domingo, 26 de abril de 2020

Se habla de Renta Básica, ¿o no?


La mayoría del tiempo nos limitamos a movernos, con la sensación de avanzar. Pero hay unas pocas veces en las que nos planteamos cómo queremos que sea la sociedad del futuro. Pensar que podemos conseguir la utopía, perdiendo el miedo a hacer algo totalmente nuevo. ¿Estamos en uno de esos momentos? Lo veremos.
Está muy bien plantearse las cosas en los términos más amplios posibles, pero para hablar de algo nuevo tenemos que abrir nuestras mentes y no aturullarnos, hay que ir paso a paso. Destacar que es algo nuevo por no haberse aplicado antes, no porque el concepto lo sea puesto que ya en los años 70 podemos leer a André Gorz apelando a la introducción de un ingreso básico universal como Derecho humano.
Y para ir paso a paso lo primero es tener claro de qué estamos hablando. La clave está en el propio nombre, porque ahí están las respuestas: Renta Básica Universal e Incondicional (RBUI) No es ningún tipo de Renta de Inserción ni de paga no contributiva condicionada. Eso son otras cosas, mejor o peor intencionadas, pero no son una RBUI. A estas alturas, no hace falta definir cada uno de los términos que componen su nombre, algo que además ha hecho muy bien mi compañero de EQUO Verdes Cádiz Mateo Quirós en uno de sus artículos en La Voz del Sur que podéis leer aquí.
El hecho de que se haya conseguido, del modo que sea, posicionar este debate en la realidad política y social de nuestro país, ya es un paso adelante. El que haya hecho falta una situación de emergencia para lograrlo no es una buena noticia ni un buen síntoma de cara a saber cómo se va a querer plantear  por parte de quienes controlan el sistema.
Hablamos de una herramienta revolucionaria, palabra denostada a veces y que deberíamos retomar, cuyo fin no es, pese a lo que pueda parecer, dar dinero a las personas. El fin de la RBUI es dar libertad y capacidad de decisión a la gente. Y ahí radica precisamente su poder y es por lo que es tan temida por las grandes fuentes del poder económico capitalista.
Desde luego, como decía Juan Torres en la charla organizada por EQUO Verdes Málaga sobre Renta Básica el 17 de Abril de 2020, no es la herramienta definitiva para acabar con la pobreza debido al carácter multidisciplinar de ésta, pero sí opino que serviría para evitar dicotomías del tipo “si pago el alquiler me quedo sin calefacción”, o “me están explotando como a un esclavo, pero no me puedo permitir perder este trabajo”, o “necesito más tiempo para estar con mi familia, pero no puedo tener menos horas de trabajo o el sueldo no me llegará a fin de mes”. Tampoco acabaría con la desigualdad, como también señalaba el insigne economista, al recibirla todo el mundo, pero estaremos de acuerdo en que el recibirla no repercutiría del mismo modo en todas las personas.
Y, por supuesto, no debemos verla como una herramienta en solitario, dado que por sí sola no conseguiría mucho más que repetir la situación actual, pero con un suelo monetario. Debe ir combinada con una Renta Máxima y una reforma del sistema impositivo. Por otro lado, si aceptamos que sola no tiene capacidad de cambiar las cosas y a la vez no la vinculamos con un cambio del sistema económico, productivo y energético la estamos vaciando de todo el poder que tiene.
Debemos asimilarla además a una red de suministros básicos, como ya hacen algunas de las propuestas que se pueden leer. Hay que garantizar una cantidad de agua y de energía mínima por persona, del mismo modo que garantizamos, al menos teóricamente, la educación y la sanidad. Por eso es importantísimo vincular la defensa de la RBUI a la defensa de los Servicios Públicos de calidad, blindando su funcionamiento y garantizando su capacidad para responder a las necesidades de la ciudadanía, ampliando incluso la lista de estos Derechos con otros como el Derecho a un aire limpio, a un medio ambiente sano o a recibir los cuidados necesarios.
Del mismo modo es importante señalar desde el punto de vista de la ecología política que se trata de una propuesta que entronca directamente con la defensa de lo local y la cercanía en economía y producción. La repercusión en la calidad de vida de las personas está directamente vinculada con la calidad de los servicios y el acceso a los mismos en un radio corto.
No es cierto, además, que sea una figura creadora de vagos. Está demostrado que si se tiene la seguridad de un nivel mínimo garantizado todo el mundo decide intentar mejorarlo, arriesgando en actividades que en otras circunstancias no haría, o empleando tiempo en cuidados y activismos que repercuten también en la mejora de la calidad de vida de quienes nos rodean y, por extensión, de nosotras mismas. Por el contrario es cuando el acceso a un trabajo mal remunerado lleva aparejada la pérdida de cualquier renta o subsidio, cuando nos solemos decidir por no trabajar, en buena lógica.
Por otro lado la financiación de una RBUI no debe suponer ningún problema porque acaba con mucha burocracia y con toda una red de rentas condicionadas que cuestan a las distintas administraciones miles de millones al año, por no hablar del estigma social y psicológico de tener que demostrar la pobreza para poder cobrarla. Además debe ir acompañada, como ya he reseñado, de una reforma del sistema impositivo, incorporando además algunas tasas nuevas como por ejemplo la tasa Tobin. La financiación de una RBUI no menoscaba en absoluto la financiación del resto de los servicios públicos. La clave en este punto, como tantas otras veces, está en la voluntad de querer llevarla a cabo. Preguntarnos en qué queremos que se gasten los fondos públicos y para qué queremos que sirvan.
La RB va a llegar, la eficiencia tecnológica y el descenso del nivel de empleo así lo apuntan, y la única pregunta que tenemos que plantearnos es ¿cómo? Y nosotros lo tenemos que tener claro, tiene que llegar como un derecho humano, el derecho que todas las personas tenemos a un nivel de vida mínimo digno.