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Entre lo que hay, lo que nos gustaría y lo que debemos hacer. Reflexión sobre la izquierda en Andalucía

Se acercan elecciones al Parlamento andaluz. No sabemos cuándo, porque eso ya no depende de lo que le venga bien a Andalucía, sino a su presidente y a su estrategia, pero sabemos que será pronto. A estas alturas parece que solo quedan dos incógnitas. Saber si será justo antes o justo después del verano y cuántas papeletas de opciones progresistas habrá en las cabinas electorales.

Salvo un inesperado terremoto político, en el buen sentido, la ciudadanía andaluza  nos encontraremos con tres, cuatro o hasta más papeletas para elegir por quienes quieran votar por esas opciones. Evidentemente esto agrava el peor mal que tiene la izquierda desde hace mucho tiempo que es la desmovilización de sus votantes.

La ciudadanía nos pide (me incluyo por la parte que me toca al ser militante de Verdes EQUO


Andalucía) que seamos capaces de llegar a acuerdos. Desde varias plataformas, con la coordinación de distintas personalidades, se nos pide que hagamos el esfuerzo de aunar nuestros puntos en común en un programa que nos permita avanzar y cerrar el paso a la derecha.

Porque, seamos sinceros, a todas las fuerzas políticas nos gustaría presentarnos solos. Explicar nuestras propuestas y pedir el voto de la ciudadanía. Pero la situación es la que es. El sistema electoral que tenemos penaliza la multiplicidad de opciones. Ojalá pudiéramos presentarnos por separado y dejar el tema de los acuerdos para después, cuando cada uno sepa cuál es su apoyo entre la gente.

El caso es que eso no es posible. En muchos casos, si nos presentamos por separado, ni siquiera se conseguirá representación parlamentaria. Seguiremos dejando en muchos votantes la sensación de voto tirado a la basura.

Y aquí hay que retroceder al punto inicial de cualquier persona que decida meterse en política: ¿para qué me meto en política y cuál es la función de un partido político? A ambas preguntas se responde, al menos en la mayoría de los casos, para ser útiles y cambiar la sociedad. Para construir un mundo mucho mejor.

Y, ante una situación como la que vivimos, es cuando te tienes que preguntar si yendo completamente divididos cumplimos con esa premisa, la de ser útiles a la ciudadanía. Hasta quienes estamos convencidos de que la política se hace cada día y no solo en las elecciones, reconocemos que necesitamos poder gestionar lo público desde las instituciones. El cambio va mucho más rápido y es más efectivo si se combinan la calle y las instituciones.

Cuando alguien me pregunta, ¿cómo veis las posibilidades de ir con tal o cual? Yo respondo, ¿para hacer qué? Porque añadir siglas o nombres no siempre supone una suma de votos y puede provocar un derrape por exceso de equipaje. En cambio hablemos de propuestas, de medidas a llevar a cabo. Pongámonos de acuerdo en lo que queremos hacer y acojamos como propias aquellas propuestas que compartimos, aunque las haya presentado otro.

Es cierto, y obvio, que dos partidos no van a tener coincidencia al 100%. En ese caso sería ilógico que hubiera dos. Pero es que esa coincidencia ideal muchas veces ni siquiera se da dentro de un partido. Pero sabemos que esa diversidad, de la que hace gala la izquierda para justificar episodios de división no siempre comprensibles, nos enriquece y nos aporta ideológicamente. También sabemos que somos capaces de compartir luchas, porque ya lo hemos hecho y lo seguiremos haciendo en el futuro.

En todas las conversaciones entre partidos existen egos, diferencias, incluso rencillas previas. Somos humanos y es inevitable. Pero nada de ello puede quedar por encima de la búsqueda del bien común, que debe ser el objetivo de nuestra actividad política.

Poner en mayor valor las diferencias que nos separan que las muchas propuestas que nos unen y que compartimos solo hablaría de nuestra incapacidad como administradores de la voluntad popular. A quien dedica todos sus desvelos a intentar tener un empleo, unos estudios, unos servicios públicos de calidad, un medio ambiente sano, unos cuidados acordes a sus necesidades…que le expliquen que va a tardar más en tenerlos porque unas personas no se han puesto de acuerdo sobre qué nombre o que bandera o en qué orden poner en su pancarta.

En mi experiencia personal, en la militancia del partido verde, siempre ha habido una puerta abierta al diálogo y a la cooperación. Algo que también a veces encuentra reticencias dentro y fuera del propio partido. Pero la responsabilidad, a la que apelaban no hace mucho los Coportavoces de mi partido en Andalucía en un artículo en eldiario.es/andalucia, disponible en https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/andalucia-necesita-responsabilidad_132_8631802.html es algo que preside cualquier reunión de la Ejecutiva y cualquier asamblea del partido.

Sabemos que la ciudadanía nos está pidiendo que antepongamos la necesidad de llegar a acuerdos, por el bien de todas las personas y de Andalucía, a cualquier estrategia de partido. Y exactamente eso es lo que estamos haciendo.

Desde Verdes EQUO Andalucía nos encontramos trabajando por ello con tesón y constancia, de forma discreta pero firme, tratando de hacer virtud del ejemplo y no predicando palabras vacías. Luchamos porque posturas opuestas en lo secundario no se conviertan en obstáculos para lo esencial: defender los intereses de la ciudadanía andaluza en un momento crucial en el que se juegan su futuro. O ser vanguardia de lo venidero o seguir en el vagón de cola. Y si los actores políticos desoímos este anhelo ciudadano por incapacidad de diálogo y escasa altura de miras, Andalucía, con razón, no nos lo perdonará.

Y vamos a seguir haciéndolo, porque los reveses y los desplantes solo nos indican que vamos por el buen camino. Y el apoyo que sentimos en las calles redobla nuestro espíritu combativo para seguir luchando por Andalucía y seguir aunando en esa lucha a todas las personas que compartan el objetivo. Estén donde estén.

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