domingo, 28 de enero de 2018

SIMPLIFICANDO: SE CARGAN EL CASCO HISTÓRICO



Una semana, y casi mil firmas, después de iniciada la petición para intentar evitar que el asfalto invada nuestro casco histórico, parece que las opciones posibles eran solo dos: o arreglar las calles llenándolas de asfalto y arruinando de este modo la imagen de nuestras calles más tradicionales, o mantenerlas llenas de agujeros y peligrosas para la ciudadanía, especialmente las personas mayores.
Me niego, por razones evidentes, a simplificar de esta forma el motivo de la petición. La tercera opción, la que yo apoyo y la que al menos mil vecinos de Jaén han secundado, pasa por la reparación del suelo tradicional, empedrado, para que las calles mantengan su aspecto original y sean a la vez cómodas y seguras para todas las personas que pasen por ellas.
Ahora se destaca, en la obra llevada a cabo en la calle Fernando IV del barrio del Arrabalejo, que se ha
Foto publicada en La Contracrónica
ganado espacio para los peatones y se han eliminado zonas donde los coches antes impedían el paso de las personas, obligándolas a salirse a mitad de la calle. También se nos habla de la seguridad en cuanto a que ahora el suelo no tiene hoyos ni favorece las caídas.
La pregunta es obvia, ¿todo esto no se podía haber logrado sin necesidad de eliminar el empedrado? ¿No se podían haber eliminado las zonas de aparcamiento irregular hace años o es que hasta ahora nadie se había dado cuenta de lo que estorbaban los coches? ¿Se favorece el uso peatonal de la calle cuando lo que se hace es dejar expedito el camino a los coches siendo además una de las razones de haber acometido esta obra la amenaza, manifestada por algunos vecinos, de los taxistas y otros colectivos de no entrar si no se arreglaba el piso?
En mi opinión hay una falta grave de consideración hacia el caso histórico de la capital, además de una enorme desidia a la hora de valorar alternativas que vayan más allá del arreglo fácil o barato. No sabemos o no queremos saber lo que la parte más antigua e histórica de nuestra ciudad puede aportarnos, a nivel cultural, turístico y económico.
Existen muchos ejemplos que demuestran que un pavimento empedrado, bien mantenido, no supone ningún peligro para nadie y sí que ayuda a un tráfico tranquilo coherente con una zona de calles estrechas y ambiente acogedor.
La petición ha tenido un recorrido inicial más que satisfactorio, pero me gustaría que no quedara ahí. No pretendo, ni mucho menos, convertirla en un icono de la defensa del casco histórico, pero sí que me gustaría que las administraciones empezaran a cuestionarse sus actuaciones de cara a barrios que representan mucho más que simples vías y que tienen una historia y unas características propias que estamos obligados a respetar y mantener.
Con la calle Fernando IV ya vamos tarde, pero la amenaza desde el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Jaén de seguir llenando de asfalto nuestro casco histórico va en serio. Si no lo defendemos nosotros no lo hará nadie, y luego será demasiado tarde.

sábado, 20 de enero de 2018

A vueltas con las Rebajas



Artículo publicado en Andalucía Más Que Verde, blog de
                                                                                                  EQUO Andalucía en Andalucía Información



No nos equivoquemos, nadie da “duros a cuatro pesetas”. Otra cosa es que queramos engañarnos, o dejemos que nos engañen.
La liberalización de los periodos de Rebajas ha tenido como resultado un estado de “Oferta permanente” que no corresponde a lo que se supone que se persigue con estos periodos de bajos precios.
Si 300 de 365 días que tiene el año, hay carteles de Rebajas u Ofertas en los escaparates de las tiendas, o no son tales, o nos están engañando.
Las Rebajas son unas ventas a menor precio encaminadas a liquidar el stock sobrante después de una temporada comercial. Entonces, ¿cómo es posible que se sepa cual es el stock sobrante, si se ponen cuando apenas se ha empezado a vender y aún queda más de la mitad de la temporada por delante? De esta contradicción vienen algunas situaciones que se viven cada día en las tiendas con preguntas del tipo: ….pero, ¿van a venir más? (No, no van a venir más porque si fueran a venir más no sería sobrante y por lo tanto no tendría sentido rebajarlos) o ¿cómo es que no tienes ya, si las Rebajas acaban de empezar? (Pues por la sencilla razón de que los artículos no se compran para las Rebajas, sino para la temporada y lo que sobra es lo que se liquida. ¡Suerte de aquél que a los pocos días de iniciarlas, ya no tiene existencias!)
¿Cómo es posible que apenas cuatro días después de iniciarse una temporada se pongan ya ofertas por periodos de semanas de 15 días o 10 días que realmente duran 20?
¿Cómo se puede explicar, en temporada normal, un descuento generalizado de un 20%, por ejemplo, si no es porque se ha subido previamente ese mismo porcentaje?
En fin, son situaciones normales a diario en cualquier comercio que da una idea bastante clara de que las estrategias comerciales han creado un galimatías en las mentes de los consumidores, que no saben realmente cómo funcionan las Rebajas. Esto lleva a una situación de desconfianza que hace que los clientes no se crean ni siquiera las que realmente son Rebajas, lo que lleva, como tantas otras veces, a un “pagan justos por pecadores”.
Evidentemente a este aluvión de ofertas es muy difícil responder desde el pequeño comercio. De hecho, para los más pequeños, ya es un logro conseguir que sus artículos tengan el mismo precio que una gran cadena, dado que no cuentan con los descuentos y “rapel” por cantidad.
Todo esto, unido a la poca atención que se les presta desde las administraciones, por más que se llenen la boca de apoyos que nunca llegan, y a la tremenda duración de la situación de crisis y recortes que estamos viviendo desde hace ya 10 largos años, hace que la supervivencia del pequeño comercio se antoje cada vez más precaria y desalentadora.
Está muy claro que el pequeño comercio tiene que reinventarse y adaptarse, como lo hace cualquier otro sector económico. Abrir la puerta cada día supone una lucha para conseguir que tu opción sea la elegida por el público. Y son demasiados frentes de batalla los que hay abiertos. Las grandes superficies, las grandes cadenas de distribución, la compra por internet, etc. Ya  no se valora el consejo personal y el trato humano del pequeño comercio. Es más, nos hemos acostumbrado a entrar y salir de las tiendas sin ni tan siquiera saludar e incluso nos extrañamos si nos ofrecen ayuda desde la plantilla del establecimiento.
Pero esa adaptación no servirá de nada si seguimos con calles vacías y lucha desigual,
promocionada además desde todos los ámbitos de la administración, como si en la compra sin límite y en el consumo desaforado residiera la solución a todos los males. Males que, curiosamente, muchos de ellos tienes su origen en el mismo consumismo que nos rodea.
De nuestra forma de comprar y consumir depende en buena medida la sociedad que diseñemos y, por lo tanto, la que les vamos a dejar a nuestros hijos.
Si compramos a golpe de campaña de marca o a fuerza de descuentos y rebajas, estamos reforzando una sociedad consumista y desorganizada que busca la satisfacción en poseer más que en ser y que conduce al mundo a una muerte por “insostenibilidad”.
Valoramos la cantidad en vez de la calidad y no vemos lo que nos dan a cambio, solo el precio que pagamos por ello, con lo que caemos a menudo en la trampa del bajo precio.
Se hace urgente una campaña de apuesta por el comercio de cercanía. Pero no una campaña que consista en una nota de prensa y unas fotos en un mercado, sino una campaña de verdad, que conlleve charlas en colegios y en asociaciones de vecinos, AMPAS, y centros de barrio. Parece una obviedad, pero el buzoneo de las grandes cadenas no se puede contrarrestar con un artículo en un periódico coincidiendo con las compras navideñas.
Además hay que concienciar de lo que supone la apuesta por el pequeño comercio en todo lo que lleva aparejado: empleo, calles limpias y seguras, retorno de la inversión, trabajo de calidad, ciudades y barrios autosuficientes…
Y todo ello teniendo muy en cuenta cual es la situación de buena parte de la sociedad. Una situación de carencias, estrecheces y precarización.
Está muy bien decir que hay que apostar por los productos de proximidad, de calidad, etc. pero esto no es suficiente. Hay mucha gente que no puede elegir. La opción pasa siempre por cubrir sus necesidades en el momento, y no pueden pararse a pensar que gastando un poco más ahora, les saldrá más barato después, porque ahora no tienen más para gastar.
Nos preguntan, ¿cómo es posible que un kilo de fruta (o un par de zapatos, o una camiseta…..) producida de manera ecológica a tres kilómetros de mi casa valga el doble que uno producido a miles de kilómetros de forma extensiva. Y la respuesta está clara, porque ensuciar nuestra salud y nuestro medio ambiente sale gratis. Es a coste cero. Por no hablar de la complicidad en el mantenimiento de la explotación laboral que se sufre en esos otros lugares.
Dejémonos ya de poner paños calientes, sabiendo de antemano que no sirven para nada, y hagamos una apuesta clara por diseñar nuestras ciudades pensando en el beneficio que la ciudadanía puede obtener y no en las cuentas de resultados de los grandes grupos y corporaciones industriales y comerciales.
La próxima vez que salgamos a la calle, simplemente a dar un paseo, parémonos a pensar porqué las calles ahora están más oscuras y solitarias que antes. O porqué ahora tenemos que coger el coche (o algunos afortunados el autobús) y recorrer varios kilómetros para hacer nuestra compra diaria porque vivimos en barrios sin ninguna tienda.
Empecemos a proteger un modo de vida saludable, sostenible y solidario porque, si no, no habrá vida que proteger.