miércoles, 11 de junio de 2014

CONFIANZA Y ALTERNATIVAS



Hace unas semanas tuve ocasión de leer un artículo en la edición online del Diario Ideal de Granada en la que se afirmaba que los ciudadanos confían más en los ecologistas que en los políticos.
La lectura de este artículo me mueve a dos consideraciones. La primera ya se desprende del propio título del mismo. La desafección de los ciudadanos hacia los políticos, que por otro lado se la han ganado a pulso, no para de crecer y parece irrecuperable. Esta realidad hace que aquellos que hemos decidido dar un paso adelante y participar en un partido político nos encontremos, incluso no teniendo nada que ver, ni nosotros ni nuestro partido, con todos los tejemanejes habituales en la política de nuestro país, con un clima de
hostilidad que nos dificulta aún más si cabe que podamos llegar a los ciudadanos. La democracia necesita de partidos, de lo que no tiene ninguna necesidad es de “trepas advenedizos” que, usando a los partidos como meros trampolines de su codicia, han arruinado la credibilidad que los ciudadanos otorgaban al sistema político. Los que abogamos por la participación ciudadana como mejor antídoto contra la corrupción sabemos que es difícil hacer llegar nuestro mensaje dado que no contamos con ninguno de los medios de difusión de gran tirada y solo podemos usar aquellos que dependen de nosotros mismos. Si además tenemos que justificar cada día el hecho de que estemos en política a pesar de lo que otros han hecho entonces el camino se vuelve demasiado duro e impenetrable. No estamos aquí para continuar por una senda en la que no creemos. Lo que hacemos lo hacemos pensando en cambiar el sistema, apostando por la regeneración democrática y la participación ciudadana y sabiendo que es el único camino que puede hacernos evitar otros que solo nos conducen a escenarios de dictadura y opresión.
Por otro lado está, ya en la lectura del artículo, la afirmación de que la gravedad de la crisis y las altas cifras de paro hacen que la preocupación por el medio ambiente haya caído dentro de la escala de los problemas que más preocupan a los andaluces.
Está claro que aquí lo primero que debemos entonar los que estamos apoyando y dando a conocer el proyecto de EQUO es un alto y claro “mea culpa”. Por alguna razón, quizá entroncada con los párrafos anteriores, no estamos pudiendo hacer ver a la sociedad que no se trata de elegir entre unos y otros problemas. Al contrario, la ecología y el cuidado y la protección del medio ambiente son la mejor arma que tenemos para defendernos de la crisis económica y el paro. La Ecología Política aboga por conseguir la sostenibilidad de manera transversal, es decir en todas y cada una de las políticas que se pongan en marcha. Y, en palabras del coportavoz de EQUO Andalucía, Esteban de Manuel, no hay nada más insostenible que seis millones de parados.
Afrontar esta crisis con soluciones parciales no dará ningún resultado puesto que no es una crisis de “parcelas”, se trata de una crisis total, sistémica. Estamos delante de una situación a la que debemos enfrentarnos desde todas las vertientes que la componen, económica, medioambiental, social, y el hecho de haber estado explotando el planeta como si sus recursos fueran ilimitados es sin duda la más importante. Hablar de ecología en política es mucho más que hablar de árboles y animales. Es hablar de energía, de alimentación, de sanidad, de economía, de derechos sociales, de democracia y, como no, de medio ambiente.
Tenemos que conseguir que los ciudadanos entiendan que la ecología no es algo para ocupar nuestras
 mentes cuando no tenemos otros problemas. Se trata de elegir si lo que queremos para el futuro, para nuestros hijos, es que sigan viviendo en este sistema que garantiza la pobreza y la desigualdad para una buena parte de la población, condenada a convertirse en meros consumidores abandonados por el sistema a disfrutar sólo de aquello que pueden permitirse pagar, o preferimos hacer posible el cambio hacia un modelo sostenible, responsable, que tenga como objetivo el desarrollo humano sin poner en peligro ni a las generaciones futuras ni al entorno en el que todos debemos desenvolvernos.
Hoy en día esta opción existe. Se puede elegir votar a un partido que propone cambiar a un sistema que no mida el bienestar de la gente en cuánto es capaz de endeudarse. Que sea capaz de revelarse contra los lobbies que tratan de decidir cada una de las políticas que se ponen en marcha, y ponga por delante los intereses de la ciudadanía a los de aquellos grupos que basan todo su poder en su capacidad de intimidación y manipulación a su favor y que no dudan en poner en peligro la economía mundial si con ello logran afianzar su posición de privilegio.
A pesar de la preocupación por el medio ambiente y a pesar de diferentes posicionamientos públicos apostando por afrontar un modelo de desarrollo sostenible y un cambio en el modelo productivo todo esto no se traduce en la subida clara de la opción que representa la ecología política en nuestro país. Mucha gente piensa que la defensa del medio ambiente va en casi todos los programas de los partidos tradicionalmente llamados de izquierdas. Pero una simple mirada a la realidad del día a día nos lleva a concluir que es solo una parte meramente propagandística de sus programas. No se explica si no que partidos que dicen apostar claramente por la conservación del medio ambiente voten a favor de reabrir la mina de Aznalcóllar, en lugar de apostar decididamente por hacer un cambio en la economía y en el modelo de la comarca afectada por el peor desastre medioambiental de nuestra comunidad; o que mantengan en vigor licencias de exploración (y seguro más adelante explotación) de gas de enquisto a través del Fracking.
No somos lo que decimos que somos, somos lo que hacemos y tenemos que tenerlo claro y tenemos que dejarlo claro: si queremos ecología, hay que votar ecología.
Como ciudadanos que somos no pedimos nada que no queramos para nosotros mismos.
Particularmente yo no quiero convencer a nadie de nada con estas líneas. Me conformo con provocar el interés por el proyecto y de que decidan informarse. Estoy seguro de que lo demás vendrá solo.