estatus amenazado decidieron acabar con la nueva situación a golpe de fusil y pelotón estuvieron dispuestos a morir para defender su idea de España.
Yo tuve la suerte de conocer a mi abuelo y poder disfrutar de su compañía durante muchos años, pero muchos otros no tuvieron esa suerte. Algunos saben exactamente donde murieron sus abuelos pero muchos, muchísimos, ni siquiera saben dónde murieron, ni dónde están enterrados. Algunos ni siquiera saben a ciencia cierta si están muertos, solo disponen de algunos testimonios llegados a lo largo del tiempo y del miedo. Lo que sí tenemos todos en común es el orgullo que sentimos por ellos.
No voy a decir que pienso que los dos bandos de aquella guerra se comportaron igual porque no creo que fuera así, pero a pesar de eso yo no busco culpables más allá de la propia vorágine de la guerra. No quiero que nadie se siente en ningún banquillo por lo que hizo hace ochenta años pero si quiero que todo el mundo sepa qué paso. Que pueda conocer su historia, no la Historia con mayúscula, la que mucha gente ha estudiado, sino las pequeñas historias de aquellos que un día dejaron de ser cocineros, panaderos, albañiles, profesores, etc. y se convirtieron en luchadores y defensores de la libertad y la democracia. Es cierto que la Historia la escriben los vencedores pero nadie nos puede arrebatar la memoria.
Creo que todo el mundo tiene derecho a poder honrar a sus muertos y a saber la verdad de lo que pasó, no porque la verdad nos haga libres ni nada por el estilo sino porque la verdad salda deudas, y ya es hora de que paguemos.

domingo, 23 de octubre de 2011

UNA BUENA NOTICIA

Siempre había pensado que si alguna vez me decidía a escribir un blog la primera entrada debería estar dedicada a explicar porqué lo hago. Pero como dicen en periodismo la actualidad y la noticia mandan. Y la actualidad es sin duda el comunicado de ETA anunciando que deja definitivamente la actividad armada. Para mí ha supuesto una gran alegría porque significa el fin de un anacronismo, de una situación que desde hace mucho tiempo no tenía ninguna explicación. Hay que tener claro que este comunicado no es el resultado de una reflexión política sino la consecuencia del acorralamiento al que la policía, los jueces y, porqué no decirlo, los ciudadanos habían sometido a la banda.
No creo que sea ni el primer ni el último paso del proceso, más bien creo que se trata de un paso más en un largo camino que nos tiene que llevar al fin del terrorismo en España.
Nunca he estado de acuerdo ni con la ley de partidos políticos ni con las políticas de dispersión de presos etarras pero tengo que reconocer la eficacia de estas medidas junto con el resto de medidas policiales, judiciales y políticas, así como la inestimable colaboración de Francia que en su momento contribuyó al fin de los santuarios etarras en Francia.
Leo algunos comentarios de determinados personajes que buscan en este proceso indicios de claudicación del estado con la banda. Creo que hay quien no se acostumbra a un futuro sin terrorismo pero todos tenemos que hacer un esfuerzo para que realmente no haya vuelta atrás, porque no hay que dudar de que zancadillas y problemas va a haber desde todas partes.
Nunca tenemos que olvidar a las victimas y por ello no hay que dejar de perseguir a los etarras con delitos de sangre. La policía y la justicia deben seguir con su trabajo así como dejar a los políticos hacer el suyo.
La grandeza de la Democracia la hace a veces vulnerable a elementos que pretenden dinamitarla desde dentro pero tenemos muchas armas para luchar contra ellos, pero asimismo estoy seguro que llegado el caso también sabremos se generosos con aquellos que deseen realmente integrarse en el proceso democrático.
Me parece una extraordinaria noticia, que no hay que dejar de tratarla con la máxima cautela pero no dejemos que nadie nos arrebate la alegría del momento y la celebración del fin de una amenaza que era hacia todos nosotros lo mismo que las víctimas lo son de todos nosotros.