domingo, 29 de septiembre de 2019

El próximo festivo, abrimos


Me empiezan a llegar estos días anuncios y carteles comunicando que el próximo día 12 de octubre, festividad del Pilar, “abrimos”.
No voy a hablar de la falsa, pero extendida, creencia de que cuantas más horas abra un comercio, más vende. Algo que no se sostiene y que cualquiera que lo haya tenido o haya trabajado en uno sabe que muchas horas de las que se está con las puertas abiertas son horas perdidas. No hay que abrir muchas horas, hay que abrir las horas que te lo demanda tu clientela.
Estas líneas van de otra realidad relacionada con abrir los festivos y es lo que supone para los autónomos comerciantes y sus familias.
Cuando se decide abrir un festivo, para las grandes superficies o los centros comerciales no supone apenas nada, unas cuantas horas extra, si acaso, reflejadas en un balance de resultados repleto de conceptos. En cambio para un autónomo o comerciante supone directamente perder un día de descanso, de ocio, de estar con la familia, de hacer, en definitiva, algo distinto.
No existe, como se puede creer, libertad para abrir, por aquello de que abre quien quiere y no se obliga a nadie. Cualquier comerciante sabe que si abre tu competencia, tú tienes que abrir. Por múltiples razones incluida la mala imagen ante los clientes que, aunque no tuvieran intención de ir a comprar ese día, reprochan que no hayas abierto “como todos”.
La forma de regular los horarios comerciales ha pasado por distintos estadios, pero en mi opinión solo existen dos posibilidades: o se abre todos los días del año y que se salve el que pueda, de efectos desastrosos para la mayoría de los comerciantes y su vida familiar y social, o se elabora una lista de festivos y esos días “no abre nadie”
Pero los horarios dependen de las administraciones autonómicas y en general ya sabemos a quienes suelen prestar más oídos. Ninguna comunidad se puede permitir la amenaza de deslocalización de los grandes grupos de distribución que, al menos en un futuro inmediato, se traduciría en pérdida de empleo y por lo tanto de votos. Es cierto que a la larga se fortalecería el sector del pequeño comercio y se recuperaría el empleo siendo además de mayor calidad, pero ¿quién estará aquí para entonces?
Lo más curioso de todo esto es que si preguntas a los que ya han anunciado que van a abrir, casi todos te dirán que no están de acuerdo, que ellos harían otra cosa, pero “como abre todo el mundo”. Como si ellos no fueran parte de “todo el mundo”.
¿No nos damos cuenta de que si todos los pequeños comerciantes decidiéramos no abrir y emprender una campaña de boicot a las compras esos días tendríamos la fuerza suficiente como para que se cambiara la situación? Es posible que eso suene a utopía, pero es porque los comerciantes solemos vernos como entes solitarios y no nos damos cuenta de lo que en conjunto representamos para el tejido económico de cualquier ciudad.
Pero así no vamos a ningún lado, seguiremos abriendo y quejándonos por tener que abrir y diciendo que “¿yo?, yo no abriría, pero….” Perdiéndonos más días de estar con la familia y amigos y de tener algo más de vida que la que podemos tener detrás de un mostrador. Porque vivimos del negocio y no para el negocio.
Sé que estas líneas caerán pronto en el olvido, quizá ni siquiera hayas llegado hasta aquí, pero espero que en algún momento alguien comparta estas reflexiones y seamos capaces de empezar a cambiar las cosas. Porque los festivos son para todos y la vida no es solo vender, aunque eso sea ya otro tema.

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